Celebración de uno de los goles.
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25 años de la noche mágica de Riazor: el día que el Dépor aniquiló al PSG y puso Europa a sus pies
Una remontada imposible convirtió Riazor en un estadio de sueños y consagró al Dépor entre los grandes de Europa
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El 7 de marzo de 2001, Riazor se convirtió en el escenario de una de las remontadas más emocionantes de la historia de la UEFA Champions League.
El Deportivo de La Coruña logró dar la vuelta a un 0‑3 adverso para ganar 4‑3 al Paris Saint‑Germain, una noche que aún hoy, 25 años después, late con fuerza en la memoria de la afición blanquiazul.
Aquella campaña europea formaba parte de un periodo dorado del Dépor. El equipo gallego, dirigido por Javier Irureta, llegaba a la Champions tras proclamarse unos meses antes campeón de la Liga española en la temporada 1999‑2000, un título histórico para el club y su afición que había situado al Dépor en lo más alto del fútbol español.
El choque ante el PSG se desarrolló con un inicio que hacía temer lo peor para los locales. El conjunto francés, liderado por figuras como Jay‑Jay Okocha y Laurent Leroy, tomó una ventaja de tres goles antes del descanso y justo tras la reanudación.
A los 29 minutos Okocha abrió el marcador con un disparo desviado, Leroy amplió la distancia antes del descanso y repitió tras la pausa para poner el 0‑3 casi definitivo.
Sin embargo, en el fútbol, como en la vida, nunca se puede dar nada por hecho. La chispa del Dépor prendió cuando Walter Pandiani, que entró desde el banquillo, marcó el primer gol de cabeza a los 57 minutos, insuflando energía al equipo y a la grada.
Tres minutos después, Diego Tristán remató de cabeza el 3‑2 en su primer toque del partido, y el estadio de Riazor se transformó en una caldera de apoyo incondicional.
Los goles vinieron casi todos en un periodo frenético de 27 minutos en el que el Dépor mostró una intensidad ofensiva apabullante. Con 3‑3 en el marcador, la remontada se consumó seis minutos antes del final, cuando Pandiani completó su hat‑trick con otro cabezazo preciso para poner el 4‑3, desatando la euforia de los miles de aficionados presentes.
Aquella victoria no fue solo un resultado espectacular: garantizó al Deportivo la posibilidad de avanzar a la siguiente fase de la Champions League, algo que acabó confirmándose con un punto conseguido frente al AC Milan en la última jornada de la fase de grupos.
El significado de esa noche va más allá de los goles. Para A Coruña, fue una demostración de fe y de identidad colectiva: la ciudad entera vibró con el equipo, los hinchas en las gradas empujaron sin rendirse y los jugadores respondieron con corazón en cada acción.
Hoy, a 25 años de ese 4‑3 histórico, el recuerdo sigue vivo en los repasos de hinchas, en las charlas sobre fútbol, y en cada aniversario que los seguidores deportivistas celebran con orgullo.
No fue solo una victoria; fue una página de oro en la historia de un club que, en aquel momento, competía con las mejores fuerzas de Europa y demostró que la magia del fútbol puede ocurrir, sobre todo, cuando más se la necesita.