Aldea da Barca, pequeño pueblo abandonado y en ruinas situado a orillas del río Miño, en el municipio de Cortegada (Ourense).

Aldea da Barca, pequeño pueblo abandonado y en ruinas situado a orillas del río Miño, en el municipio de Cortegada (Ourense). Shutterstock

Galicia

Galicia, la comunidad con más viviendas vacías de España: ¿por qué hay más de medio millón?

El 28,8% del parque residencial gallego figura como vacío, el doble que la media española. Dos expertos analizan las causas y hasta qué punto estas casas pueden ayudar a aliviar el problema de acceso a la vivienda

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Galicia tiene más de medio millón de viviendas vacías. En concreto, el Censo de Población y Viviendas de 2021 contabiliza 506.370, el 28,8% de las más de 1,7 millones existentes en la comunidad. El porcentaje duplica prácticamente la media española, situada en el 14,4%, y coloca a Galicia a la cabeza del país.

Detrás de esta cifra, sin embargo, se esconde una realidad mucho más compleja que la aparente paradoja de tener casas sin habitantes mientras cada vez más personas encuentran dificultades para acceder a una vivienda. La despoblación, la dispersión territorial, el éxodo hacia las ciudades y el estado de los inmuebles ayudan a explicar un fenómeno que afecta de manera muy desigual al territorio gallego.

También existe un matiz estadístico. El Censo de 2021 introdujo un cambio metodológico respecto al de 2011 y utiliza fundamentalmente el consumo eléctrico para determinar la intensidad de uso de las viviendas. Para Heriberto García Porto, secretario xeral de Vivenda e Urbanismo y director del Instituto Galego da Vivenda e Solo (IGVS), esta modificación obliga a interpretar los resultados con cautela.

"La reducción de las viviendas consideradas secundarias prácticamente equivale al incremento de las clasificadas como vacías", señala. A su juicio, parte de los inmuebles supuestamente vacíos pueden ser en realidad segundas residencias con un uso muy reducido a lo largo del año.

Plácido Lizancos, profesor de la UDC con docencia en Análisis Arquitectónico y Hábitat Básico en la Escola Técnica Superior de Arquitectura da Coruña (ETSAC), pone el foco en otro factor estructural: la particular forma en la que Galicia ha ocupado históricamente su territorio.

Despoblación y diseminación demográfica

"Hay mucha vivienda unifamiliar, mucha vivienda suelta, mucha vivienda diseminada", explica Lizancos. Frente a territorios donde la población se concentra en núcleos más compactos, Galicia cuenta con una enorme dispersión de casas por aldeas y pequeños asentamientos.

A esta característica se añade el vaciamiento demográfico sufrido durante décadas. "La gente se fue y dejó atrás sus viviendas, en mucha mayor medida que en otros espacios del Estado", apunta el profesor.

Para Lizancos, además, no se trata únicamente de perder habitantes. "La Galicia que se vacía no se vacía solo demográficamente, se vacía de servicios, de derechos, de oportunidades para prosperar", sostiene. La consecuencia es que recuperar una casa no siempre resulta atractivo si se encuentra en un lugar alejado del empleo y de los servicios necesarios para desarrollar la vida cotidiana.

Los datos manejados por la Xunta apuntan precisamente en esa dirección. Según García Porto, los municipios gallegos de menos de 5.000 habitantes concentran alrededor de 170.000 viviendas vacías, con porcentajes de desocupación que rondan el 46% o 47% de su parque residencial.

"Hay que reconocer que hay un problema de despoblación y, por lo tanto, son viviendas que se encuentran vacías en sitios donde, lamentablemente, no hay demanda para esas viviendas", explica.

La situación es diferente en las principales ciudades. García Porto señala que A Coruña, Vigo, Pontevedra, Lugo o Santiago presentan, con carácter general, porcentajes de vivienda vacía mucho más próximos a la media española. De ahí que tener más de medio millón de inmuebles contabilizados como vacíos no signifique disponer automáticamente de medio millón de casas capaces de solucionar las necesidades residenciales actuales.

Casas listas para entrar y edificios en ruinas

Tampoco todas las viviendas vacías se encuentran en las mismas condiciones. Una investigación realizada años atrás en la Universidade da Coruña identificó, según explica Lizancos, hasta siete tipologías diferentes.

En un extremo aparecen viviendas que podrían utilizarse prácticamente de inmediato. "Si alguien nos diera la llave, entraríamos y nos pondríamos a vivir dentro", ejemplifica. Pueden ser inmuebles adquiridos como inversión, casas compradas por emigrantes que proyectaban regresar algún día a Galicia o promociones que finalmente no encontraron comprador.

