Recreación artística del Tercio de Gallegos. Iván Fernández Amil

Recreación artística del Tercio de Gallegos. Iván Fernández Amil

Historias de la Historia

El Tercio de Gallegos, el batallón de emigrantes que defendió Buenos Aires de Inglaterra

La historia de un legendario cuerpo del ejército del virreinato de Río de la Plata compuesto por emigrantes venidos de Galicia

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Durante el siglo XI, el Imperio Bizantino confió gran parte de la seguridad de su capital a un cuerpo militar formado exclusivamente por guerreros escandinavos y exiliados anglosajones, la Guardia Varega. Estos expatriados entregaron su vida para defender las murallas de un territorio que no era el suyo pero que les había ofrecido un refugio y un medio de subsistencia estable: Constantinopla. La figura del emigrante que decide tomar las armas para proteger la tierra que le dio una oportunidad se ha repetido en multitud de ocasiones a lo largo de la historia, pero quizá uno de los más extraordinarios y olvidados ocurrió a principios del siglo XIX en el continente americano. Ante la inminente invasión del Imperio Británico, que buscaba conquistar los estratégicos puertos comerciales del Río de la Plata para expandir su hegemonía económica, la comunidad de emigrantes gallegos residente en Buenos Aires decidió abandonar sus oficios para organizar su propia unidad de combate. Estos hombres crearon una milicia de voluntarios liderada por un ingeniero pontevedrés sin instrucción militar, pero con una disciplina férrea, que consiguió frenar el avance de las tropas inglesas en las calles de Buenos Aires. Se llamaban el Tercio de Gallegos.

Guardia Varega. https://es.wikipedia.org

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Tras la derrota de la flota franco-española en la batalla de Trafalgar en 1805, el Imperio Británico consolidó su dominio absoluto sobre las rutas marítimas mundiales, pero se enfrentaba a un bloqueo comercial en el continente europeo impuesto por las políticas expansionistas de Napoleón Bonaparte.

Ante la necesidad de encontrar nuevos mercados para dar salida a los productos generados por su Revolución Industrial, la corona británica fijó su mirada en los desprotegidos territorios de ultramar del Imperio Español, identificando al Virreinato del Río de la Plata como un objetivo comercial y militar de primer orden debido a su posición estratégica y a su abundante riqueza.

Virreinato del Río de la Plata en 1804. https://es.wikipedia.org

Virreinato del Río de la Plata en 1804. https://es.wikipedia.org

El primer movimiento de la campaña militar británica comenzó en junio de 1806, cuando una expedición naval comandada por el comodoro Home Riggs Popham y el general William Carr Beresford desembarcó en las costas de Quilmes con un ejército regular de unos 1.600 hombres.

La ciudad de Buenos Aires, que por aquel entonces era una próspera capital del virreinato, carecía de una guarnición militar profesional capaz de repeler un ataque, por lo que cayó en manos británicas con facilidad.

El virrey español Rafael de Sobremonte, en una decisión que fue recibida por los ciudadanos como un acto de cobardía, abandonó precipitadamente la ciudad, dejando a la población de Buenos Aires bajo la ocupación directa de las tropas de la Corona Británica.

El virrey Rafael de Sobremonte. https://es.wikipedia.org

El virrey Rafael de Sobremonte. https://es.wikipedia.org

Pero el dominio británico fue fugaz, ya que los bonaerenses se negaron en rotundo a aceptar la sumisión a una potencia protestante que imponía el libre comercio en beneficio exclusivo de sus propios productos.

En agosto de ese mismo año, una guarnición formada por tropas regulares, milicianos y voluntarios dispuestos a recuperar la capital del virreinato, desembarcó en los alrededores de Buenos Aires. Apoyados por un levantamiento civil en las calles de la ciudad, lograron acorralar a las fuerzas británicas y conseguir que se rindieran formalmente en un episodio histórico que hoy se conoce como la Reconquista.

Rendición de William Carr Beresford. https://es.wikipedia.org

Rendición de William Carr Beresford. https://es.wikipedia.org

Pero tras esta primera victoria, las autoridades y la población comprendieron que el Imperio Británico no aceptaría semejante humillación y que organizarían una segunda fuerza de invasión mucho más numerosa y letal para recuperar el control del estuario del Río de la Plata.

El problema era que las escasas tropas regulares españolas serían insuficientes para defender la plaza ante un nuevo asalto, por lo que se emitió un edicto animando a todos los ciudadanos en edad de combatir a alistarse en nuevas milicias urbanas.

Para fomentar la unión y el espíritu entre los voluntarios, las autoridades decidieron organizar estos nuevos batallones en función del origen de sus integrantes dando lugar a la creación de unidades formadas por criollos, andaluces, catalanes, asturianos, cántabros y, de forma muy destacada, gallegos.

