Cristina e Micaela posan con Galimina, su filla de acogida, y con Nicolás, su bebé recén nacido

Cristina e Micaela posan con Galimina, su filla de acogida, y con Nicolás, su bebé recén nacido Cedida

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La familia de Cabanas (A Coruña) que acoge a una niña saharaui: “Es una experiencia buenísima, te dan muchísimo cariño"

El proyecto 'Vacaciones en Paz' permite a los niños y niñas pasar el verano fuera de los campamentos de refugiados

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Laura Chaos
Publicada

La familia no siempre nace en el lugar del que uno es, y las distancias culturales pueden acortarse con el cariño y el entendimiento. Bien lo saben Cristina Placer Rioboo y Micaela Rei Castro, residentes en Cabanas y una de las familias que participa en el programa ‘Vacaciones en Paz’. Esta iniciativa, que llegó a España a finales de la década de 1970, permite a algunos niños y niñas saharauis pasar dos meses fuera de los campamentos de refugiados en los que residen habitualmente.

En el caso de Cristina, ella conoció el programa a través de sus suegros, que ya habían sido familia de acogida. “O meu sogro, que foi concelleiro, enterouse a través do Concello de que existía o programa”, explica Cristina. Con el tiempo, ella y su pareja se animaron a tomar el relevo en la acogida tras informarse de todo lo que estaba ocurriendo en el Sáhara Occidental y decidieron poner su granito de arena.

Este es ya el cuarto año que participan en este proyecto y el tercer verano consecutivo que acogen a Galimina Fadli Yahdih, una niña de 11 años natural del barrio de Farsia, en la ciudad de Smara (Sáhara Occidental). “É unha boísima experiencia, danche moitísimo cariño”, expresa Cristina. “A primeira vez que acolles, especialmente os primeiros días, pódese facer un pouco complicado, pero unha vez que pasa esa etapa créase un vínculo familiar, é unha máis da casa”.

La familia de Cristina no solo se comunica con Galimina durante el verano, sino que mantiene el contacto durante los meses de invierno mientras hacen la cuenta atrás para que llegue julio. Hablan por videollamada todos los viernes, el día libre en la cultura saharaui. Además, existe una relación entre la familia europea y la familia africana, ya que la propia madre de Galimina también participó en el programa cuando era niña. Según explica Cristina, “ela entende perfectamente a situación porque xa a viviu. De pequena estivo en Castela-A Mancha, e grazas a iso podémonos comunicar sen problemas con ela, xa que coñece moi ben o idioma”.

Un programa comprometido

Sin embargo, antes del primer encuentro es necesario superar un extenso proceso burocrático. Todo comienza con unas jornadas organizadas por la Asociación Amistad Saharaui, donde se explica a las posibles familias de acogida la situación política del Sáhara Occidental y las condiciones en las que viven los niños y niñas. “Eles teñen unha contorna completamente distinta, e debemos ter coidado con cousas tan sinxelas para nós como as normas de tráfico, por exemplo”, cuenta la madre de acogida.

El primer contacto con las familias lo tiene el delegado o delegada de cada zona y, más tarde, se realizan entrevistas con trabajadores y trabajadoras sociales, además de la firma de documentos que acreditan que las personas acogedoras no tienen antecedentes relacionados con menores, todo ello para garantizar la seguridad de los niños y niñas.

Uno de los motivos de la acogida, además de escapar del calor extremo del norte de África —con temperaturas que alcanzan los 50 ºC a la sombra—, son precisamente las revisiones médicas, un servicio al que es difícil acceder en el Sáhara Occidental. Tal y como explica Cristina, “eles xa veñen vacinados, pero recomendan desde a asociación que vaiamos ao hospital na primeira semana, polo posible caso de que haxa que facer probas diagnósticas. Trátase de aproveitar estes dous meses ao máximo posible para que reciban a atención médica que necesitan e que por desgraza non teñen, unha sorte que nós temos todo o ano”.

La convergencia cultural

Los choques culturales más llamativos tienen que ver con la cuestión social, como señala Cristina: “Nós intentamos inculcarlle algo de feminismo, porque o certo é que segue sendo unha sociedade bastante machista. Os nenos son musulmáns e iso temos que respectalo; algúns deles rezan, no noso caso non”. La dieta de Galimina también es ligeramente distinta, ya que “non come porco, pero tampouco nos supón ningún problema. Hoxe en día hai moitas alternativas alimentarias”.

No obstante, y pese a estas diferencias sociales, Cristina y Micaela no encontraron ningún obstáculo en el programa por constituir una familia homoparental. “Nós somos dúas mulleres e nunca houbo ningún problema, nin coa nena nin coa nai —comenta Cristina— xa que nesa familia xa son a terceira xeración que vén a España, e adaptáronse aos nosos costumes. Hai algunhas familias ás que lles gustaría acoller pero igual se botan para atrás por este tema, incluso as monoparentais, pero non é o caso para nada”.

De este modo, su día a día es como el de cualquier otra familia. “A nosa nena durme un montón —explica entre risas Cristina—, intentámola levantar a unha hora prudente porque se non chega a hora do xantar e non hai maneira”. Así transcurren julio y agosto, dos meses que la familia intenta aprovechar al máximo dentro de lo que les permite el trabajo: “Imos á piscina ou á praia se o tempo acompaña, e se chove levámola aos parques de bolas de Ferrol. Trátase de intentar facer a maior cantidade posible de actividades durante estas semanas”.

Las despedidas

Como todo lo bueno, los dos meses con Galimina llegan a su fin, lo que trae consigo la parte agridulce de la acogida: decir adiós. “A despedida é dura sobre todo para nós. A nena ten o corazón dividido porque tamén quere volver coa súa nai, que ao final ninguén a pode reemprazar. Ti quedas feita polvo, pero tamén é moi bonito vela marchar feliz cunha maleta chea de agasallos para os pais e para os irmáns”, cuenta Cristina. “Este ano creo que o levaremos un pouco mellor; a casa non quedará tan baleira con Nicolás, o bebé que tivemos este ano”, añade la madre de acogida.

A pesar de esa parte más amarga de la experiencia, Cristina recomienda encarecidamente participar en el programa: “A min ensinoume a valorar o que teño. Ela cóntache cousas, de como son as circunstancias no Sahara, e dis ti, que vicio temos aqui! Comezas a valorar as cousas do día a día: abrir unha billa e que salga auga limpa, poder ducharse…”.

Mirando al futuro

Y, aunque a Cristina ‘Vacaciones en Paz’ le parece “un programa precioso”, no deja de desear que algún día deje de ser necesaria su existencia. “Oxalá eles puideran estar na súa terra, no Sahara Occidental, e que puideramos ir a visitalos alí e eles aquí coma calquera turista. O ideal sería iso, que non tiveran que estar en campamentos de refuxiados, que puideran vivir coma calquera persoa”, reivindica la madre de acogida.