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Opinión

La trampa de pensar que Twitter es muy importante

La red social que va a comprar Elon Musk nunca ha sido ni de lejos tan relevante como Facebook, Instagram o incluso LinkedIn. Y especialmente en España, donde es desde hace años simplemente una red de nicho
Pablo Grandío
Por Pablo Grandío

Elon Musk va a comprar (probablemente) Twitter y los cambios que este mega multimillonario haga en esa red social pueden cambiar el destino del mundo… o simplemente no tener casi ninguna importancia. En su momento, hace quince años, Twitter era una red social emergente con un gran potencial, pero el paso del tiempo la ha vuelto cada vez menos relevante, especialmente en España

En Estados Unidos, donde nació y primero creció, continúa siendo un actor importante, pero en el resto del mundo -y sobre todo, España- nunca consiguió llegar a las masas y lleva años perdiendo fuelle. En el caso concreto de nuestro país, se ha convertido en un nicho para políticos, periodistas, influencers y apasionados del cine, las series, los videojuegos y otras materias. Algunos de sus usuarios consideran que Twitter es la red social más importante que hay, pero los datos demuestran otra cosa. Lo que pasa en Twitter, lo que se comenta en Twitter, las últimas modas de Twitter y los épicos zascas de Twitter no tienen apenas impacto en el mundo real. Solo lo tienen en sus usuarios, menguando constantemente en número.

Hay dos grandes culpables de que Twitter ya sea la séptima entre las redes sociales en el mundo occidental (Facebook, Instagram, TikTok, LinkedIn, Snapchat y Pinterest la superan, y no estoy contando ni Youtube, ni Whatsapp, ni Telegram). 

El primero de ellos es Facebook, que en su momento (2009) se apresuró a copiar a Twitter e incluir las actualizaciones de estado, truncando el crecimiento de su rival. Sí, Facebook copió los estados de Twitter. Al principio, en Facebook podías escribir en el muro de tus amigos, pero no hacer tus propias publicaciones para que tus amigos las viesen. Eso que ahora nos parece tan lógico y básico no lo tenía Facebook: lo copió de Twitter. Y por eso Twitter no pudo levantar cabeza en los mercados donde Facebook le llevaba ventaja. Lo mismo -pero mucho más rápido- hizo Facebook al copiar en Instagram las historias de Snapchat. Por eso Snapchat no logró triunfar fuera de Estados Unidos, porque Instagram copió rápidamente su novedad revolucionaria (las stories). La verdad es que Mark Zuckerberg es un poco cabroncete, pero eso ya lo sabíamos por la película. Qué gracioso sería si fuese él, y no Elon Musk, el que comprase Twitter.

El segundo gran culpable es la propia Twitter, que ha hecho un pésimo trabajo a la hora de crear una red social para todos los públicos. La mayor parte de los usuarios de Twitter están inactivos, se hicieron la cuenta en su momento por probar y hace años que ya no entran. De los que siguen entrando, la mayor parte no publican nada nunca. ¿Por qué? Porque Twitter es un entorno extremadamente tóxico donde, si lo que dices tiene algo de repercusión, enseguida diferentes personas aleatorias (a veces incluso imaginarias, es decir, bots) se te van a echar encima porque no piensan igual que tú, por las hipotéticas faltas ortográficas que puedas haber cometido expresándolo, o por lo que deduzcan de tu trasfondo personal mirando tu perfil y los tweets escritos anteriormente. Por ese motivo Twitter espanta a las personas normales y corrientes. Y no busques cosas raras, que las encontrarás. Mejor no doy ejemplos.

A prácticamente ningún usuario que publica hoy en día con algo de frecuencia en Twitter te lo vas a encontrar en el gimnasio, o en el trabajo, o en la discoteca, o forma parte de tu grupo de amigos… salvo que sea influencer, político, periodista, activista, creador de contenido, un poco (o muy) friqui, o aficionado a los sorteos en Internet. En España, la gente de a pie no se “une a la conversación”, recordando aquel eslogan de esta red de hace más de una década. En cambio, en nuestro país muchos millones de personas son usuarios activos e interactúan en Facebook, Instagram, LinkedIn, TikTok o Youtube.

Los datos de Twitter en España

Todo lo anterior son opiniones debatibles, pero los datos las avalan. Según el último informe de The Social Media Family, Facebook cuenta con 21,7 millones de usuarios en España, Instagram tiene 24 millones, LinkedIn cuenta con 15 millones y Twitter tan solo tiene 4,2 millones, tras haber tocado techo en 2018 con 4,9 millones. Es muy importante mencionar que estas cifras se refieren a perfiles, por lo que hay que restar cuentas de marcas, empresas, iniciativas, trolls y bots.

