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Dípataca: La marca gallega y sostenible para reflexionar y "poner de moda el planeta"

Camisetas de algodón orgánico, tazas o bolsos de materiales reciclados son algunos de los productos que Dolores Caamaño diseña para esta firma que homenajea los orígenes de su creadora y que va más allá de la vestimenta con acciones de divulgación sobre las consecuencias del consumismo
Dolores Caamaño posa con varios productos de Dípataca.
Gesico Mato
Dolores Caamaño posa con varios productos de Dípataca.
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Pataca. Así llamaba a Dolores Caamaño su padre cuando era pequeña y así ha querido bautizar su marca de moda sostenible, una propuesta con la que también quiere concienciar sobre la importancia de pensar antes de consumir. "¿Qué planeta le queremos dejar a nuestros hijos? ¿Y qué hijos le queremos dejar a nuestro planeta? ¿Otros como nosotros, que nos lo estamos cargando?", reflexiona la responsable de la firma gallega.

"Mi padre me llamaba Pataca porque cuando nací era redonda y morena como una pataca. Me llamó así toda la vida", explica la coruñesa, que nació en Suiza. Precisamente, una anécdota en este país originaría el nombre completo de la marca. Y es que a ella la cuidaban unos alemanes y apenas hablaba castellano o gallego, por lo que su progenitor siempre le decía "Di mamá, di papá, di pataca".

Una tarjeta de Dípataca hecha con materiales reciclados (Gesico Mato).

La marca es una forma de recordar esos momentos y un apodo que siempre va estar con ella. El nombre de la marca lo puso el padre de Dolores Caamaño y la tipografía, su madre. "El logo, tal cual, es la letra de mi madre", indica la responsable de Di Pataca, que añade: "El eslogan Dípataca y sonríe fue con el comencé tras el confinamiento para transmitir un poquito de alegría, un sí podemos, para adelante. Usé también un poco el juego de palabras de cuando te vas a sacar una foto".

Un nacimiento casual

"No había una intención de crear un negocio o de emprender", explica Caamaño, que trabaja desde hace años en una tienda de telefonía. Esta coruñesa tenía previsto inaugurar una exposición de arte el 14 de marzo de 2020, pero la irrupción del coronavirus lo cambió todo. Así, Caamaño se planteó la posibilidad de trasladar sus cuadros y dibujos a las prendas o bolsas de algodón, entre otros productos, para regalarle a las personas que asistiesen a la muestra una vez retomada la actividad normal tras la pandemia.

Dolores Caamaño trabajando en su proyecto (Gesico Mato).

La idea tomó forma poco a poco y esta emprendedora comenzó a tantear diferentes proveedores y pequeñas empresas locales con las que colaborar. La firma de serigrafía Pegadas, situada en Pocomaco (A Coruña) le facilitó un catálogo de Stanley Stella, que trabaja con algodón orgánico. "Tenía claro que, si hacía algo, lo haría de calidad", indica con firmeza Caamaño.

La marca, sin embargo, comenzó a crecer y el éxito que tuvo en Carballo, donde reside, la llevó a plantearse la creación y diseño de nuevos productos. Ya más concienciada sobre la importancia de promover un consumo responsable, la coruñesa investigó sobre los diferentes materiales orgánicos y reciclados que podía usar y conceptos como la moda sostenible, la moda lenta o la fast fashion. Nacía así el proyecto que hoy desarrolla.

Los productos de Dípataca

"Yo antes era consumidora de ropa. Compramos camisetas de dos euros que después de lavarlas quedan hechas un asco, pero pensamos que total, para lo que cuestan, nos compramos otra. No nos damos cuenta de que con esto estamos fomentando una industria que es contaminante para las personas y para el planeta", reflexiona Caamaño.

Las prendas que propone Dípataca son básicas y atemporales, pensadas para poder usar tanto hoy como "en diez años". Pongamos de moda el planeta es el nuevo eslogan de esta marca gallega que tiene más claro que nunca la importancia de promover la sostenibilidad. Precisamente, la coruñesa quiere concienciar sobre la importancia de comprar poca ropa duradera y de calidad frente a la cantidad y el usar y tirar.

Las camisetas de Dípataca son de algodón orgánico y las frases que llevan están escritas con tintas vegetales. Las primeras que lanzó Caamaño tenían un diseño básico, pero el éxito inicial y la demanda de sus clientes la llevó a lanzar una colección infantil a la que denominó Pataquinhas, de donde salieron también los bodis. Los chicos fueron los siguientes en poder ponerse una de las prendas de esta marca sostenible, que apostó en este caso por una verde y un polo camisero en blanco. "No juego demasiado con colores, son neutros, que se pueden mezclar con otro tipo de prendas", explica la promotora de la iniciativa.

