El edificio actual

El edificio actual Luis Santalla

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El edificio de Almacenes La Espuma en A Coruña

Los almacenes la Espuma, se encontraban en un singular edificio situado en el número 55-57 de la calle San Andrés. El carácter único de esta obra racionalista se ve subrayado por su autoría, ya que Eduardo Rodríguez-Losada, su arquitecto transforma su lenguaje hasta entonces ecléctico para proyectar una obra racionalista.

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El escritor Leon Tolstói decía que “el único conocimiento absoluto que puede tener el hombre es que la vida no tiene sentido”, y es que a pesar de que el ser humano construye y reconstruye su forma de habitar el lugar, también se empeña en destruirlo y destruirse con la misma tenacidad y constancia. Esta contradictoria situación que genera sufrimiento y dolor se manifiesta a través de la cultura en ocasiones con intensidad y otras con la desidia propia que crean las aflicciones prolongadas en el tiempo. La arquitectura muestra a través de su lenguaje cómo los tiempos y los seres humanos dan forma a la historia y, a veces, es sencillo leer un pensamiento, una intención o incluso, un enfrentamiento. En las obras clásicas, parece que la lejanía del tiempo disuelve la gravedad de los hechos que narran las obras. En aquellas que se acercan más al presente, las emociones que transmite el lenguaje de la arquitectura aún se sostienen.

“Ahora sólo ocupaban su espíritu cuestiones inmediatas y prácticas, sin relación alguna con el pasado. Y tanto más ávidamente se aferraba a esos problemas cuanto más se ocultaban y alejaban de él sus ideas de antes. Como si aquel cielo infinito que se elevaba sobre él se hubiera convertido repentinamente en una cúpula baja y definida, que lo oprimía, donde todo era evidente y no había nada eterno ni misterioso.” - Leon Tolstoi, Guerra y Paz

Mirar la ciudad, con cierta curiosidad, descubre en los ojos de quien la lee una historia que le atraviesa, especialmente si esta es su hogar. Es precisamente en la lectura comparada de los diferentes edificios que conforman la ciudad, la que permite, mediante un cierto espíritu crítico, comprender el espíritu de una época o los sentimientos de quienes querían mostrar cómo era aquel momento de la historia en la que estaban vivos. El racionalismo, fue un estilo arquitectónico austero en términos ornamentales, pero rico en formas y dinamismo. Promovido por la Ley Salmón, a pesar de ser una ley de Trabajo, este estilo se popularizó rápidamente, sostenido también por su optimización presupuestaria. Este estilo comenzó a desarrollarse en la década de los treinta, y continuó utilizándose a pesar de la Guerra Civil y la escasez de la posguerra ya que resultada económico y funcional. Muchos arquitectos que habían comenzado su carrera con un lenguaje ecléctico o modernista lo transformaron para adaptase a los tiempos. Este cambio, es una muestra de versatilidad profesional, pero también de la necesidad de adaptarse a los lenguajes culturales de cada instante. Cada ciudad se apoya en la memoria de quienes la construyeron, pero se adapta al tiempo que vive en todas sus facetas estructurales, funcionales, estéticas y morfológicas para no quedarse anclada en un anacronismo vívido.

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla Luis Santalla

“Opino con los romanos de antaño que el general de hoy debe ser mañana, si es necesario, soldado raso.” - Thomas Jeffersson

En número 55-57 de la calle San Andrés se encuentra un edificio obra de Eduardo Rodríguez-Losada. Construido entre 1934 y 1935, su estética no parece ser propia de la obra de Rodríguez-Losada quien había desarrollado su profesión con un lenguaje ecléctico y modernista hasta aquel momento. Resulta sorprendente esta adaptación profesional, ya que en una mirada comparativa de su obra, esta obra difiere mucho de otras como la Casa Cortés (1918), la Casa Escariz (1925-1930) o Villa Felisa (1924). La ausencia de ornamentación y los volúmenes sencillos frente a la profusión decorativa y la fragmentación ecléctica o modernista revelan un fuerte contraste perceptivo y una gran evolución.

