Jessica Estraviz, fundadora de Mar de Miranda.

Jessica Estraviz, fundadora de Mar de Miranda. Cedida

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Jessica Estraviz, emprendedora gallega: "Abrí camino conciliando la crianza de tres niños y los estudios"

Mar de Miranda cumple cinco años promoviendo el cuidado de la salud y del medio ambiente con sus jabones naturales. Lo hace de la mano de su fundadora, una artesana que encontró en Boimorto, Vilasantar y Mera (Oleiros) la raíz de un proyecto del que se muestra apasionada

Más información: Mar de Miranda: Jabones gallegos, artesanales y sólidos para cuidar el medio ambiente

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Jessica Estraviz tiene el cuidado en sus manos. El de su familia, el de su proyecto y el de la piel de todas las personas que confían en Mar de Miranda. Esta marca de jabones artesanales lleva cinco años ofreciendo una alternativa natural y difundiendo los mismos valores con los que su responsable ha crecido, basados en el respeto por el medio ambiente.

Con la mirada puesta en la playa de Mera, en Oleiros, y el conocimiento de base que heredó de sus abuelas de Boimorto y Vilasantar, esta emprendedora ha conseguido convertir su proyecto con alma en un referente tanto para sus clientes directos como para las marcas con las que colabora.

Algo que quedó patente en el evento que celebró en junio acompañada por empresarios, diseñadores, artesanos o periodistas, que repasaron con ella estos cinco años de Mar de Miranda. La artesanía, el diseño, la sostenibilidad y un poquito de ciencia han guiado a Estraviz a lo largo de este tiempo, en el que siempre se ha mantenido fiel a sí misma.

Ella es reflejo de su proyecto, en el que vuelca la forma en la que entiende el autocuidado: no solo como un reflejo de lo que se aplica sobre la piel, sino también de cómo nos alimentamos, cómo nos movemos y cómo respetamos nuestro entorno. Hablamos de todo ello con Jessica Estraviz, que también nos cuenta cómo logra conciliar su intensa vida laboral con la personal.

Jessica Estraviz, fundadora de Mar de Miranda.

Jessica Estraviz, fundadora de Mar de Miranda. Cedida

Mar de Miranda ha cumplido ya cinco años. ¿Cómo ha sido este periodo y cómo ha evolucionado la marca?

Empecé accediendo a programas de diferentes tipos de emprendimiento, relacionados con cómo hacer tu negocio. Me ayudaron mucho uno de la Escuela de Organización Industrial y otro de la Xunta.

El proyecto ha ido evolucionando, adaptándose a lo que iba creando y a lo que la gente que confía en la marca o en este sector demanda. Ahora también estoy haciendo talleres y colaboraciones con hoteles, empresas, marcas y otros artesanos. Son profesionales con los que encuentro sinergias y me permiten crecer en base a los mismos valores.

Por ejemplo, en verano hice clases con profesores de yoga y pilates. Como tienen ese mismo valor por la naturaleza, hicimos una colaboración con una de ellas enfocada tanto al cuidado personal y de la salud. También hice el Mercado de la Cosecha con Estrella Galicia, y con We Sustainability talleres de jabones. Hace poco hice uno de ambientadores en Mera; al final trabajas con elementos que te dan lugar a nuevos formatos.

Has diversificado a lo largo de los años.

Sí, hay que buscar en esas empresas afines diferentes tipos de productos o experiencias. Lo que más te nutre es la comunicación y el público afín. El cliente que confía en este tipo de producto también suele ser gente que cuida su salud, por lo que también confía en el yoga o el pilates, por ejemplo.

¿Qué importancia tuvieron para ti los programas de formación y emprendimiento en los que participaste?

El de la Xunta me abrió un poco más a personas a título personal. Tenías tres referentes y cada uno te guiaba en su ámbito: laboral, comunicación o finanzas. A mí por ejemplo las finanzas no me gustan tanto, yo soy más de crear.

