Un ejemplar de urraca en el parque de San Diego entre los árboles que homenajean a mujeres.

Un ejemplar de urraca en el parque de San Diego entre los árboles que homenajean a mujeres. Carmen G. Mariñas

Coruña Secreta

Coruña Secreta: el calendario celta que se esconde en uno de los parques de la ciudad

Dividido en 14 partes, cada una con un árbol, esta obra de arte está en gallego, castellano y gaélico

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En uno de los parques de referencia para los vecinos de Os Castros hay árboles que llevan nombre de mujer que se entremezclan en el horizonte con los silos portuarios, en un paisaje que es testigo del cambio de las estaciones y del paso del tiempo. Pero no solo por su naturaleza. En el parque de San Diego, entre senderos y un carril bici, hay un calendario celta muy cerca de la entrada a la altura de la gasolinera.

La artista Rosa Guisán, que firma también los escudos de distintas comunidades autónomas que se pueden ver todavía en la calle de la Franja, es su autora. El calendario llegó tan solo unos meses después de los escudos, en mayo de 1999.

Su origen, sin embargo, se remonta a unos años atrás. En 1996 Guisán había ideado un proyecto para el paseo marítimo y las plazas. Por su perfecta compaginación con la principal plaza de la ciudad, lo llamó "Diseño de la Plaza de María Pita". En él había "filigranas y ornamentos que complementaban la majestuosidad de nuestro Palacio Municipal".

El destino de su obra sería finalmente en otra ubicación de la ciudad.

"Cuando empecé el proyecto tenía 52 años y una mente de la que no paraban de salir ideas. Acabé haciendo juegos geométricos y tenía una carpeta que enseñaba a todo el mundo", señala. El entonces ingeniero municipal, Enrique Mitchell, fue quien hizo el encargo: "Voy a hacer un jardín y quiero proponerte algo', me dijo"

Cuando tuvo la propuesta del calendario celta sobre la mesa Rosa investigó "motivos de aquella época, que eran como de espigas, trenzados y de cestería. Miré el diseño que había hecho ya para la plaza y vi que ya lo tenía ahí", recuerda ahora, 26 años después.

A la izquierda, diseño final del calendario celta. A la derecha, detalle del diseño para la plaza de María Pita. Ambas de Rosa Guisán.

A la izquierda, diseño final del calendario celta. A la derecha, detalle del diseño para la plaza de María Pita. Ambas de Rosa Guisán. Cedidas

El subconsciente de Guisán estaba influenciado ya por la tradición celta de la tierra gallega. "Todo el mundo bebe de donde nació y donde se crió", reconoce esta coruñesa que cuenta entre sus influencias el modernismo de la ciudad.

El origen celta puede estar "en los genes" pero también en las caminatas que hacía con el club Ártabros: "Con 40 años trotábamos por los montes e íbamos a descubrir petroglifos. Puede ser que me venga de ahí".

Los colores fueron otra de las piezas clave de esta obra de arte. Guisán indica que "la filigrana pedía color, porque en ocre y negro no dice nada. Eso es lo que le da volumen y movimiento, si no sería una cosa fea y no serías capaz de verlo. Sin el color no sería nada".

Así, simplemente tuvo que añadir una rueda para tener el diseño del calendario listo. "El calendario tiene 14 ciclos", explica, indicando que "el nacimiento es el 1 de mayo, el trono del Rey con el roble y en contraposición está la muerte el 31 de octubre con Halloween, una festividad transmitida por los irlandeses a los americanos" y cuyo árbol es el tejo. Otros ciclos se representan con los brotes en febrero y la mies en septiembre.

Enfrente, se colocaron ejemplares de los 14 árboles mencionados, incluso de uno llamado "escoba", una especie muy difícil de conseguir pero que Guisán obtuvo gracias a una familiar.

"Lo que haces un día en un papel y luego verlo hecho... Es algo que nadie lo entiende si no lo vive. Esa satisfacción, no hay dinero que la pague. La gente se olvidará, pero es mi satisfacción"

Rosa Guisán, artista

En aquella época, la artista también daba clase en el colegio Compañía de María. "En retrospectiva digo, '¿cómo pude hacer todo aquello en tan poco tiempo?' Me tiraba en el suelo para poder hacerlo y todos me miraban porque era la única mujer en aquella obra", recuerda ahora entre risas.

Cuando se inauguró, el 15 de mayo de 1999, su obra tenía "un brillo especial" que se ha perdido por falta de mantenimiento. Pese a todo, a Rosa le queda la satisfacción de haber hecho realidad otro de sus diseños.

"Lo que haces un día en un papel y luego verlo hecho... Es algo que nadie lo entiende si no lo vive. Esa satisfacción, no hay dinero que la pague. La gente se olvidará, pero es mi satisfacción". Aunque pasen los meses, o los ciclos celtas, el calendario de Rosa Guisán seguirá en el parque de San Diego de la ciudad.