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Un coruñés pone a prueba a un lucense con palabras en 'Koruño': "Estás muy desubicado"
Eskais, tachines, duguis, picantes... un coruñés pone a prueba a un lucense con palabras en koruño
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Si los gallegos tenemos la suerte de contar con una cultura y un idioma propios, en A Coruña también podemos presumir de nuestra peculiar forma de hablar, con palabras y expresiones que, más allá de A Ponte Pasaxe, nadie entiende. El llamado 'koruño' es, sin duda, una de esas señas de identidad que nos hace únicos.
Ese orgullo coruñés no siempre es bien recibido. En el resto de Galicia no falta quien utiliza motes como "turcos", cascarilleiros" o "coruñentos" para referirse a nosotros. Sin embargo, lejos de incomodarnos, los asumimos con naturalidad y la cabeza alta hasta llegar a hacerlos nuestros, porque si hay algo que caracteriza a los coruñeses es el orgullo de ser de A Coruña.
Iniciación al 'Koruño'
Un vídeo protagonizado por un coruñés y un lucense se ha hecho viral en redes sociales. Una especie de examen improvisado en el que el de A Coruña pone a prueba al de Lugo con varias palabras en 'koruño' para comprobar si sabe lo que significan. Spoiler: no le fue especialmente bien.
Entre sorpresa y sorpresa, el lucense intentaba descifrar términos totalmente desconocidos para él. Solo logró acertar un par de ellos, precisamente esos tan, tan, tan míticos que ya han conseguido cruzar todas las fronteras.
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El examen arrancó fuerte. "Picantes", soltó el coruñés. Silencio en Lugo. Ni idea. "Llevo unos picantes bien gordos para que no me entre el frío", añadió para darle una pista. El lucense creyó que eran guantes. Error. La respuesta correcta era calcetines.
La cosa fue a más. "Duguis". "Chavalas", probó el de Lugo, ya tirando totalmente a voleo. "Estás muy desubicado", le replicó el coruñés. De nuevo, le dio otra pista: "Vamos los dugis a ver el partido", y llegó la luz: "¡Los dos!".
Con "las bastas" acertó - "las manos", celebrándolo como si el Lugo hubiese ascendido de categoría. "Breje" también lo sacó después de la pista ("este breje hay Mundial": año), y con "la já" incluso afinó: "mi novia", dijo entre risas cuando escuchó aquello de "quedé con mi já para echar un kiki".
Pero el koruño no da tregua. "Tachines" (zapatos), "las gamabs" (piernas) o "truja" (pitillo), tampoco tenía ni idea de lo que significaban. Lo mismo con "eskais" (ojos), de los que pensaba que tenían que ver con algo de esquiar.
No así con neno, que no necesita presentaciones, "kel" (casa) o "bul" (culo), que lo supo al momento por resultarles conocidas.
Al final, más que un examen, fue una demostración de que el koruño no es solo un acento o la forma de hablar de los que somos de A Coruña, sobre todo de los barrios, sino un ejemplo de identidad y satisfacción de ser de donde somos: unos koruños orgullosos.