El de la Escuela de Organización Industrial fue un regalo bestial, porque fue como un pequeño máster concentrado en un año y con una fase específica enfocada en la artesanía. Me conectó con personas que trabajan en mi círculo, como artesanos del vidrio o que trabajan en industrias artísticas de pintura.

Le doy mucho valor a aprender lo que está funcionando. Y la gente quiere verte a ti, porque tu marca eres tú, este trabajo va de crear y sentir. La gente también confía por la historia que hay detrás.

"No es una gran empresa, pero abrí camino conciliando la crianza de tres niños con los estudios. Y sacaba adelante todo: desde contactar con los clientes hasta contestar emails, crear la web o hacer la comunicación en redes. Son cosas que, como marca o artista autónomo pequeño, no he encontrado la oportunidad de delegar"

Jessica Estraviz, fundadora de Mar de Miranda

Te formaste también con un Máster en cosmética y dermofarmacia. ¿Por qué es tan importante seguir aprendiendo?

En su momento hice talleres de fabricación de jabón, muy ligados a la cosmética. Este máster me abría a conocer diferentes empresas y sectores, y a formarme más. Eso es importante para algunas empresas, ver que tienes esa titulación que avala en lo que trabajas.

¿Qué fue lo más complicado para ti a la hora de emprender? ¿Qué era lo que más miedo o respeto te daba?

Conciliar para crear una empresa desde cero. No es una gran empresa, pero abrí camino conciliando la crianza de tres niños con los estudios. Y sacaba adelante todo: desde contactar con los clientes hasta contestar emails, crear la web o hacer la comunicación en redes. Son cosas que, como marca o artista autónomo pequeño, no he encontrado la oportunidad de delegar.

Sí he delegado algunas cosas de forma puntual. Por ejemplo, cuando hice en junio una presentación en Mera, el reportaje con el storytelling de cómo ha evolucionado la marca lo contraté. Pero el resto es un machaque día a día, ser constante y aprender para saber de todo.

Lo hablo con mi círculo de contactos con proyecto similares, incluso con compañeras que ya han trabajado con Loewe, y dicen lo mismo. Al final, estás tú como creador y le tienes que dedicar tiempo a contestar al correo, a la imagen, a las redes sociales, a la fabricación... A todo. Es la lucha de tener una pasión, te tiene que gustar muchísimo.

"Mis padres y mis abuelos trabajaban mucho con las manos: madera, alimentación, costura... Eran diferentes oficios. Ninguno se dedicaba al 100% a eso, pero es lo que veía en casa (...) Los números no van conmigo, pero tengo esa parte creativa"

Jessica Estraviz, fundadora de Mar de Miranda

¿Cómo te organizas para conciliar tu vida profesional con la personal?

Cuando alguna amiga me dice que no sabe cómo me da la vida para todo, tengo que reconocer que a veces se me hace un nudo en la garganta a la hora de decir en qué momento compensa.

Yo puedo delegar en mis padres el cuidado de los niños en ciertos momentos, pero en vacaciones le dedico menos al trabajo y más a la familia. En este caso, sí que es verdad que a veces los números son difíciles o directamente no van. Los autónomos tienen ciertos pagos al mes, y eso es duro. Esto tiene que ser una pasión, hay que lidiar con ello también a nivel psicológico.

No todo va a ser siempre fantástico y genial, hay momentos en los que tienes que volcarte un poco más en tu tiempo libre. Muchas veces dices 'no puedo hacer este trabajo porque detrás tengo a mi familia y requiere tiempo'. Al máster, por ejemplo, le dedicaba unas horas por la noche y otras al mediodía; y ahora con el colegio y las extraescolares... tengo que hacer un Excel para hacer cuadrar mi agenda con la suya.

Hablas de la ayuda que te dan tus padres. ¿Cómo valoras esa red familiar y de amistades que tienes detrás?

