La madre de Deahvion Austin, Stacey Elkins, con el cartel de su hija desaparecida.

La madre de Deahvion Austin, Stacey Elkins, con el cartel de su hija desaparecida.

Reportajes EN CHICAGO

La violación de una menor en directo en Facebook sin que nadie llamara a la Policía

Deahvion Austin, de 15 años, fue raptada y violada por una pandilla que tiene atemorizada a la ciudad de Chicago. La violación fue retransmitida en un live sin que las 40 personas que lo visualizaban reaccionasen. 

¿Puede una persona contemplar sin inmutarse cómo una pandilla viola a golpes a una menor de edad? La respuesta a esta pregunta, al menos en los Estados Unidos, parece ser que sí. Hasta 40 personas lo demostraron esta semana en un nuevo episodio de violencia que combina elementos como el uso delictivo de las redes sociales y la creciente influencia de las bandas criminales en Chicago.

Deahvion Austin, una quinceañera estudiante de primer curso de High School, tenía por delante un fin de semana tranquilo, sin demasiados sobresaltos. El sábado había quedado con su tío Reginald King para ver un partido de baloncesto. Luego tomaron unas pizzas y la chica decidió quedarse en casa de su familiar. El domingo por la mañana asistieron a misa y finalmente su tío la acercó a su barrio.

La chica quería comprar algo de comer antes de volver a casa y prepararse para acudir a la escuela al día siguiente. Al bajar del coche cerca de su domicilio, echó a andar hacia una tienda. Aquel día desapareció. Nadie la volvió a ver en persona hasta el martes, al menos en personas. En realidad, horas después de desvanecerse sí que fue vista, aunque en internet. Un grupo de entre cinco y seis hombres la violó salvajemente transmitiéndolo en vivo por Facebook Live. 

El caso de esta adolescente es aún más sangrante porque más de 40 personas vieron en directo la brutal agresión sin avisar a las autoridades. El vídeo se lanzó y se digirió como si de una retransmisión al uso se tratara, de esas en las que de repente aparecen sobre la pantalla un corazoncito, un 'me gusta' o un emoticono enfurecido de 'me enoja'. De ahí no pasó la reacción de este público, aún por identificar.

Antes de que esa retransmisión trascendiera, aquel mismo domingo de la desaparición, la familia, alertada por la ausencia de Deahvion, empezó a movilizarse. Llamó a la Policía, imprimió carteles de búsqueda y habló con medios de comunicación. No era normal que la joven se demorara tanto. Sin embargo, al día siguiente, el caso dio un giro inesperado.

El lunes, un adolescente del barrio fue a hablar con King para contarle que había visto a su sobrina en Facebook. "Es una de las cosas más valientes que he visto hacer a un niño", dijo su tío al Chicago Tribune. "Hubo muchos que vieron lo que pasó en internet y ninguno de ellos fue capaz de llamar a alguien”.

Cuando aquel lunes el tío contó lo que acababa de descubrir a la madre de Deahvion, Stacey Elkins, ésta corrió a buscar al superintendente de la policía de Chicago, Eddie Johnson, para entregarle unas capturas de pantalla que le habían pasado con las imágenes de la violación. "Solo quiero que vuelva a casa y asegurarme de que esté bien, porque sé que probablemente está asustada y avergonzada", comentaba a las televisiones locales.

Las autoridades movilizaron a los agentes en busca de la joven y solicitaron a Facebook que retirara el vídeo, que todavía seguía circulando en la red. "Lo que es aún más inquietante es que había mucha gente mirando y nadie cogió el teléfono para marcar el 911", dijo el jefe de policía a los medios locales.

Bandas de Chicago

Aquí conviene introducir un factor importante en esta historia, el escenario. La violación en vivo de Deahvion que ha escandalizado una vez más a la sociedad norteamericana no sólo pone sobre la mesa el debate sobre los peligros de las redes sociales, sino que enfrenta a EEUU a una realidad que muchos no terminan de asumir, quizá en parte para no darle la razón a Donald Trump, que la ha venido usando como arma electoral y política desde hace meses. Chicago tiene un problema serio de falta de seguridad. Sin ir más lejos, este ataque ha sido al menos el cuarto delito violento retransmitido a través de Facebook Live desde finales de octubre en esta ciudad.

Los crímenes en esta capital económica del estado de Illinois se han disparado en los últimos años. Según relata King, el barrio de North Lawndale, donde se produjeron los hechos, está literalmente tomado por una banda de 35 a 50 adolescentes violentos que se han adueñado del vecindario, aterrorizando a los residentes. “Veo a adultos mayores, de la edad de mis padres, de 60 años, temblando de miedo. La gente quiere pensar que son sólo cosas de niños, pero no. Disparan a la gente, matan, roban y violan”, explica.

De hecho, subraya, para que se cometiera esta violación fue necesario el concurso de algún adulto, además de los jóvenes que se veían en el vídeo. "Obviamente tiene que haber mayores de edad ayudando, porque los menores no pueden conducir y no tienen una casa donde cometer una agresión”.

