Atasco en Alfonso Molina.

Atasco en Alfonso Molina. DGT.

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La gran cirugía de Alfonso Molina: así avanza la transformación de la principal entrada a A Coruña

La remodelación de la avenida encara su recta final tras varios años de trabajos, desvíos y retrasos. La actuación, con una inversión de 18,3 millones de euros, busca aumentar la capacidad de una de las carreteras con mayor intensidad de tráfico de Galicia y poner fin a uno de los grandes cuellos de botella del área metropolitana

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Hay obras que cambian el paisaje de una ciudad y otras que cambian la forma en la que se mueve. La remodelación de la avenida Alfonso Molina pertenece a las dos categorías. Desde hace años, miles de conductores conviven cada día con estrechamientos de carril, desvíos provisionales, maquinaria pesada y limitaciones de velocidad en el principal acceso a A Coruña.

Para muchos, la sensación es que la obra nunca termina. Sin embargo, bajo el asfalto se está desarrollando una intervención de enorme complejidad técnica cuyo resultado apenas será visible cuando desaparezcan las vallas.

La avenida Alfonso Molina es mucho más que una carretera de entrada y salida de la ciudad. Es el punto donde confluyen los vehículos procedentes de la AP-9, la A-6, la AC-14, el aeropuerto de Alvedro y buena parte de los municipios del área metropolitana. Cada jornada soporta una intensidad media superior a los 80.000 vehículos, una cifra que la sitúa entre las vías urbanas más transitadas de Galicia y que explica por qué cualquier incidencia provoca retenciones que pueden prolongarse durante kilómetros.

Durante años, técnicos y administraciones coincidieron en que la infraestructura había llegado a su límite. Los carriles de aceleración y deceleración resultaban insuficientes para el volumen de tráfico actual, las incorporaciones obligaban a realizar maniobras en muy poco espacio y los pequeños accidentes o averías acababan generando importantes problemas de circulación. La solución no pasaba únicamente por añadir más asfalto, sino por reorganizar completamente la geometría de la carretera para hacer más fluidos los movimientos de entrada y salida.

Ese es precisamente el objetivo del proyecto impulsado por el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. La actuación, presupuestada en 18,3 millones de euros, contempla la ampliación de la plataforma, la reordenación de enlaces, la mejora de los accesos y la renovación de numerosos elementos de la infraestructura.

Una obra que empezó mucho antes de llegar las excavadoras

Aunque las máquinas comenzaron a trabajar hace varios años, la transformación de Alfonso Molina se gestó mucho antes. El proyecto exigió estudios de tráfico, informes ambientales, campañas geotécnicas y una larga tramitación administrativa antes de salir a licitación. Sobre el papel parecía una ampliación relativamente sencilla, pero la realidad demostró que intervenir sobre una carretera en funcionamiento es mucho más complicado que construir una nueva.

La principal dificultad no estaba sobre el terreno, sino bajo él. Bajo la avenida discurren conducciones de agua potable, saneamiento, electricidad, gas, fibra óptica y telecomunicaciones instaladas a lo largo de décadas. Muchas de ellas habían sido modificadas en distintas etapas y su posición real no siempre coincidía exactamente con la reflejada en la documentación técnica.

Cada vez que aparecía una tubería o una canalización donde no estaba prevista, los trabajos debían detenerse parcialmente. Era necesario localizar con precisión el servicio, coordinar la actuación con la empresa suministradora, diseñar una solución alternativa y ejecutar el traslado antes de continuar. Ese proceso se repitió en numerosas ocasiones y explica buena parte de los retrasos acumulados durante la ejecución.

Un ejemplo se produjo a comienzos de 2026, cuando fue necesario cortar el ramal que conecta la avenida de San Cristóbal con Alfonso Molina para sustituir una conducción de fundición de 600 milímetros situada bajo la calzada, una actuación imprescindible para poder continuar con el desarrollo de la obra.

Trabajar sin cerrar la principal entrada a la ciudad

Si existe un condicionante que ha marcado toda la actuación ha sido la obligación de mantener abierta la circulación. Cerrar completamente Alfonso Molina durante meses era una opción inviable para A Coruña. Por ello, los trabajos se han desarrollado siempre por fases, desplazando el tráfico de unos carriles a otros conforme avanzaban las distintas actuaciones.

