Cuerda de desdoble de mejillones de Lorbé.

Cuerda de desdoble de mejillones de Lorbé. Vitalmar - cedida

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Los tesoros de la ría de Betanzos (A Coruña): cómo se obtiene el mejillón de Lorbé

Las condiciones del mar hacen que este y otros productos como las centollas sean reconocidos por su calidad incluso fuera de la comarca

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En escabeche, en salsa marinera o al vapor. Cualquier manera es buena de cocinar un mejillón, un producto destacado de la costa oleirense, especialmente del pueblo de Lorbé. Aquí, frente a playas como la de Arnela, las olas mecen las bateas donde su cultivo se ha convertido en una tradición.

De manera anual, son millones los kilos que se producen de este molusco. El año pasado, en la provincia marítima de Sada, la producción superó las 5.000 toneladas, con una traducción en euros de 3.697.367 euros.

El Grupo Proinsa es uno de los principales productores en la ría, donde lleva operando desde mediados del siglo pasado. Desde la compaña, Germán Latorre explica que el ciclo completo para obtener un mejillón puede durar un año y medio.

Cuerda de desdoble de mejillones de Lorbé.

Cuerda de desdoble de mejillones de Lorbé. Vitalmar - cedida

"Se empieza con la cría en un colector, colocando las cuerdas colgadas de las bateas (que pueden llegar a tener entre 400 y 500 cuerdas cada una). Las crías de mejillón, igual que se pegan a las rocas, se pegan a estas cuerdas. Es una forma de captarlas sin tener que ir a las zonas de los percebeiros", explica.

Cuando esa cría ha aumentado de tamaño, pasados unos seis meses, las cuerdas se "desdoblan" para que pueda continuar su crecimiento, "replantándolas con menos densidad". Todo esto son trabajos hoy en día mecanizados, que se realizan a través de unas máquinas similares a las tolvas por donde pasan las cuerdas y se envuelven en una malla téxtil que se degrada con el tiempo.

Los mejillones se agarran a ella generando los bisos, más conocidos como "barbas" o "pelillos", que impiden además que se los lleve la corriente.

La condiciones de esta ría, con su luz y temperatura, dan lugar a un placton de calidad del que se alimentan estos moluscos, lo que influye en su sabor y favorece su engorde, generando así mejillones más "rellenos" y de un tamaño de entre 6 y 10 centímetros.

Bateas frente a la playa de Arnela en Lorbé.

Bateas frente a la playa de Arnela en Lorbé. Grupo Proinsa

Una vez extraidos, pasan a la depuradora desde donde, después de desgranarlos, limpiarlos y clasificarlos, se ponen a la venta a plataformas de grandes superficies o se llevan a la Lonja de A Coruña. También venden a particulares en bolsas de cinco kios.

"Al ser un producto vivo, para que se mantenga fresco no debería pasar más de un día fuera de su medio, que es el mar", apunta Latorre.

El otro tesoro de Lorbé: sus centollas

Pero en Lorbé no todo es mejillón. En las próximas semanas, a principios de noviembre, se abrirá la veda para la pesca de la centolla, otro de los grandes productos de esta ría. Antonio Sánchez, patrón mayor de la Cofradía de Lorbé, se dedica a la profesión desde hace más de 30 años y actualmente trabaja en el barco que heredó de su padre.

Tras décadas de experiencia, admite que "hay basante menos pescado que cuando empecé yo. Nosotros le echamos la culpa al cambio climático y sobre todo a que las rías están bastante contaminadas", debido a los restos de las depuradoras de saneamiento. El lenguado o la lubina son dos de las especies que más han visto afectadas.

En esta cofradía —conformada por una veintena de pescadores y unos 8 barcos— trabajan con artes de pesca menores y capturan además pulpos, jibias o rodaballos, aunque el producto más codiciado es la centolla.

En las semanas previas a que se pueda capturar, los pescadores se encuentran en un impass esperando a que abra la veda. El motivo es que su captura, mediante el trasmallo con unas redes que se tiran al mar y donde se quedan atrapados los peces, es el mismo arte de pesca que el de la centolla, por lo que supone un riesgo para su captura.

Una vez se levante la veda se celebrará además la décima fiesta de la centolla de Lorbé, en una jornada de buena gastronomía que tendrá lugar en el puerto del pueblo. Será el sábado 22 de noviembre. "La organizamos para dar a conocer el producto que vendemos a unos precios más o menos asequibles y para que la gente pueda comprarlos", explica el patrón. Después de una década celebrándola, reconoce que esta es "una fiesta criminal".

Pasada la celebración, y con la vista puesta en la Navidad, el patrón augura una buena temporada debido a los cupos con los que trabajan, que limita cantidades por embarcación y tripulante. "Así va bastante bien y mantiene un precio estable, porque no estás a la espera de tener una semana de mucha producción en la que baje el precio u otra en la que suba", explica. Así que, si los temporales respetan la faena, "en Galicia no habrá problema de abastecimiento".

Y, ¿a qué precio estará la centolla? Todavía es pronto para saberlo, pero Sánchez lo sitúa entre 12 y 14 euros el kilo.