En el extremo contrario están las construcciones con distintos grados de deterioro, desde edificios con daños relativamente pequeños hasta ruinas avanzadas. Entre ambos existen casas que simplemente ya no reúnen las condiciones de habitabilidad actuales y necesitan una rehabilitación.

Lizancos incluye además los denominados "cascarones": promociones o viviendas cuya construcción comenzó, pero nunca llegó a terminarse. A ello suma otra realidad todavía menos visible, la de terrenos completamente urbanizados, con calles, aceras, alumbrado y otros servicios, en los que finalmente apenas se construyó.

"Hay por todos lados en Galicia, aunque hay zonas donde predominan unas sobre otras", señala. Esa diversidad impide, a su juicio, plantear una receta única para recuperar todo ese patrimonio.

"No podremos aplicar la misma solución para los miles de viviendas que hay dentro de las ciudades y que están vacías que para las que están en las aldeas abandonadas del interior de Galicia", resume. Reactivar una vivienda desocupada en el centro de Lugo, ejemplifica, debería resultar mucho más sencillo que devolver población a una aldea completamente aislada.

¿Por qué no salen al mercado las viviendas que sí tienen demanda?

La Xunta identifica otro problema en aquellas zonas donde sí existe demanda residencial. García Porto apunta a la reticencia de algunos propietarios a incorporar sus inmuebles al alquiler.

El director del IGVS atribuye parte de esta situación a lo que considera una "inseguridad jurídica" para los arrendadores. No se refiere únicamente a las "ocupaciones", sino también a los sucesivos cambios legislativos relacionados con el alquiler, que, en su opinión, generan incertidumbre.

"En Galicia el 97% o casi el 98% de las viviendas está en manos de pequeños propietarios, que son muy sensibles ante los cambios normativos y las posibles inseguridades", sostiene. Por ello, defiende la necesidad de "generar un clima de confianza para que el propietario pueda poner la vivienda en el mercado sin ningún tipo de temor".

Una de las herramientas de la Xunta para intentar conseguirlo es Fogar Vivo, el actual programa de movilización de viviendas hacia el alquiler. Según García Porto, alrededor de 250 inmuebles se incorporaron al programa durante su primer año.

Las ayudas pueden alcanzar los 16.000 euros de forma directa y complementarse con beneficios fiscales de hasta 9.500 euros. El programa contempla también apoyo para rehabilitación, seguros frente a impagos y daños y estímulos para alquilar a jóvenes, a cambio de mantener las viviendas en arrendamiento durante cinco años.

A ello se suman otras líneas, como las ayudas de hasta 30.000 euros para rehabilitación de viviendas en el medio rural con la posibilidad de incorporarlas posteriormente al alquiler.

Un país de casas sin gente y de gente sin casas

Plácido Lizancos, profesor de la UDC.

Lizancos considera que estas actuaciones concretas pueden resultar útiles, pero sostiene que el problema de fondo no se solucionará únicamente rehabilitando edificios o introduciendo incentivos para sus propietarios.

Para el profesor de la UDC, cualquier estrategia que pretenda recuperar las viviendas de la Galicia rural debe abordar también las razones que provocaron que sus habitantes se marchasen. "Nada va a tener suficiente éxito hasta que el modelo económico que ha hecho de Galicia un espacio subsidiario del resto del Estado español no se transforme", afirma.

Su planteamiento pasa por conseguir que vivir en las áreas actualmente despobladas vuelva a ser una alternativa viable. "Que un rapaz o una rapaza que nace hoy en Malpica sepa que no va a tener que desarrollar su vida adulta fuera de su pueblo", ejemplifica.

García Porto coincide en que queda mucho camino por recorrer, aunque apuesta por continuar incentivando la rehabilitación y el alquiler y reclama un marco regulatorio más estable para movilizar viviendas de propietarios particulares.

Dos diagnósticos con enfoques diferentes que convergen en una cuestión esencial: las más de 500.000 viviendas que las estadísticas consideran vacías no constituyen una bolsa homogénea que pueda incorporarse sin más al mercado. Algunas están donde existe demanda y pueden recuperarse, otras necesitan importantes inversiones y muchas se encuentran precisamente en los lugares que llevan décadas perdiendo habitantes.

Lizancos resume la contradicción con una expresión que considera reveladora: "No es normal que vivamos en un país de casas sin gente y de gente sin casas". Para el profesor, que una parte de la población no pueda acceder a un techo mientras existe un parque residencial de esta magnitud supone "un fallo de la democracia".