Sin ellos esto sería imposible. Los niños requieren una atención intensa y es importante compaginar horarios para poder dedicarle tiempo a la fabricación o a los talleres. Con Cristina Velasco, que también se dedica a la artesanía y tiene una hija, hablo muchas veces del valor del tiempo que se dedica a los talleres, desde la organización hasta el tiempo que inviertes después.

¿Qué influencia tuvo tu familia a la hora de crear Mar de Miranda?

Mis padres y mis abuelos trabajaban mucho con las manos: madera, alimentación, costura... Eran diferentes oficios. Ninguno se dedicaba al 100% a eso, pero es lo que veía en casa. Mi padre tuvo trabajos de ebanistería y hacía muebles en casa, iba a clases de restauración; y mi madre siempre cosía, me hacía vestidos y bordaba.

Mi abuela hacía jabón, y también quesos y chorizos. Yo veía como la materia prima pasaba a ser un producto, y me llamaba la atención. Por eso cuando pude dedicarle tiempo para aprender a hacerlo bien, lo hice, porque no es algo sencillo. Los números no van conmigo, pero tengo esa parte creativa.

Y así creé Mar de Miranda. El nombre es un juego de palabras que hace referencia a mis hijos, porque todos llevan la letra "M" (Mario, Miranda y Marieta) y el mar. Aunque mis abuelos son de Boimorto y de Vilasantar, mi experiencia está ligada a Mera. Por eso en redes insisto tanto en el cuidado de la naturaleza y la limpieza de las playas.

Los jabones de Mar de Miranda.

Los jabones de Mar de Miranda. Cedida

Comentas que el proceso para elaborar jabones no es sencillo. ¿Cómo es, desde que se seleccionan los ingredientes hasta que el producto está finalizado para entregarle al cliente?

Hay una fórmula base en la que tengo la selección de las materias primas. Hice varios cursos, uno online en Seúl, donde son muy conscientes de cómo se alimentan y de los productos que usan sobre la piel, y ahí vi la importancia de equilibrar los aceites o las mantecas, que es la base del jabón.

El aceite de oliva es fantástico, y de hecho es parte importante de los jabones que formulo, pero no puede ser el 100%. Tienes que valorar la limpieza, la durabilidad, la sensación... Yo uso aceite de coco, que le da consistencia y va a generar más espuma, y también aceite de ricino en un porcentaje muy bajito para el acabado final del jabón y el equilibrio entre hidratación y limpieza.

Lugo entran ya los aceites esenciales, el hidróxido de sodio (sosa) y los ingredientes extra, que pueden ser la lavanda, el carbón activo... Todo ello para enfocarlo a lo que cada uno tenga o requiera.

¿Qué tipo de jabones tienes?

Tenemos tres distintos. Uno es el de lavanda, que es el más clásico y el que más se regala, aunque también me piden el de caléndula. El tercero es el de carbón activo.

En los talleres no hacemos este tipo de jabones porque requieren trabajar con sosa y con una equipación de protección porque hay temperaturas muy altas. Los talleres son más creativos y usamos una formulación de glicerina para crear un jabón que por estética, por olor o por el tipo de piel va a estar personalizado.

Eso me llevó a la línea de talleres de ambientadores botánicos y los propios ambientadores con flores secas y con aceites esenciales. Todo gira en torno a elementos naturales. Creatividad, diseño y valorar el trabajo artesano.

En los talleres usas una base diferente por cuestión de tiempo y practicidad, pero la gente sale sabiendo hacer los jabones.

Sí, y valorando la importancia de cuidarse. Es lo mismo que cuando un nutricionista te dice que comas saludable para cuidarte por dentro, aquí confías en productos naturales para la piel. No tienen nada que ver con detergentes como los geles de ducha, estás confiando en un producto sólido que es más respetuoso con el medio ambiente.

"Si vas a mirar el euro, no vas a comprar estos jabones. La funcionalidad de un gel de ducha o de un jabón puede ser la misma, pero no es el mismo tipo de producto. No estás comprando un bote de plástico, un porcentaje de agua altísimo y ciertos químicos"

Jessica Estraviz, fundadora de Mar de Miranda

¿En qué se diferencian los jabones sólidos de opciones más comerciales?

