Torre Esmeralda

Torre Esmeralda Luis Santalla

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La torre Esmeralda de A Coruña

A finales de la década de los sesenta, el arquitecto Ramón Tenreiro Brochón proyecta la Torre Esmeralda en la plaza de la Palloza. Con sus 70m de altura puede interpretarse como una de las torres de la ciudad, pero lo más reconocible es su color verde Esmeralda

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A veces, parece que la vida sería mejor habitando un cuadro de Norman Rockwell. Sus pinturas o ilustraciones transmiten tranquilidad, comunidad o familia incluso cuando retrata temas de carácter político. Hay una cierta atmósfera de tranquilidad y solidez. En su calidez parece que no hay nada que temer. Reflejo aparente de la sociedad estadounidense de la primera mitad del siglo XX, es en realidad una imagen en cierto modo aspiracional. A principios del siglo XX se populariza en EEUU la novela “El maravilloso Mago de Oz” (1900) de L. Frank Baum que posteriormente llevaría al cine Victor Flemming en 1939. Las imágenes de la película protagonizada por Judy Garland, se han convertido en icono popular y en metáfora de numerosos relatos muy alejados de la ficción. Las diferentes interpretaciones de este mundo de Oz en paralelo con la obra de Rockwell permiten leer una realidad diferente. Los conceptos que reflejan describen una realidad política y social de trasfondo que oscilan desde la ‘ilusión de poder’ al populismo, los derechos sociales o los prejuicios culturales.

El relato es una herramienta de registro, es decir, una manera de narrar desde varias voces que terminan por construir una historia común a la sociedad. Pero el relato, aunque alude a la narrativa, no está necesariamente compuesto de palabras, sino que es un medio de expresión aplicable a diversas disciplinas como la pintura, la música, el cine o la arquitectura. Por eso, casi en cualquier forma de expresión se puede leer la historia.

“¡Vaya! Y decís que estamos progresando. SI mañana un volcán abriese su bocaza en Montmartre y lanzase sobre París un montón de cenizas y una tumba de lava, como en otro tiempo hiciera el Vesubio en Estabia, Pompeya y Herculano, y cuando, dentro de unos miles de años, los arqueólogos de esa época hicieran excavaciones y exhumaran el cadáver de la ciudad muerta, decidme qué monumentos habrían quedado en pie para testimoniar del esplendor de la gran enterrada” - Giacomo Leopardi

Foto: Luis Santalla

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La idea de que la civilización pueda desaparecer dejando un legado puntual a través del arte y la arquitectura es una constante que perturba al ser humano cuando analiza su herencia en términos cuantitativos y emocionales. La lectura que en un futuro se pueda hacer de aquello que ahora representamos como civilización. En el Mago de Oz, el camino de sus protagonistas hacia la ciudad Esmeralda, se puede interpretar de formas diversas y así ha sido con el paso del tiempo. De la misma manera, las pinturas de Rockwell se han leído una y otra vez de formas diversas. La arquitectura que construye la ciudad se puede leer de formas diversas, y el paso del tiempo altera esa lectura, por ello las obras articulan en su génesis conceptual una vocación metafórica. La voluntad de introducir claves en la creación de una obra permite que esta mantenga una esencia que no altere su lectura con el paso del tiempo.

Foto: Luis Santalla

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“Los juegos con el tiempo y la memoria, tan del gusto del ambiente bergsoniano de la época, como las ruinas entre las que vive Estambul, solo nos permiten disfrutar como placer estético de la ilusión efímera de cómo podría seguir vivo ahora el pasado.” - Ohran Pamuk, Estambul. Ciudad y recuerdos

En la década de los sesenta se produce en A Coruña una profunda transformación. El plan urbanístico de 1967 consolida y abre el camino para el crecimiento en altura de la ciudad. En aquellas áreas hacia las que la ciudad está creciendo se verán más influidas por este cambio de escala. En el barrio de Cuatro Caminos donde el tejido industrial comienza a desmantelarse en favor de otras ubicaciones. Al igual que sucedería unos años más tarde en Zalaeta o en el Orzán, Cuatro Caminos comienza a liberar grandes parcelas construibles, lo que permite no solo crear un nuevo tejido, sino renovar la forma en la que este se desarrolla. En estas áreas aparecen obras de gran escala, torres que transforman el costumbrismo en vanguardia. Las arquitecturas industriales dan paso a edificios de gran tamaño.

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla

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La torre Esmeralda

La Torre Esmeralda construida entre 1963 y 1971 fue diseñada por el arquitecto Ramón Tenreiro Brochón. Hijo del arquitecto Antonio Tenreiro Rodríguez, autor de obras tan singulares como el Banco Pastor, la casa Bailly o la casa Barrié junto con su socio Peregrín Estellés, Ramón Tenreiro sigue la tradición familiar. La rica formación de Tenreiro así como su experiencia junto con su padre y sus hermanos le permite desarrollar una arquitectura de vanguardia que moderniza la imagen de la ciudad. Cuenta con 20 plantas y una altura total de 70m que alberga 76 viviendas.