Las camisetas para chico de Dípataca (Gesico Mato).

Las bolsas y los neceseres están elaboradas, en la mayor parte de los casos, con materiales reciclados y certificados y al igual que la ropa, se producen en pequeñas cantidades. La coruñesa también tiene a disposición de los clientes tazas, que creó con la idea de poder comenzar el día bebiendo de una taza de Dípataca, mientras que la colección Amoriño de los cuadros representa la maternidad y está dedicada a los dos hijos de la responsable de la marca.

Un proyecto solidario

Caamaño siguió dando rienda suelta a su creatividad y además de aplicar los conocimientos adquiridos en materia de sostenibilidad a sus prendas de moda, apostó por crear productos de papelería a partir de materiales reciclados en los que plasma sus dibujos. Las tarjetas de felicitación o de bienvenida, así como los cuadernos, son otras de las propuestas de esta mujer que apuesta por lo "hecho a mano".

Esto le permite facilitarle al consumidor un pack completo en el que se incluye no solo la camiseta sino también una tarjetita personalizada, además de un regalo solidario cuyo importe se destina íntegramente a una ONG. "Actualmente colaboro con ¿Por qué no?, que está en Novo Mesoiro, y con Peludos Negreira, que es la protectora de gatos y perros abandonados donde yo adopté al mío", explica Caamaño, que añade: "Colaboramos juntos en proyectos a favor del desarrollo o la educación".

Las personas interesadas en adquirir alguno de los productos de esta marca gallega pueden ponerse en contacto con su responsable a través de Instagram o Facebook, así como de su correo electrónico, para pedirle la camiseta de algodón orgánico o la libreta de material reciclado que más les guste. El envío, totalmente personalizado, llega en unas bolsas compostables con las que Caamaño busca minimizar el impacto medioambiental de las ventas.

Divulgación de la sostenibilidad, fundamental

El proyecto de Caamaño fue tomando forma poco a poco y la coruñesa decidió llevar valores como la sostenibilidad más allá de sus productos, dando paso a acciones de divulgación para concienciar sobre las consecuencias del consumismo y de la denominada moda rápida. "Algo tiene que fallar para que una prenda cueste dos euros y la empresa gane", reflexiona la emprendedora.

Uno de los productos con mensaje de Dípataca (Gesico Mato).

Educar e informar son dos de las herramientas más importantes para proyectos sostenibles como el de Caamaño, que indica que todavía queda mucho camino por andar para lograr una concienciación plena sobre el problema. A esto habría que añadirle, además, los precios, ya que una prenda de algodón orgánica es mucho más cara que otra sin ningún tipo de garantía sobre su procedencia respetuosa con el medio ambiente. "Antes de comprar hay que pensar si lo necesito o si puedo comprar un vaquero que en vez de costarme 8 euros me cuesta 50 pero esté reciclado y no tenga tintes artificiales. Este vaquero va a tener un corte más atemporal y me va a durar muchísimo más tiempo, y no es algo que te compres todos los meses", ejemplifica la responsable de Dípataca.

Dolores Caamaño con una de las camisetas de Dípataca (Gesico Mato).

"Es la segunda industria más contaminante del planeta. ¿Sabes cuantos litros de agua se gastan para elaborar una sola camiseta de algodón? 2.900 litros de agua", indica la creadora de Dípataca. El algodón orgánico está cultivado sin químicos ni aditivos, por lo que no resulta perjudicial para la gente que lo cultiva y necesita menos lavados, ahorrando una gran cantidad de agua. "Lavar otra prenda equivaldría a final del año a 32 millones de piscinas olímpicas. ¿A dónde va esa agua que lleva tanta química?", reflexiona Caamaño.

Otro de los factores fundamentales en la forma de proceder de esta marca es la protección de "la dignidad y la salud" de los trabajadores del sector textil. Aquí, indica Caamaño, es fundamental prestar atención a la procedencia de las prendas y no solo al material con el que están elaboradas. "Las etiquetas, por ejemplo, están hechas en un negocio al lado de mi casa donde la costurera las borda y las cose porque la producción es local", explica la responsable de la firma gallega que ha llegado para dejar huella y contribuir al cambio.

La taza Amoriño de Dípataca (Gesico Mato).
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