Francisco Armesto, director del Aquarium Finisterrae de A Coruña
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El director del Aquarium de A Coruña tras la muerte de Gastón: "Murió de viejo y tuvo una vida muy plena"
La ciudad se viste de luto para despedir al tiburón toro que fue la estrella del acuario durante más de 20 años
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El viernes 3 de julio de 2026 pasará a la historia en A Coruña como el día en el que fallecía Gastón, el célebre tiburón toro del Aquarium Finisterrae. El escualo de 30 años acompañó durante más de veinte años a generaciones de coruñeses desde la sala Nautilus.
Casi una semana después de decirle adiós, son muchos los niños y niñas que se acercan hasta el acuario para dejar dibujos en homenaje a una de sus grandes estrellas, junto a las focas. "Podemos confirmar que murió de viejo, debido a la longevidad de su edad, no estaba enfermo. Tuvo una vida muy plena", confirma el director del Aquarium, Francisco Armesto.
Gastón llegó a la ciudad herculina en febrero de 2006 procedente del acuario de Brest, en la Bretaña francesa, siendo capturado con tres años de edad en aguas sudafricanas. "En Brest estuvo conviviendo con otros tiburones de su especie durante unos 7 años, pero los tiburones toro establecen jerarquías entre ellos y, como Gastón era el más joven, le tocó sufrir el marcaje de los adultos. Por ello, se decidió buscarle otro acuario y se nos ofreció la posibilidad de contar con él", explica.
Así se desplegó todo un operativo para trasladar al tiburón desde Francia hasta A Coruña. "Se hizo en un tráiler con una piscina grande para que pudiera venir en las mejores condiciones lo antes posible", recuerda Francisco. Tras su llegada estuvo tres meses en cuarentena para aclimatarse a la temperatura del agua y al entorno del acuario antes de exhibirse en la sala Nautilus: "Gastón se hizo coruñés en febrero, pero los coruñeses no lo conocieron hasta finales de mayo".
Y parece que el propio Gastón estaba contento de ser coruñés, pues su adaptación fue "muy rápida y muy buena". Si bien es cierto que los primeros días no comió mucho, pero tras unos días de adaptación empezó a comer bien y a ganar más kilos con facilidad.
Charlamos con Francisco Armesto sobre Gastón, los primeros días sin él y la huella que deja su paso por la ciudad.
¿Cómo estáis llevando la falta de Gastón?
Con tristeza, creo que cualquier persona que tenga animales o que le gusten lo puede entender. Es una pena porque te das cuenta de que lo echas de menos y que te gustaba tenerlo, aunque a veces pareciera muy feo y muy agresivo. Lo vivimos con tristeza y melancolía, sobre todo los que vivimos cerca de él. Tuvo una vida plena, llena de recursos educativos y llegó a varias generaciones de personas en la ciudad.
¿Cómo era Gastón?
Aunque los tiburones toro puedan parecer animales muy feroces y agresivos, y lo pueden llegar a ser, en nuestro entorno siempre fue un animal muy tranquilo. Se le veía con el paso del tiempo volverse un poco más anciano, que es lo que sucedió, que se fue haciendo mayor. Pero realmente no nos dio tampoco ninguna señal o muchas señales de que estaba llegando al final de su vida. Nunca se puso enfermo, pero en el último mes sí que notamos que se movía menos y que pasaba más tiempo quieto en el fondo. Cuando era más joven no paraba de moverse de un lado para el otro del tanque.
De hecho, hay niños que os están trayendo dibujos para despedirlo
Sí, algunos niños por iniciativa propia nos están entregando dibujos. Este fin de semana vino una niña pequeñita y me contaron que le caían las lágrimas cuando nos estaba dando el dibujo de Gastón para hacernos un detalle de cariño, porque lo iba a echar de menos. Creo que todos los coruñeses o casi todos lo echaremos de menos porque era un habitante especial en la sala Nautilus. Algunas personas que nos están visitando preguntan en recepción por él. Hasta he recibido correos electrónicos de algunas personas que dicen que lo echarán de menos.
Un tiburón toro como Gastón, ¿habría vivido tantos años si no hubiese estado en cautividad?