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla Luis Santalla

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla Luis Santalla

Almacenes la Espuma

Este edificio, situado en plena calle San Andrés, fue promovido por Alejandro García para la creación de los Almacenes La Espuma. Un edificio exento y singular que Rodríguez-Losada ideo en estilo ecléctico y fue poco a poco depurando hasta dotarlo de su imagen racionalista. Inicialmente el proyecto estaba dotado de cinco plantas y bajo, estableciendo una clara jerarquía compositiva que se mostraba a través del lenguaje ecléctico: la planta baja y planta primera se unían creando un efecto zócalo de grandes dimensiones; las tres plantas siguientes volaban ligeramente sobre este zócalo con una decoración que subrayaba dicho vuelo con canecillos profusamente decorados; la última planta funcionaba como cornisa coronada al mismo tiempo con una gran balaustrada. Además de esta composición vertical, el edificio contaba con un planteamiento simétrico, en el que se dotaba de especial protagonismo al centro de la fachada marcando así la entrada y el remate superior. Cada una de las cornisas horizontales o de los elementos verticales contaban con ornamentación que reforzaba la verticalidad del edificio, pero también buscaba destacar elementos singulares como los huecos de la última planta, o los cambios de jerarquía entre zócalo, cuerpo y cornisa.

Propuestas del edificio, vía ARG

Propuestas del edificio, vía ARG Luis Santalla

En las propuestas que siguieron a esta, Rodríguez-Losada eliminó la ornamentación, manteniendo la estructura compositiva del edificio. Poco a poco fue simplificando la ornamentación, desprendiéndose de las cornisas, de los elementos de refuerzo compositivo vertical o de recercados. La última de las propuestas, la que se ejecutó, transforma por completo estos planteamientos iniciales dotándola de dinamismo y simplificando los planos de fachada. El proyecto resultante es un volumen que mantiene vagamente los cambios de plano originales, es decir: zócalo, cuerpo y cornisa. Para crear la cornisa, en lugar de significarla mediante una compleja ornamentación, preveía un cambio de material, que finalmente se materializa mediante dos cornisas impostadas. La ornamentación vertical se sustituye por un pequeño retranqueo de los dos huecos centrales. Las aristas se curvan creando sensación de dinamismo, especialmente notable al tratarse de un edificio exento. Además, se modificó la disposición de huecos, colocando grandes huecos en las aristas curvas y simplificando su número en los tramos planos de fachada. En este último proyecto se incluye además un elemento distintivo, se introdujo una marquesina que separaba la planta baja de la primera sobre la que se colocaría el nombre del establecimiento. La planta del edificio es sencilla, produciendo un volumen de aspecto simple, muy equilibrado y de proporciones sencillas. Esta obra resulta muy singular en la trayectoria profesional de Rodríguez-Losada, quizás por ello no es un edificio racionalista más, sino una obra que muestra una transformación profesional y adaptación al lenguaje arquitectónico del momento a pesar de una carrera profesional que se ha realizado siguiendo otros cánones estéticos.

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla Luis Santalla

Foto: Luis Santalla

Foto: Luis Santalla Luis Santalla

Desprenderse

El racionalismo despoja de ornamento a la arquitectura en favor de una composición pura, en la que la estética se apoya en otros conceptos de mayor abstracción figurativa como la luz, la escala o el espacio que, sin embargo, son perceptivamente más impactantes que la decoración. Una obra de arquitectura en la que no existe la ornamentación apela a un pensamiento más profundo, y a una integración fenomenológica perdurable.

“Pues bien, cuando quieras calcular el auténtico valor de un hombre y conocer sus cualidades, examínalo desnudo: que se despoje de su patrimonio, que se despoje de sus cargos y demás dones engañosos de la fortuna, que desnude su propio cuerpo. Contempla su alma, la calidad y nobleza de esta, si es ella grande por lo ajeno o por lo suyo propio” Séneca, Cartas a Lucilio

Desprenderse del ornamento, como alentaba Adolf Loos en ‘Ornamento y delito’ es quizás una mirada radical e intransigente. Pero en su justa medida, la austeridad que tiende al equilibrio a través de una composición elegante determina un espacio de trabajo interesante en términos arquitectónicos. El material, la luz o la escala comienzan a estructurar la obra dotando al proyecto de una narrativa orgánica que se integra de una manera más natural en su entorno. La ornamentación dirige la interpretación de la obra, mientras que el trabajo con elementos más abstractos la abre a la percepción del usuario y sus emociones. Una obra desnuda hace visibles sus cualidades, sean estas cuales sean.