Hay una estadística bastante devastadora en este informe, y es el número de usuarios activos (que han tuiteado algo en los últimos meses) que consideran que tiene la red social. El dato de 2021 es de 796.385 perfiles en España, ni un 2% de la población. Este dato incluye marcas, empresas, medios, bots y trolls, por supuesto. La cifra ha bajado desde un pico de 1,5 millones en 2015.

Evolución de Twitter en España (Fuente: The Social Media Family)

En el mismo informe se dan una serie de datos de usuarios por ciudades españolas. Por poner un ejemplo cercano, según este informe en A Coruña ciudad hay 31.787 perfiles de Twitter, pero solo 6.760 activos. En cambio, hay 160.000 de Instagram y 142.000 de Facebook.

Otros estudios similares arrojan resultados parecidos, aunque no tan negativos para Twitter. Según el último informe de We Are Social y Hootsuite, en España hay 7,5 millones de usuarios de Twitter, 14 millones en LinkedIn, 21 millones en Instagram, 22 millones en Facebook y la friolera de 40,7 millones de usuarios en Youtube. Este informe no se refiere a cuentas creadas, sino a visitantes, y no incluye un dato clave: cuánta gente usa cada red social todos los días.

Este último dato sí lo incluye el informe mensual público de Comscore. En marzo de 2022 y según estos datos promedios, 13,1 millones de personas en España usan diariamente la app de Facebook, 10,8 millones la de Instagram, 5 millones la de TikTok y solo 3,25 millones la de Twitter.

¿Por qué se cree que Twitter importa tanto?

Como puede verse, Twitter es varias veces menos relevante que Facebook, LinkedIn e Instagram. ¿Por qué, entonces, se le da esa importancia? Esto ya no hay forma de demostrarlo con datos, y aquí es donde entra la opinión pura. Yo creo que es una cuestión de percepción, de retroalimentación y del mito de Barack Obama.  Me explico comenzando por lo último.

Uno de los motivos a los cuales se atribuye la gran victoria de Obama en las elecciones del año 2008 es al uso que hizo de Twitter. En aquel momento las redes sociales solo las estaban usando menores de 35-40 años en los Estados Unidos, y Twitter ya era muy importante en el país, pero no se estaba teniendo en cuenta por “el orden establecido”. Obama y su equipo se dieron cuenta del filón y lograron conectar muy bien con una parte del electorado y movilizarlo gracias al gran uso que hicieron de la red social y sus características (hashtags como #YesWeCan). John McCain y Sarah Palin no vieron la oportunidad, y por lo tanto no llenaron Twitter con sus locos mensajes. Esto último fue algo muy positivo para la democracia americana, pero una lástima para la posteridad (ver final del artículo).

A raíz de esto, los políticos comenzaron a usar Twitter masivamente en todo el mundo, y sigue siendo el medio por el que lanzan la mayor cantidad de mensajes. Tan audaz fue el uso de esta red social en 2008 por el equipo de Obama, que Twitter ha quedado en el imaginario colectivo como algo clave para conectar con el electorado. Pero las redes sociales han cambiado mucho en 14 años. Imaginaos si George W. Bush hubiese ganado las elecciones de 2004 contra John Kerry gracias a usar MySpace, y desde entonces todos los políticos lo actualizasen compulsivamente.

Hay otra explicación del gusto de los políticos por Twitter, y es que hay un colectivo que todavía lo usa más que ellos: los periodistas. Esto es normal, porque Twitter es -de lejos- la mejor forma de enterarte de las últimas noticias, sobre todo si algo está sucediendo y quieres seguirlo al minuto. No solo porque todos los medios de comunicación tuitean al momento sus novedades, sino también porque el motor de búsqueda de Twitter es muy potente y es muy fácil enterarse de lo último sobre un tema. Si sabes usarlo, es una herramienta de información tan versátil, o más, que Google. Así que, si eres un político y quieres que un periodista sepa tus últimas novedades, evidentemente tu prioridad es Twitter, ya que el periodista va a enterarse al momento de lo que has dicho. Tus votantes potenciales probablemente no, como ya hemos visto.

Por lo que hablo y vivo casi a diario, el colectivo de periodistas tiene la noción de que Twitter tiene mucha más relevancia y usuarios de los que realmente posee, y esto es algo retroalimentado de manera muy natural: casi todos usan Twitter, y suelen tratar mayoritariamente con otros periodistas en su día a día, que también son en su mayoría usuarios de esta red. Sus compañeros de carrera y de trabajo son periodistas (o viven en el mundo de la prensa), y también tienen Twitter, así que la percepción es que es una red social muy relevante. Los compañeros de profesión que saben que eso no es así son aquellos que tienen acceso a los datos de tráfico web, y comprueban cada día cómo las visitas que provienen de Twitter son entre 15 y 20 veces inferiores a las que genera Facebook.

