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Fata Morgana, el proyecto de una venezolana concebido durante el confinamiento en A Coruña

Valentina Decán llegó a España hace siete años y solo lleva un año viviendo en A Coruña. En pleno estado de alarma se quedó sin trabajo y, en lugar de acobardarse, decidió emprender un negocio digital desde cero
Valentina Decán estás detrás de la empresa Fata Morgana
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Valentina Decán estás detrás de la empresa Fata Morgana
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El efecto Fata Morgana es un espejismo o ilusión óptica que se produce sobre el mar debido a los cambios de temperatura, generando formas e imágenes surreales allá donde el cielo se junta con el mar. Fata Morgana, además de hacer referencia a este efecto óptico, también es el nombre escogido por una joven venezolana para su proyecto creativo de apoyo al pequeño comercio de A Coruña.

Valentina Decán llegó a España hace siete años y solo lleva un año residiendo en Galicia. Esta joven diseñadora gráfica vivió en primera persona las consecuencias de la pandemia ocasionada con el COVID-19 al perder su empleo. Pero lejos de rendirse, aprovechó la ocasión para lanzar su proyecto personal. Fata Morgana Comunicación se dedica a la gestión de redes sociales, fotografía profesional, diseño gráfico y acompañamiento visual para pequeñas y medianas empresas.

"Hoy me siento orgullosa de lo creado, ya que construir algo bueno dentro de todo este caos en el que hemos vivido últimamente, creo que es un éxito", confiesa esta joven quien llegó a Barcelona procedente de La Asunción, capital de Isla Margarita, en el Caribe venezolano.

"En Venezuela era muy feliz pero la situación es muy complicada. No había futuro", comenta Valentina, quien llegó a España con la intención de regresar a su país tras culminar sus estudios. Pero prefirió probar suerte en España: primero en Barcelona y después en A Coruña.

Tras vivir varios años en la capital condal compatibilizando sus estudios en fotografía con sus trabajos esporádicos de camarera y dependienta, Valentina se fue a trabajar a Mozambique con una fundación, donde aprovecho para hacer fotoreportajes -una de sus grandes pasiones-. A su vuelta, esta venezolana decidió asentarse en A Coruña, una ciudad de la que se "enamoró" en su primer viaje.

Imagen de uno de sus fotoreportajes

Ya ubicada en la ciudad herculina, Valentina empezó a trabajar como dependienta en una panadería, pero el estado de alarma coincidió con su final de contrato laboral. ""Se me acabó el contrato. No podía quedarme con los brazos cruzados, así que pensé en qué podía ofrecerle a las empresas", explica esta joven de 31 años, que le puso a su empresa el nombre de la casa familiar: Fata Morgana.

Su empresa arrancó en pleno confinamiento, pero eso no le impidió darse a conocer a través de Internet y del boca a boca. Pronto le empezaron a llegar los primeros clientes: restaurantes, centros de pilates, ópticas.... Hoy en día trabaja con 10 cuentas de pequeños y medianos negocios de A Coruña, a los que ayuda a mejorar su imagen online a través de fotografías y creando contenido de valor.

"Creo que la comunicación visual es importantísima y más hoy en día, por eso ofrezco estos servicios a pequeños emprendedores que también luchan por salir adelante y seguir trabajando", asegura Valentina, una mujer que, al igual que su nombre, es toda una valiente.

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