Ese sistema obliga prácticamente a construir la carretera dos veces. Primero se ejecuta una parte de la nueva plataforma mientras los vehículos circulan por el trazado original. Después se desvía el tráfico hacia esa zona ya terminada para liberar espacio y continuar trabajando en el resto. La operación vuelve a repetirse una y otra vez hasta completar la infraestructura definitiva.

Además, muchas de las intervenciones más delicadas solo pueden ejecutarse durante la noche o en periodos de menor intensidad circulatoria para minimizar las afecciones sobre la movilidad.

Qué se ha hecho hasta ahora

Aunque el aspecto de la obra invite a pensar que aún queda mucho camino por recorrer, buena parte del trabajo más complejo ya está terminado. Las primeras fases se centraron en los movimientos de tierras necesarios para ampliar la plataforma de la carretera y crear espacio suficiente para la nueva configuración. Posteriormente comenzaron las cimentaciones y la construcción de los nuevos muros de contención, estructuras fundamentales para sostener parte de la ampliación.

Paralelamente se ejecutó el desvío de decenas de servicios afectados, probablemente la fase menos visible para los ciudadanos, pero una de las más costosas desde el punto de vista técnico y económico. También se renovaron sistemas de drenaje, se construyeron nuevas canalizaciones, se modificaron varios ramales de incorporación y se habilitaron itinerarios provisionales para mantener la circulación durante las distintas fases de la obra.

En los últimos meses los trabajos se han concentrado en completar las plataformas definitivas, ejecutar nuevas capas de firme y preparar los enlaces que permitirán reorganizar definitivamente el tráfico.

Los retrasos

Los plazos inicialmente previstos no pudieron cumplirse. El Ministerio ha ido adaptando el calendario conforme aparecían dificultades técnicas derivadas principalmente del traslado de servicios afectados y de la necesidad de introducir modificaciones constructivas durante la ejecución.

A ello se suma la propia complejidad de desarrollar una actuación de estas características sin interrumpir el tráfico, lo que limita considerablemente el ritmo al que pueden ejecutarse muchas operaciones.

El resultado ha sido una obra más larga de lo previsto, aunque desde Transportes siempre se ha insistido en que las modificaciones responden a criterios técnicos y de seguridad y no a una paralización de los trabajos.

El pasado 30 de julio, el ayuntamiento de A Coruña y el Estado constituyeron una comisión de seguimiento, que se reunirá con carácter mensual. En su primer encuentro, se abordó la modificación del proyecto para impulsar las obras desde el mes de septiembre.

Lo que queda por delante

La parte más visible del proyecto todavía está por llegar. Durante los próximos meses continuará el extendido de las capas definitivas de aglomerado, se instalarán las barreras de seguridad, el nuevo alumbrado, la señalización vertical y horizontal y los elementos de balizamiento que configurarán el aspecto definitivo de la avenida.

También se completarán los últimos ajustes en los ramales de incorporación y salida, una fase especialmente delicada porque obligará a realizar nuevos cambios provisionales en la circulación antes de implantar la configuración definitiva.

Una vez concluyan esos trabajos comenzarán las pruebas y revisiones técnicas previas a la apertura completa de la infraestructura.

La siguiente gran transformación

La finalización de estas obras no supondrá el fin de las actuaciones en Alfonso Molina. El Ministerio ya ha dado pasos para impulsar la integración ambiental de la avenida, una segunda fase independiente que busca transformar el entorno mediante nuevas zonas verdes, itinerarios peatonales y ciclistas, mejora paisajística y reducción del efecto barrera que durante décadas ha ejercido esta infraestructura sobre los barrios colindantes. Para ello se ha licitado un contrato de más de 5,3 millones de euros con un plazo de ejecución de 18 meses.

¿Se acabarán los atascos?

Es la gran pregunta que se hacen los conductores. Los expertos son prudentes. Una infraestructura por la que circulan más de 80.000 vehículos diarios seguirá registrando retenciones puntuales, especialmente cuando coincidan accidentes, averías o episodios de alta demanda.

Lo que sí se espera es una mejora importante en la fluidez. La ampliación permitirá realizar incorporaciones más progresivas, reducirá los conflictos entre vehículos que entran y salen de la vía y aumentará la capacidad de absorción del tráfico en los momentos de mayor intensidad.