En este momento hay debate. Hace poco se descubrió que, a partir de los 12 o 15 años, los tiburones dejan de osificar. Su edad se calculaba contando los anillos de las vértebras, de forma similar a los anillos de un árbol. Sin embargo, parece que a partir de cierta edad esos anillos dejan de formarse, aunque el tiburón continúa viviendo. De ahí que durante mucho tiempo se creyera que su esperanza de vida era de unos 15 años.
Como en cautividad se conoce la edad real de los animales, se comprobó que podían vivir bastante más tiempo. Por eso ahora se considera que, tanto en cautividad como en el medio natural, podrían alcanzar edades similares a la que llegó Gastón, aunque la cuestión sigue en estudio.
Más allá de Gastón, ¿qué otros animales se han convertido en emblemas del acuario?
El acuario sigue teniendo muchos atractivos. Gastón era excepcional, pero las focas también generan mucha simpatía. También el ajolote arrasa entre los niños, junto al pez payaso. Y la sala Nautilus, con independencia de que hoy no tengamos a Gastón, sigue contando con una escena del mundo submarino muy auténtica y muy atractiva, y tiene otros tiburones, no tan grandes como Gastón, pero sí muy bonitos e interesantes.
¿Volveremos a ver otro tiburón toro en el Aquarium?
Ojalá. Nuestro objetivo es tenerlo, pero no puedo decir cuándo será. Es una especie que ahora está catalogada como casi vulnerable, así que complica conseguir un individuo de estas especies. Además, son procesos que por lo general tardan bastante, por ejemplo, hace poco trajimos a Jinzi, una de nuestras nuevas focas, pues el proceso para que llegase aquí a través de un intercambio que hicimos con la zona de Valencia empezó hace más de tres años.
La muerte de Gastón también ha reabierto en redes sociales el debate sobre la presencia de grandes animales en acuarios. ¿Qué responde a quienes consideran que vivía encerrado en una pecera?
Gastón murió de viejo, no por ningún otro problema de salud. Es cierto que en algunos acuarios algunos tiburones pueden desarrollar enfermedades o patologías, pero ese no fue nuestro caso. Creo que eso se debe a que contamos con uno de los oceanarios de mayor dimensión del país. Eso significa que los tiburones toro pueden moverse con bastante libertad. Cuando se limita ese movimiento pueden aparecer problemas asociados a la cautividad. Gastón nunca mostró comportamientos anómalos ni presentó lesiones importantes en la piel, como erosiones o roces, más allá de algún pequeño desgaste puntual propio de un animal de su edad.
Vivió en unas condiciones, a mi juicio, inmejorables dentro de la cautividad. De hecho, nunca tuvo enfermedades relevantes. En cambio, otros animales del acuario, como algunas focas de edad avanzada, sí han desarrollado problemas asociados al envejecimiento, como cataratas, artrosis o infecciones en las encías que incluso requirieron cirugía. Gastón nunca nos dio ningún problema de ese tipo, lo que es un indicio de que estaba viviendo en buenas condiciones.
A partir de ahí, cada uno es libre de tener su opinión sobre la cautividad. Yo veo cierta incoherencia en que los seres humanos, que también hemos modificado nuestro modo de vida respecto a nuestra biología —pasando de ser nómadas a sedentarios o alterando muchos de nuestros comportamientos naturales—, no aceptemos que otras especies puedan vivir igualmente bien en cautividad si se les proporcionan las condiciones adecuadas. Y quiero dejar claro que no estoy defendiendo cualquier forma de cautividad, sino que, en nuestro caso, creemos que a estos animales se les ofrece una vida excepcional.
Por último, el pasado viernes se le planteó a la alcaldesa, Inés Rey, la posibilidad de concederle a Gastón una calle o plaza en A Coruña. ¿Os gustaría?
A mí me resulta simpático, poco puedo decir sobre eso. Por supuesto que al final te gusta que a aquello que aprecias y a lo que coges cariño tenga su recuerdo, pero no soy yo el que lo tiene que valorar. Simplemente decir que me sumo a la opinión de muchos coruñeses a favor de esa petición.