Lo natural no siempre tiene que ser eficiente, pero en este caso estudio los ingredientes y los aditivos para que así sea. Son ingredientes naturales enfocados a un tipo de cuidado: son respetuosos con el medio ambiente al mismo tiempo que te cuidan tanto por dentro como por fuera. Mis clientes valoran ese cuidado personal.

Si vas a mirar el euro, no vas a comprar estos jabones. La funcionalidad de un gel de ducha o de un jabón puede ser la misma, pero no es el mismo tipo de producto. No estás comprando un bote de plástico, un porcentaje de agua altísimo y ciertos químicos. Aunque pueda tener algo natural, ¿cómo está fabricado?

Has colaborado con Inditex, el Hotel Finisterre... ¿En qué consisten tus colaboraciones con otras empresas y marcas?

Con Inditex hicimos varios talleres de creación de jabones, y también packaging con la técnica de furoshiki. La incluí porque tengo acceso a telas con taras que a veces acaban descartándose o tirándose, y las empecé a integrar a la hora de envolver el jabón para un regalo. Les estás dando una segunda vida y queda bonito.

Con el NH, hicimos una colaboración para los clientes VIP, que tenían acceso a un pequeño amenity a través del que el hotel quería dar valor a la ciudad a través de marcas como la mía.

Además de con marcas, colaboras con otros artesanos.

Sí. Tengo una línea de cerámica y otra de vidrio con las jaboneras con artesanos gallegos. Ahora estoy volcada en la luffa, que es el futuro. Es una especie de estropajo natural que se cultiva y se produce en Galicia. Lo compramos, lo prensamos y lo cosemos de diferentes formas. Es algo cultivado aquí a lo que le damos el toque de pieza de diseño cosida a mano con un cordón para que se pueda colgar en la ducha.

Uno de los jabones de Mar de Miranda envuelto con la técnica de furoshiki.

Uno de los jabones de Mar de Miranda envuelto con la técnica de furoshiki. Cedida

Con todo lo que tienes entre manos, ¿qué te queda por hacer? ¿Cuáles son los retos de Mar de Miranda?

Más que retos, lo que quiero es mantenerme compaginando, conciliando. Es verdad que a veces puede haber picos muy buenos de trabajo, pero otros no tanto. Quiero buscar esa estabilidad y continuidad de clientes y de marcas que confíen en mi y en el tipo de cuidado que ofrezco, que tienen los mismos criterios de fabricación.

Participas de forma activa en actividades como limpieza de playas. ¿Cuáles dirías que son los retos que, como sociedad, tenemos a nivel medioambiental en este sentido?

Participo en todo lo que puedo. Veo con mis hijos, y antes lo vi con mis sobrinos, la importancia de dar ejemplo, el impacto que tiene en los más pequeños lo que ven. Ahora ya es más normal ver en la playa de Mera a gente retirando la basura que se encuentra, pero hace muchos años no era tan habitual.

Estuve a principios de verano en Formentera y pensé que iba a ser distinto, pero había también mucha suciedad. Estuvimos recogiendo basura y el padre de otra familia se acercó y metió en nuestra bolsa unos palitos de chupachups y unos plásticos. Mi hija pequeña me preguntó por qué nos copiaba, y le expliqué que tenía que tomárselo como algo bueno.

Sigue habiendo mucha contaminación, está cada vez peor. Es tremenda la cantidad de microplásticos que hay en las playas. Aunque haya mucho por hacer y quede mucho por cambiar, damos pequeños pasos. Cada pequeño gesto cuenta, no hay que desistir.

Todo esto va de la mano de los valores de Mar de Miranda.

Sí, es lo que trato de transmitir. Mi cliente no solo va a valorar el producto, sino todo lo que hay detrás. Apuestas por un producto, una marca o un artista que tiene unos valores en concreto.