El Español
Opinión

A Mark se le cayó el servidor

Una reflexión sobre los problemas técnicos de Facebook, Instagram y Whatsapp de esta semana, sus consecuencias y cómo la vida cambió durante unas horas
Pablo Grandío
Por Pablo Grandío

Todo el que tenga un familiar, amigo o pareja con un negocio en Internet o que dependa en parte de la red, sabe que a veces se caen los servidores y que son minutos u horas de mucho nerviosismo. Los ordenadores se cuelgan, los routers se desconfiguran, la luz se va y los errores muchas veces son humanos, y en ocasiones con consecuencias catastróficas. Hubo numerosas empresas gallegas (miles en todo el mundo) que lo perdieron todo cuando hace unos meses se quemó un centro de datos en Estrasburgo. La caída del pasado lunes con Facebook, Instagram y Whatsapp ya había pasado antes, pero nunca durante tanto tiempo (unas 7 horas, un mundo en el ciberespacio), y desde luego afectando a tantas personas (más de 3.000 millones,  prácticamente media humanidad).

Resulta que a Mark (Zuckerberg) se le cayó el servidor, y de qué manera. Sin entrar en más detalles, parece que por un error humano (o sabotaje) se configuraron mal las redes internas de Facebook, y el lío para poder solucionarlo fue tremendo. En resumidas cuentas, los técnicos que estaban en los centros de datos podían arreglarlo pero no tenían las contraseñas, y las personas que tenían las contraseñas estaban a cientos de kilómetros de los centros de datos. Estoy seguro de que mucha gente se puso muy nerviosa, y quizás hubo que fletar algún que otro jet privado para que los informáticos con las contraseñas fuesen a introducirlas a los centros de datos, y de ese modo Mahoma fuese a la montaña (difícilmente esa montaña iba a ir a Mahoma).

Al día siguiente la noticia era que las acciones de Facebook se habían resentido en un 5% y que Mark Zuckerberg había perdido nosecuantos millones, pero realmente la semana ha terminado con las acciones de la compañía algo mejor, porque se han ido recuperando (pese a que ayer viernes hubo otra caída de un par de horas en Instagram). Sin embargo, la empresa líder en redes sociales lleva un tiempo en el ojo del huracán al haberse producido filtraciones por parte de la ex directiva Frances Haugen: básicamente dice que Facebook es una empresa sin escrúpulos, como muchas otras, pero que además está haciendo un daño masivo a la sociedad al contribuir a la polarización, a los bulos y a los problemas de autoestima, especialmente entre los más jóvenes. Por ese motivo las acciones de la compañía están con una tendencia a la baja las últimas semanas.

Pero lo que quería señalar no es esto, que le queda un poco grande a un diario regional de Galicia, sino lo mucho que esa caída cambió la vida para millones de personas durante solo unas horas. Alteró la rutina más para los españoles y los latinoamericanos que para los propios estadounidenses, porque en Norteamérica Whatsapp no es la plataforma dominante, pero en todo el mundo hispano sí lo es. Durante la tarde y la noche del lunes, los jóvenes no tuvieron Instagram, los ya no tan jóvenes se quedaron sin Facebook, y todos tuvimos que sobrevivir sin Whatsapp.

Se habla mucho y comprensiblemente de la gran cantidad de datos personales de nosotros que tienen las redes sociales, pero no demasiado de lo mucho que hemos acabado “dependiendo” de ellas; entendiendo la dependencia por una mezcla entre hábitos ya muy arraigados y hasta casi inconscientes (en los ratos muertos mucha gente mira Facebook o Instagram, algunas veces de manera compulsiva) y la elección voluntaria de un sistema de comunicación para realizar tareas (Whatsapp, sobre todo desde que lo hay para escritorio y con el aumento del teletrabajo, se ha convertido en una herramienta de comunicación interna en empresas) o mantenerse en contacto semipermanente con los amigos. En aquellas horas del lunes la gente se llamó por teléfono, numerosas noticias de medios de comunicación no se consumieron y muchos influencers temblaron de miedo.

Podría haber sido peor. Podría haberse caído Google. Y no me refiero solamente al buscador, que ya sería catástrofe para muchos, sino que lo que le ha pasado a todos los sistemas de Facebook le pasase a todo Google, enterito, durante 6 o 7 horas. Al Google Mail que usan tanto millones de personas como de empresas, a la suite de aplicaciones de Google Drive de la que dependen cientos de miles de trabajos en el mundo, a las notificaciones de todos los móviles Android, a los cientos de miles de clientes de sus servicios de Cloud, a Google Maps y todas las aplicaciones que tiran de él, a Google Ad Manager y el enorme porcentaje de banners que sirve en el mercado mundial de publicidad online, y finalmente también a Youtube (que, en perspectiva, sería lo de menos). Aquello sí sería histórico y tendría verdaderas consecuencias.

Pablo Grandío
Pablo Grandío
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Pablo Grandío es fundador y director de Quincemil, consejero de El Español y fundador y director del portal de videojuegos Vandal.