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Encuentra una valiosa perla morada en una almeja mientras cena en Muros (A Coruña)

Natalia Freire estaba en Casa Sampedro, donde trabaja, cuando encontró la joya
Natalia Freire, cuando encontró la perla morada
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Natalia Freire, cuando encontró la perla morada

A pesar de ser una tierra tan acostumbrada a vivir y comer del mar, encontrarse una perla es algo que no pasa todos los días. Lo es aún más cuando te ocurre mientras estás cenando en un restaurante. Esto es lo que le ocurrió a la muradana Natalia Freire cuando salió a cenar con su novio al local donde trabaja la semana pasada.

Freire confiesa que ese día "tenía un antojo enorme" de almejas a la marinera y fue por eso que ella y su acompañante se decidieron por la Casa Sampedro para cenar. Esta vecina de Muros (A Coruña) pidió para ella una ración entera y fue con el primer bivalvo cuando notó un pequeño objeto esférico. Lo sacó de la boca y lo guardó para después investigar y comentárselo a sus jefe.

La sorpresa fue mayúscula cuando vio que se trataba de una perla morada que en el mercado podría venderse por más de 4.000 euros. "Mis jefes estaban flipando. La cocinera la que más, me dijo que a partir de ahora las raciones de almejas iban a salir más lentas, que iba a inspeccionar cada una de ellas con lupa", señala Freire.

El descubrimiento desató una riada de felicitaciones y preguntas sobre cómo había ocurrido. "Me habla bastante más gente de la que lo hacía antes. Veo muy contenta a mi familia y también al establecimiento. Ha sido muy guay".

Cómo se crea una perla

La ya famosa perla de Natalia Freire vino de una almeja japónica, una especie común en el marisqueo de la ría de Muros y Noia. Los moluscos son los creadores de estas gemas del mar, y en la historia de Galicia se han encontrado en bivalvos como mejillones o vieiras, aunque lo más normal es encontrarlas en ostras.

La formación de ellas es relativamente común. Estos invertebrados se alimentan filtrando agua del mar para conseguir nutrientes y en ocasiones se les puede introducir un cuerpo extraño, como un parásito. Es entonces cuando el molusco reacciona cubriendo a la partícula con una sustancia que se llama nácar.

El resultado final es el pequeño objeto esférico, duro y normalmente de color blanco. El que Natalia Freire haya encontrado uno de color es lo que hace su hallazgo todavía más valioso.

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