Alumnos el IES Monelos

Alumnos el IES Monelos Quincemil

Educación

Así viven los jóvenes de A Coruña la difícil decisión de elegir su futuro a los 16: "Me da miedo equivocarme"

Estudiantes del IES Monelos deberán tomar la primera decisión importante de sus vidas

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Toda una vida preguntándose qué quieren ser de mayores, pero llega el momento de decidir y casi todos coinciden en la misma respuesta: "No tengo ni idea". De pequeños, la mayoría lo tienen claro: cantantes, actrices, futbolistas o, más recientemente, influencers. Pero con los años las opciones se multiplican y las dudas también, hasta el punto de no saber siquiera qué les gusta realmente.

En plena adolescencia, con apenas 16 años, se ven obligados a tomar una decisión que sienten que marcará el resto de su vida. O, al menos, así lo viven ellos. En Quincemil hemos podido asistir a una charla de orientación dirigida a alumnos que están a un curso de dar el salto a la universidad.

Institutos de la ciudad como el IES Monelos organizan este tipo de encuentros para ayudar a los estudiantes de Bachillerato a conocer las diferentes salidas profesionales. En esta ocasión, antiguos alumnos regresaron a las aulas, convertidos ahora en el mejor ejemplo a seguir.

Una médica, un psicólogo, un profesor y un analista de datos se sentaron frente a sus "antiguos yos". No hace tanto que estaban en su misma situación y, por eso, entienden perfectamente sus dudas.

Porque preguntarse a uno mismo qué le gusta no siempre es fácil. "No lo sé", responden muchos. Puede que disfruten con asignaturas como historia o biología, pero no se ven ejerciendo como profesores o investigadores. Sin embargo, si algo les quedó claro tras la charla es que la decisión que tomen ahora probablemente no coincida con aquello a lo que se dediquen en el futuro.

Los propios ponentes son prueba de ello. Quien hoy trabaja como analista en un banco nunca se imaginó en ese puesto cuando estudiaba matemáticas. O el psicólogo que, pese a ejercer su profesión, decidió matricularse también en Lengua y Literatura Española tras terminar su primer grado. De hecho, la mayoría reconoce que, en una escala del 1 al 10, estaría por debajo del 5 en cuanto a si se imaginaban en su situación actual.

A los 15 y 16 años, con los pies cada vez más en la tierra, empiezan a pensar en aquello que les permitirá ganarse la vida.

Se toman decisiones muy pronto

Luis, Claudia, Álvaro y Catalina son cuatro de los alumnos que asistieron a la charla. "En mi caso estoy bastante perdida. Me gustan varias opciones. Me costó escoger qué bachillerato hacer. Me gusta la economía, la comunicación, me llama el mundo del periodismo", explica Catalina.

Claudia, por su parte, "lo tenía muy claro: enfermería. Pero el año pasado fuimos a un laboratorio y me despertó el interés". Aun así, ha entendido que "no es cerrada la opción que escoja", algo que le tranquiliza.

Álvaro siempre tuvo claro que le interesaban más las ciencias que las letras, pero reconoce sus dudas: "Lo que menos tengo claro son las salidas, cómo aplicar lo que estudio. La psicología me llamó. La charla me ayudó bastante".

El miedo también está presente. "El miedo a que no me llegue la nota y tenga que cambiar el rumbo. Pero he visto gente que llega a la meta por otras vías. Eso me anima", añade Luis.

A estas edades, lo que más pesa es la sensación de tener que decidir demasiado pronto. "El mayor miedo es equivocarse. Se toman decisiones muy pronto. Lo que más miedo me da no es la carrera, sino especializarme en algo. Es más definitivo", reflexiona Álvaro.

Cómo ayudan los centros a orientar a los alumnos

Más allá de estas charlas, centros como el IES Monelos están reforzando la orientación con programas estructurados. En una segunda fase, organizan talleres centrados en el autoconocimiento, la gestión emocional y la resiliencia, con el objetivo de que los estudiantes comprendan mejor sus intereses, aprendan a manejar la frustración y refuercen su seguridad personal.

A esto se suman sesiones específicas para después de Bachillerato, en las que se les informa sobre las distintas opciones académicas —desde grados universitarios hasta formación profesional— y se les anima a diseñar un plan A, pero también un plan B.

El proceso se completa con programas de mentoría intergeneracional, en los que antiguos alumnos acompañan a los estudiantes actuales. Este contacto directo favorece la confianza, ofrece referentes realistas y permite abordar dudas de forma más cercana, fomentando habilidades como la toma de decisiones, el pensamiento crítico y la autonomía personal.