Trabajadores de La Bombilla sostienen su plato estrella

Trabajadores de La Bombilla sostienen su plato estrella P.M

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La croqueta de La Bombilla, en A Coruña, cumple 60 años: "Un tío mío fue a Madrid, probó una de allí y le encantó"

Desde 1966, el famoso "croquetón" del bar de la calle Torreiro sigue siendo uno de los clásicos para tapear, de ahí que lo hayamos escogido para celebrar el Día Internacional de la Croqueta

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Entre los requisitos no oficiales para ser un buen CTV (Coruñés de Toda la Vida) está haber probado la croqueta -o croquetón- de La Bombilla. Te guste o no, tienes que haber comido al menos una para poder decir que eres de la ciudad.

La croqueta, aunque muchos piensen que es de origen español, surgió en Francia. Fue un aristócrata llamado Louis de Bechamel quien se la cocinaba al rey Luis XVI. A la península no llegó hasta finales del siglo XIX, pero lo que los franceses no saben es que fue aquí donde se perfeccionó.

Hoy en día ya no vale cualquier croqueta. Nadie acepta que en un bar te sirvan una de bolsa. La calidad de un restaurante se mide, muchas veces, por si su croqueta es casera o no: que el rebozado sea crujiente, que el interior sea cremoso y se deshaga en la boca dice mucho más de lo que parece.

Aun así, hay cosas que no cambian. Las croquetas de la abuela no se han sumado a ninguna moda y siguen estando entre las mejores. Estén más o menos cremosas, su sabor es la clave. Lo mismo ocurre con la de La Bombilla. Pasan los años y la receta y la forma de hacerla apenas varían. Aun así, sigue estando en el top 3 de las mejores de la ciudad y por eso la hemos escogido en Quincemil para representar el Día Internacional de la Croqueta.

Una croqueta con historia desde 1966

La historia de la croqueta de La Bombilla se remonta prácticamente al origen del local. "Está aquí desde el inicio de La Bombilla. Nosotros la tenemos desde 1966", explica Diana Bar, copropietaria de este clásico situado en la calle Torreiro, número 6.

Eso sí, no siempre fue exactamente igual. "Al principio la croqueta no tenía la misma composición. Se hacía con agua, no con leche como ahora", recuerda. Desde entonces han ido perfeccionando la técnica hasta llegar a la que conocemos hoy en día. A base de prueba y error han conseguido un sabor único cuyo ingrediente secreto prefieren no revelar: "Si os lo digo, dejaría de ser secreto", ríe.

La croqueta de La Bombilla

La croqueta de La Bombilla P.M

Otro de los rasgos que la hacen inconfundible es su tamaño. El famoso "croquetón" no es una cuestión de marketing, sino de pura practicidad. "Nuestra cocina es muy pequeñita y la croqueta es muy laboriosa. Hacerlas grandes nos permitía darles forma y envolverlas más rápido.... Mientras en otros bares se sirven tres pequeñas, en La Bombilla ponemos una sola", explica Diana.

¿Por qué ese sabor?

El giro definitivo en el sabor llegó tras un viaje familiar. "Un tío mío fue a Madrid, probó una croqueta allí y le encantó, sobre todo por la untuosidad que tenía. Preguntó cómo la hacían y, a partir de ese momento, cambiamos la elaboración", cuenta. Desde entonces, la receta se fue ajustando poco a poco "hasta encontrar ese punto" que se mantiene hoy.

Aún así, esta tiene un sabor tan peculiar que ha llegado a dividir a la ciudad entre los que dicen que es la mejor y los que prefieren las de toda la vida. "Eso al final es cuestión de gustos", reconoce su dueña. Eso sí, lo que no admite discusión es su éxito: "Es una de las cosas que más se vende del local".

LA Bombilla

LA Bombilla P.M

Parte del secreto, además de la receta propia, está en la constancia. "Se hace a diario, así que está siempre fresca, muy del momento", explica. El resto, aunque no se revele, tiene que ver con la masa, la mezcla de ingredientes y, sobre todo, con la experiencia. "Si haces croquetas todos los días, al final le coges el punto".

¿Y cómo la reciben quienes llegan de fuera? Muchos turistas preguntan directamente qué probar. La recomendación suele ser clara: "el croquetón, la milanesa y la tortilla". Al final, por 1,80 la tapa, siempre cae más de una.