El hecho de que Twitter sea la red social más usada por los periodistas hace que lo que tenga que ver con la plataforma tenga inevitablemente más repercusión en los medios y se le otorgue una trascendencia mayor. Cuando en 2016 Microsoft compró LinkedIn por 26.200 millones de dólares no hubo ningún debate filosófico, ni apenas ningún artículo de opinión al respecto. Y eso que ya en aquel momento (y ahora, mucho más) era una red social con más usuarios que Twitter. Es cierto que Microsoft es una empresa con prácticas normales y no da tanto juego como Elon Musk, que es un villano de James Bond.

Al mismo tiempo, por este motivo desde el mundo de la prensa se presta mucha más atención a lo que es viral en Twitter que a lo que tiene éxito en otras redes sociales. Aquellas noticias que se hacen en torno a tweets virales (y esto no pretende ser una crítica, porque en Quincemil/Treintayseis lo hacemos bastante) se basan en una viralidad y difusión que es en realidad muy inferior (en términos de número de personas alcanzadas) a la de cualquier publicación de Instagram de un influencer.

Luego hay otras consideraciones. Aquellos usuarios que durante todos estos años han ido teniendo un crecimiento en Twitter tienen un activo: seguidores. Público potencial para sus mensajes y repercusión. Tú empiezas teniendo una cuenta de Twitter con unos pocos seguidores, pero, a partir de un cierto número de followers, es tu cuenta de Twitter la que te tiene a ti. Es tu activo, tienes que mantenerlo y atender las notificaciones, y eso consume una cantidad de tiempo importante. Esto provoca que aquellos usuarios muy activos de Twitter rara vez usen las otras redes sociales, y muchas veces ni siquiera tengan perfiles creados en ellas, creándose una curiosa pescadilla que se muerde la cola. No notan que Twitter se está despoblando, porque los usuarios más activos, aquellos con los que más interactuaban, siguen igual de activos en la red. Lo que se ha ido yendo de la plataforma es la mayoría silenciosa de usuarios que veían y leían, pero no interactuaban. Ahora están en otras redes.

Otro problema adicional es que, por cómo ha evolucionado el algoritmo de Twitter, valían mucho más 1.000 seguidores en 2012 que lo que valen 10.000 en 2022. Antes Twitter era un timeline, tú veías todos los tweets ordenados por fecha de publicación. Ahora, lo que ves es un mejunje algorítimico. Si tienes 20.000 seguidores, rara vez una de tus publicaciones será vista por más de 2.000 de ellos, salvo que sea muy relevante. 

Todas estas opiniones y situaciones pueden cambiar si Elon Musk hace un buen trabajo con su nueva juguete empresa.

Pero, ¿a qué viene esta perorata? A que verdaderamente me sorprende cómo la gente más activa en Twitter desaprovecha el potencial de las otras redes sociales. LinkedIn, por ejemplo, ha evolucionado mucho estos últimos 3 o 4 años. Ha pasado de ser una red de buscar trabajo a una red de compartir contenido de todo tipo, y el entorno es mucho más sano que en Twitter. El motivo es obvio: no hay usuarios anónimos y todo el mundo está sujeto a las mismas condiciones: nombre, apellidos, foto y trazabilidad. Es la red social que más se parece al mundo real. De esa forma, la convivencia es mucho más sencilla y la situación más justa.

De hecho, por cómo está evolucionando, en mi opinión LinkedIn va a convertirse, con el paso de unos pocos meses más, en todo lo que Twitter aspiraba a ser y nunca consiguió: una red social donde todos puedan interactuar con todos y unirse a cualquier conversación de manera constructiva, sin que entre un anónimo como un elefante en una cacharrería y lo estropee todo. Creo que los primeros políticos que se den cuenta de esto, e interactúen de manera natural y correcta en esta red social, verán sus frutos en las próximas elecciones.

Post data: Sarah Palin se hizo muy famosa entre 2006 y 2008 como gobernadora de Alaska y líder del Tea Party, una facción muy de derechas del Partido Republicano. Fue como vicepresidenta en el “ticket” de John McCain en las elecciones de 2008 que perdió contra Obama. En retrospectiva y por desgracia, fue una adelantada a su tiempo. Sus ideas radicales y su forma de comunicarlas se anticiparon 7 años a Donald Trump y 10 años a la ola de populismo de extrema derecha que está amenazando la convivencia en Europa, pero perdió la oportunidad de usar las redes sociales para extenderlas y viralizarlas, como sí han hecho sus sucesores. En aquella campaña electoral, en 2008, Palin predijo que Rusia tarde o temprano invadiría Ucrania, porque “los conozco muy bien, ya que los tengo cerca desde Alaska”, provocando el salvaje cachondeo de toda la prensa americana. En esto fue una visionaria, pero ahora mismo no opina sobre la guerra en Ucrania porque se encuentra muy ocupada haciendo campaña contra la vacuna del coronavirus.

Pablo Grandío
Pablo Grandío
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Pablo Grandío es fundador y director de Quincemil, consejero de El Español y fundador y director del portal de videojuegos Vandal.