Uniformes de las tropas voluntarias para la defensa de Buenos Aires. https://www.argentina.gob.ar

Uniformes de las tropas voluntarias para la defensa de Buenos Aires. https://www.argentina.gob.ar

La comunidad gallega residente en Buenos Aires a principios del siglo XIX constituía uno de los grupos migratorios más numerosos de la capital y desempeñaban un papel fundamental en la economía local. En su inmensa mayoría, estos emigrantes eran hombres de origen humilde que se ganaban la vida realizando trabajos físicos o regentando pequeños comercios o pulperías, pequeñas tiendas de abastecimiento que funcionaban como centros de reunión social.

A pesar de carecer de cualquier tipo de experiencia en el manejo de armas o en tácticas de combate, estos trabajadores respondieron de forma masiva a la llamada, movidos por el deber de proteger sus pequeños negocios, sus familias y la ciudad que les había acogido.

La responsabilidad de organizar y liderar a este grupo de civiles recayó sobre Pedro Antonio Cerviño, un ingeniero de Campo Lameiro, en la provincia de Pontevedra. Cerviño era una de las mentes más brillantes de la ciudad y había trabajado como cartógrafo trazando las fronteras del virreinato junto al célebre naturalista Félix de Azara, además de haber sido director de la Escuela de Náutica de Buenos Aires.

Pedro Antonio Cerviño. “EL TERCIO DE GALLEGOS” – Horacio Guillermo Vázquez

Pedro Antonio Cerviño. “EL TERCIO DE GALLEGOS” – Horacio Guillermo Vázquez

Su perfil, su capacidad de liderazgo y su prestigio dentro de la comunidad gallega lo convirtieron en el comandante ideal para transformar a 600 civiles en lo que se bautizó oficialmente como Batallón de Voluntarios Urbanos de Galicia, conocido popularmente como el Tercio de Gallegos.

La nueva unidad militar redactó un reglamento interno con 55 artículos que destacaba por incorporar conceptos organizativos muy adelantados a su época como el que establecía que los mandos debían ser elegidos por votación directa de la tropa, a diferencia de los ejércitos regulares europeos, donde los rangos se compraban o se heredaban.

Fusilero del Tercio de Gallegos. https://www.reddit.com

Fusilero del Tercio de Gallegos. https://www.reddit.com

Además, la financiación para adquirir los uniformes, los mosquetes, las bayonetas y la munición necesaria no procedió de las arcas del virreinato, sino que fue sufragada por los propios voluntarios y por donaciones de los comerciantes gallegos más pudientes.

Durante los meses posteriores a su formación oficial, el batallón se sometió a un intenso programa de instrucción militar, recibiendo además para su identificación en combate dos banderas: una que mostraba las armas reales junto a la cruz roja de Santiago, y una segunda bandera que unía el escudo del Reino de Galicia con el de la ciudad de Buenos Aires.

Escudo del Reino de Galicia en una de las banderas del Tercio de Gallegos. “EL TERCIO DE GALLEGOS” – Horacio Guillermo Vázquez

Escudo del Reino de Galicia en una de las banderas del Tercio de Gallegos. “EL TERCIO DE GALLEGOS” – Horacio Guillermo Vázquez

Además, para elevar la moral de esta improvisada tropa durante sus entrenamientos, el Cabildo obsequió a la unidad con una auténtica gaita escocesa que había sido capturada como botín de guerra al 71º Regimiento de Highlanders durante la primera invasión, convirtiendo a los gallegos en el único cuerpo militar de toda la guarnición con el derecho a utilizar este instrumento en batalla.

Pero la intensa preparación y la instrucción tuvo que interrumpirse en el verano de 1807, cuando una flota británica con más de 10.000 soldados, bajo el mando del teniente general John Whitelocke, desembarcó en la ensenada de Barragán con la orden directa de tomar la capital a cualquier precio.

John Whitelocke. https://es.wikipedia.org

John Whitelocke. https://es.wikipedia.org

El asalto británico comenzó a principios de julio, pero la ciudad de Buenos Aires había sido transformada por sus propios habitantes en una impenetrable fortaleza militar. Desde ventanas, balcones y barricadas, tanto civiles como milicias desataron el fuego cruzado sobre las líneas británicas, arrojando piedras, agua hirviendo y cualquier cosa que tuvieran a mano sobre los soldados invasores, acorralados en un entorno de guerrillas urbanas.

El Tercio de Gallegos fue posicionado en uno de los sectores más críticos y vulnerables de la defensa, protegiendo la estratégica Plaza de Toros ubicada del Retiro, un lugar donde los combates alcanzaron mayor brutalidad, ya que los británicos atacaron repetidamente esta posición para intentar flanquear las defensas principales.