La explosión de violencia que sufre Chicago, que en 2016 incrementó el número de homicidios registrados un 58% respecto a 2015, se ha convertido en un tema de preocupación nacional. Un grupo de investigadores del Laboratorio de Delitos de la Universidad de Chicago llevó a cabo un estudio para explicar el fuerte aumento de las tasas de crimen, pero no llegó a ninguna conclusión definitiva. "Lo que causó el aumento repentino de la violencia armada en 2016 sigue siendo un rompecabezas", escribieron en un informe.

Y North Lawndale es una de las zonas afectadas. Precisamente en este barrio fue localizada el martes por la mañana, sobre las 7.45 horas, Deahvion. Los agentes la llevaron con su familia y la trasladaron a un hospital, donde le examinaron sus lesiones. Parecía tener un labio reventado y las mejillas hinchadas, lo que sugería que había sido golpeada en la cara, según su tío.

La Policía sigue con las investigaciones pero todavía no ha dado con los agresores, aunque destacó que se hacían progresos y que alguno de los posibles autores podían ser menores de edad.

Tirada sobre la cama

King, que pudo ver el vídeo antes de que Facebook lo suprimiera, lo describió como “muy, muy gráfico". "Ella está tirada en la cama. Que lo expongan así públicamente no está bien", opina. "Como sociedad tenemos que preguntarnos cómo unos jóvenes llegan a sentir que ganan puntos no sólo violando a una chica, sino además emitiéndolo para todo el mundo”.

Facebook, una vez más, ha sido señalada directamente durante estos días como corresponsable de lo ocurrido por no controlar esta herramienta de emisión en vivo. La compañía se defiende alegando que tiene equipos que trabajan “todo el día para revisar el contenido que está siendo denunciado por los usuarios", según manifestó un portavoz.

La red social recuerda además que un espectador puede frenar una transmisión en directo si se produce un incumplimiento de los estándares y las reglas de esta comunidad, avisando mediante una denuncia, con un par de cliqueos, de que un vídeo o una fotografía debe ser revisada. Esto significa que ninguna de las 40 personas que contemplaron la violación de Deahvion advirtió de nada. Por eso la grabación siguió colgada hasta que intervino la policía. Y por eso siguió acumulando visualizaciones, y escalando posiciones a base de algoritmos.

La víctima, objeto de mofa

La pesadilla de esta familia está lejos de haber terminado. No sólo no están aún detenidos los culpables sino que la víctima ha empezado a recibir amenazas y mofas a través de internet y las redes sociales. Incluso en su propio barrio, según relata su madre, los niños del vecindario han estado bromeando sobre el asalto y hostigando a su familia, tocando el timbre e insultándoles. “Es realmente inquietante pensar que los niños ven lo ocurrido como algo divertido", dijo Stacey Elkins.

Por supuesto, estos sucesos no son exclusiva de Facebook. El pasado febrero, el caso de otra joven afroamericana, India Kirksey, conmocionaba al país. En este caso, esta chica de 20 años de Cincinnati, Ohio, no era la víctima, sino el verdugo. Estaba acusada de haber violado a un niño de cuatro años y haberlo transmitido en directo a través de Periscope, una herramienta de streaming vinculada a Twitter que permite convertir el dispositivo móvil en una cámara desde la que enviar vídeo online en abierto.

India Kirksey fue acusada de violar a un niño de cuatro años y transmitirlo por Periscope.

India Kirksey fue acusada de violar a un niño de cuatro años y transmitirlo por Periscope.

Las imágenes mostraban cómo la joven practicaba una felación al menor delante de la cámara. Sólo uno de los espectadores, en Texas, alertó a la policía. India Kirksey fue arrestada, confesó durante un interrogatorio y quedó en prisión bajo fianza de 350.000 dólares. La familia pidió clemencia por una supuesta discapacidad mental de la adolescente, que además se había exhibido semidesnuda anteriormente a través de esta herramienta.

Muy sonada fue también la violación de otra menor de 17 años, también en Ohio, retransmitida en vivo por Periscope por una amiga de la víctima que se encontraba junto en el lugar de los hechos mientras el agresor abusaba de ella. Tanto la chica, de 18 años, como el agresor, de 29, fueron acusados de violación, secuestro y abusos sexuales. Las penas fueron muy dispares, nueve meses para ella, nueve años para él.

"Mirar no es ilegal"

El debate que se abre ahora es qué tipo de delitos pueden atribuirse a las personas que ven un crimen como el de esta semana en Chicago sin hacer nada. La legislación, dispar según cada estado, es difusa.

Jeffrey Urdangen es profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Northwestern de Chicago y director del Centro para la Defensa Criminal de este centro. Según manifestó en una entrevista recogida por la Fox a propósito de lo ocurrido, “no es ilegal ver este tipo de vídeos o no informar de su existencia a la policía”. También aclaró que que los cargos por pornografía infantil no se aplican en este estado a menos que los espectadores estén descargando el contenido audiovisual. Con estas reglas, parece que ni siquiera un 'me gusta' se saltaría la ley.