La torre esmeralda ocupa una parcela que da hacia la plaza de la Palloza y hacia la cuesta de la Palloza. Formando esta esquina, la parcela proporciona frentes desiguales, muy estrecho hacia la plaza de la Palloza y amplio hacia la cuesta de la Palloza. Esto motivó que, al plantear una obra de gran altura, la esbeltez volumétrica se haga más presente en la fachada hacia la plaza de la Palloza. Con estos condicionantes, el arquitecto desarrolla una composición muy rígida y contundente que, además se subraya con la presencia de un color intenso. La planta del edificio es casi rectangular, por lo que el volumen se eleva como una extrusión de la planta. Para desmontar la masividad del volumen, este se divide en dos bloques de tal manera que es posible comprender el conjunto de una manera más amable e integrada en la ciudad. Frente a la plaza de la Palloza el edificio presenta una gran altura, que define una torre en esquina, su continuidad se mantiene reduciendo ligeramente su altura hacia la calle lateral. Homogeneidad estética y volumetría se mezclan en un equilibrio que funciona.

Este contraste es posible debido al uso de una solución constructiva singular y, entonces, símbolo de la arquitectura moderna: el muro cortina. En A Coruña, el uso del muro cortina, se puede comprender como una reinterpretación más de la galería tradicional. El muro cortina es una envolvente que permite dar solución a la piel del edificio colgándolo de sus forjados, por lo que, para ello, es necesario contar con una estructura de vigas y pilares en lugar de muros de carga. Este concepto es el principal matiz entre la galería tradicional y el muro cortina. Desarrollado en aluminio, el muro cortina es una solución sencilla que permite introducir los huecos necesarios. Los machones ciegos se convierten así en el elemento creativo que permite dotar de expresividad al edificio. Tenreiro Brochón elige un panelado verde para dotar de identidad a la obra. Los nervios verticales que constituyen la estructura del muro cortina se hacen visibles desde el exterior de tal manera que aún se subraya más la verticalidad de la obra.

Foto: Luis Santalla

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Coronas y colores

Los bajos de la torre, así como las dos primeras plantas se destinan a uso comercial y empresarial, de tal manera que el volumen residencial se eleva sobre este haciéndose visible con un ligero vuelo sobre el plano de fachada. El conjunto conforma una fachada tersa que tan solo se ve interrumpida por pequeños salientes que crean ‘miradores’ lineales descentrados y no simétricos respecto al plano de fachada. El edificio se corona con una gran pérgola de hormigón armado que se apoya sobre pilares esbeltos, de tal manera que aparenta estar flotando sobre el volumen. Este espacio, de uso comunitario incorpora la marquesina como un elemento de sombra necesario, pero este funciona también como una cornisa abstracta. Este mismo gesto se reproduce en el cuerpo de menor altura, cuya percepción, a pesar de mantener una escala sustancialmente mayor que algunos edificios colindantes, tiene una proporción más cercana a un edificio de viviendas común.

Foto: Luis Santalla

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El uso del color era común en estas obras desarrolladas a finales de los sesenta y principios de los setenta. Obras icónicas como el edificio Pernas, o las propuestas desarrolladas por Severino González, incorporaron el color de manera protagonista en sus propuestas, como un elemento conceptual más de la génesis de proyecto. El color verde esmeralda de la torre diseñada por Tenreiro Brochón es uno de esos elementos que permanecen en el tiempo, aunque las lecturas cambien. La escala, los detalles constructivos o la materialidad pueden ser cuestionables con los años y las nuevas perspectivas en torno a la vivienda, la sostenibilidad o las formas de vida en la ciudad. Pero el color es una característica que humaniza y caracteriza a la obra, determinando el proyecto. La torre Esmeralda recibe el nombre de su color y, genera en torno a si misma un aura que siempre permanece.

Foto: Luis Santalla

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El deseo de no acabar el proyecto

El arquitecto portugués Álvaro Siza escribía que “en cada arquitecto existe un deseo de no acabar el proyecto”, quizás porque esta situación tenga que ver con la obra abierta, inacabada, la que todavía alberga posibilidades de ser mejorada. Esta situación, sin embargo, crea una incertidumbre utilitaria, y es que a medida que se siga trabajando el proyecto este irá adaptándose a la coyuntura sociocultural de cada momento. Es decir, su concepto no será rotundo y sólido, sino que este se verá constantemente trasformado diluyéndose. Puede que esta sea una inteligente forma de evitar las interpretaciones del proyecto en base a su capacidad adaptable, pero significa también la desaparición del concepto. En el Mago de Oz, el camino de baldosas amarillas se dirigía a la ciudad Esmeralda, porque esta era un concepto capaz de proporcionar la respuesta a un conjunto de necesidades. Al finalizar el camino, la ciudad Esmeralda transformó dicha interpretación en quienes llegaron a ella. La ciudad cambia, pero sus habitantes siempre la verán como un proyecto inacabado, como uno que pueden transformar para adaptarla a sus necesidades. Aquellos edificios que aún mantienen conceptos sólidos son los que sirven de apoyo para construir la narrativa cultural de quienes habitan la ciudad.