Paula Pérez junto a sus perros
Una investigadora gallega responde si podrán llegar a hablar algún día los perros: "No lo necesitan"
Paula Pérez, coruñesa en Budapest que forma parte del la investigación Family Dog Project, que analiza los comportamientos caninos, tratan de explicar el proceso evolutivo de los humanos a través de los perros
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Los perros nos conocen más a lo humanos que nosotros mismos. Saben perfectamente qué cara poner para conseguir un trozo de salchicha o cómo llamar nuestra atención para que les lancemos la pelota. Sin hablar, son capaces de transmitirnos en cada momento lo que necesitan. Y a insistentes no les gana nadie. Si se tienen que tirar una hora rascando la puerta para que les abras lo hacen.
"Son el único animal que lleva viviendo con nosotros más de 20.000 años", explica la investigadora Paula Pérez. La coruñesa lleva años observando, analizando y escuchando a los perros. Investigando con otros especialistas en Budapest han demostrado que los perros son un modelo clave para estudiar la evolución del comportamiento social humano. Es decir, que a través de ellos, podemos llegar a entendernos a nosotros mismos, y no solo al revés, que es lo que se suele pensar.
De hecho, gracias a esta investigación se puede llegar a entender cómo el ser humano ha llegado a desarrollar el lenguaje que conocemos hoy en día y que el perro ha tratado de imitar "a su manera" a lo largo de los años. No es que estos puedan llegar a hablar, pero entenderlos a ellos puede resolver algunos de los comportamientos sociales más complejos de los seres humanos, incluido el lenguaje.
Veterinaria de formación, Paula Pérez trabajó durante años en clínicas de A Coruña hasta que decidió especializarse en etología clínica, la rama que trata los problemas de comportamiento animal. Su interés por esta ciencia la llevó a cursar un máster y, poco a poco, a plantearse un salto que cambiaría su carrera profesional.
La oportunidad llegó en Budapest, cuando entró en el Family Dog Project, uno de los grupos pioneros a nivel mundial en el estudio de la cognición y el comportamiento canino. Allí realizó su doctorado y actualmente trabaja como investigadora en la misma universidad. Desde entonces su trabajo se centra en las interacciones entre humanos y animales, especialmente en la comunicación, el vínculo y el apego.
Un perro en el estudio
En la actualidad, su investigación se enfoca en la comunicación vocal de los perros: ladridos, gruñidos y otros sonidos que, lejos de ser simples, forman un repertorio complejo y todavía incompleto. El objetivo del grupo es documentar y analizar todas esas vocalizaciones y entender para qué las usan los perros cuando se relacionan con las personas.
Más parecidos en el lenguaje a los perros que a los simios
Y es que, después de tantos miles de siglos a nuestro lado, esa convivencia prolongada ha hecho que los perros evolucionen bajo presiones selectivas muy similares a las humanas, algo que no ocurre ni siquiera, según explica Pérez con nuestros parientes más cercanos, los grandes simios.
"Cuando estudiamos cooperación, comunicación o atención conjunta en perros, vemos procesos que se parecen mucho a los nuestros", explica. Esto ha llevado a los investigadores a plantearse que algunas de las capacidades que nos definen como humanos podrían estar más relacionadas con el entorno social que con la genética.
¿Podrían llegar los perros a hablar?
Sin embargo, por mucho que estos hayan ido aprendiendo de nosotros, eso no significa que los perros vayan a desarrollar un lenguaje como el humano. "La lengua es un sistema muy complejo, con sintaxis y otras propiedades que no se han demostrado en perros", aclara. Sin embargo, sí "son un modelo excepcional para estudiar cómo pudieron surgir los primeros pasos del lenguaje".
Además, este conocimiento tiene una aplicación directa en la vida cotidiana. "Los perros no necesitan hablar", afirma. "Somos nosotros los que tenemos que aprender a prestar atención a las señales que ya nos dan". Estudios recientes demuestran, por ejemplo, que los perros utilizan distintos tipos de ladridos según el contexto o que los gruñidos de juego no tienen nada que ver con los de advertencia.
"Los hemos seleccionado para cooperar con nosotros, para vivir cerca, para comunicarse", explica. Por eso, entender mejor su repertorio vocal no solo ayuda a la ciencia, sino también a mejorar la relación entre perro y dueño.
Ese es, al final, el objetivo que guía su trabajo: "Generar conocimiento para que los perros sean más felices y, con ello, también las personas que viven con ellos". Una investigación que empieza escuchando a los animales, pero que acaba hablando de nosotros mismos.