Tropas inglesas cruzando el arroyo Las Conchitas, al sur de Buenos Aires. https://www.argentina.gob.ar

Tropas inglesas cruzando el arroyo Las Conchitas, al sur de Buenos Aires. https://www.argentina.gob.ar

Los voluntarios gallegos, atrincherados en los edificios colindantes y en barricadas a pie de calle, mantuvieron la disciplina durante horas, rechazando innumerables asaltos frontales de la infantería enemiga con una firmeza que sorprendió a los experimentados oficiales del ejército británico.

El momento más crítico y heroico para el batallón llegó cuando los soldados ubicados en su primera línea de defensa se quedaron sin munición. En lugar de ordenar una retirada o rendir la posición, decidieron calar las bayonetas en sus mosquetes descargados y salir de sus trincheras y escondrijos para lanzar una furiosa carga cuerpo a cuerpo contra las líneas británicas.

Tropas inglesas en Buenos Aires. https://www.argentina.gob.ar

Tropas inglesas en Buenos Aires. https://www.argentina.gob.ar

Este ataque suicida desesperado logró romper el cerco enemigo, ya que no esperaban este grado de agresividad por parte de una milicia compuesta por civiles, pero con un alto coste en vidas humanas, ya que se saldó con decenas de fallecidos y heridos.

A pesar de todas las pérdidas, su sacrificio permitió retrasar el avance de las columnas enemigas, proporcionando un tiempo vital para que el resto de las fuerzas de defensa pudieran reorganizarse en el centro de la ciudad.

Enfrentamientos en Buenos Aires. https://www.argentina.gob.ar

Enfrentamientos en Buenos Aires. https://www.argentina.gob.ar

El fracaso de la estrategia ofensiva del teniente general John Whitelocke y las brutales bajas sufridas por sus tropas regulares por toda la ciudad, obligaron a los mandos británicos a firmar una rendición incondicional, comprometiéndose a evacuar de manera definitiva el territorio del Río de la Plata y a abandonar para siempre sus ambiciones sobre el virreinato, una condición que jamás cumplieron.

El Tercio de Gallegos fue condecorado por las autoridades y reconocido oficialmente en las reales órdenes emitidas desde la península ibérica, destacando la valentía de unos hombres que habían abandonado sus hogares y oficios para derramar su sangre en defensa de la corona española, pero, sobre todo, en defensa de sus hogares.

La rendición de John Whitelocke. https://www.argentina.gob.ar

La rendición de John Whitelocke. https://www.argentina.gob.ar

El estallido posterior de la Guerra de la Independencia en España contra las tropas de Napoleón generó un vacío de poder institucional que agravó las tensiones políticas entre los españoles peninsulares residentes en América y los criollos nacidos en el continente, dividiendo a la sociedad del virreinato.

En enero de 1809 estalló la conocida como Asonada de Álzaga, un amotinamiento civil impulsado por Martín de Álzaga para deponer al entonces virrey Santiago de Liniers, a quien se acusaba de mantener simpatías con el régimen francés.

El virrey Santiago de Liniers. https://es.wikipedia.org

El virrey Santiago de Liniers. https://es.wikipedia.org

Siguiendo su lealtad institucional hacia los intereses de España, el Tercio de Gallegos decidió apoyar militarmente este levantamiento junto a otras milicias de origen español, enfrentándose de forma directa al todopoderoso Regimiento de Patricios, formado íntegramente por criollos leales a Liniers.

El motín fracasó y el virrey lanzó una dura campaña de represión contra los batallones que se habían sublevado. Santiago de Liniers ordenó el desarme inmediato del Tercio de Gallegos y decretó la disolución oficial de la unidad militar, despojando a sus oficiales de sus rangos y confiscando el armamento que ellos mismos habían financiado.

Fue el final de un batallón que tan solo dos años antes había sido aclamado como los grandes salvadores de la ciudad.

Teniente del Tercio de Gallegos. https://www.fsgallegas.org.ar

Teniente del Tercio de Gallegos. https://www.fsgallegas.org.ar

Los integrantes del Batallón de Voluntarios Urbanos de Galicia no buscaban la gloria, la fama, los grados militares ni el reconocimiento. Aquellos panaderos, estibadores y comerciantes que decidieron enfrentarse al ejército más poderoso y experimentado de su época, lo hacían movidos por algo mucho más simple y poderoso: defender todo lo que tanto esfuerzo les había costado construir.

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Iván Fernández Amil escribe cada semana Historias de la Historia en Quincemil. Consigue sus libros en https://www.ivanfernandezamil.com/libros

Referencias:

es.wikipedia.org

elespanol.com/quincemil

argentina.gob.ar

lavozdegalicia.es

farodevigo.es

diariodepontevedra.es

elcorreogallego.es

laopinioncoruna.es

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