Agentes de la Guardia Civil y autoridades en el lugar del accidente de Urda (Toledo).
Mueren los currantes y la culpa es de otro currante
En España falla lo más básico: no matarse en un tren, que no te invadan el país, que se mantengan las presas, que no haya apagones, que se limpien los barrancos.
Los grupos de WhatsApp pasaron el miércoles en llamas que las lágrimas no apagaban. Otra vez los malditos trenes. Otra vez ese AVE entre Madrid y Andalucía. ¿Pero cómo es posible?
Otra vez los hierros retorcidos, los cuerpos destrozados, los teléfonos sonando sin consuelo. Otra vez los españoles muertos.
Otra vez Óscar Puente.
En la provincia de Toledo murieron decenas de personas, y familias enteras viven la peor pesadilla de sus vidas. Otra carnicería ferroviaria, apenas nueve meses después de Adamuz.
Humeante la catástrofe, retorcido el amasijo, el Gobierno se vuelca en salvar el pellejo. La demoscopia. El dichoso relato.
Es un "error humano".
Puente, hace falta tener cuajo: el error humano eres tú.
⚫️ Manuel San Emeterio busca a su hermano Pepe, desaparecido tras el accidente ferroviario de Urda Ha viajado desde Sevilla hasta Toledo y ha entregado una muestra de ADN a la Guardia Civil, pero sigue sin noticias de él https://t.co/r1DDz2iyQ7
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) October 29, 2026
Error humano, por lesa humanidad, es tener al frente de un ministerio estratégico a alguien que insulta y provoca desde sus redes a los ciudadanos a los que debería servir.
"Disculpen las mejoras", decían los carteles de Atocha. Qué risa.
Error humano, por vileza destilada, es salir a la caza del trabajador al que culpar.
Se equivoca un maquinista. Se equivoca un controlador. Se equivoca un ingeniero.
Para eso están los sistemas de seguridad, los mecanismos automáticos, los protocolos, el plan A, el plan B, el plan C. Para eso tenemos todo un ministerio.
Se puede averiar el sistema LZB.
Pero ¿quién demonios mantuvo en funcionamiento un sistema pendiente de renovar?
¿Quién supervisó los protocolos alternativos?
¿Quién garantizó que una equivocación individual no pudiera desencadenar una catástrofe?
¿Quién está, de verdad, al mando de todo?
¿Adamuz no fue suficiente?
Dirás que no eras tú el que soldó la vía, que no eras tú el que manejaba el centro de control.
Chocan los trenes, mueren los currantes y la culpa es de otro currante.
En mis añorados años noventa, España presumía de trenes. La alta velocidad era un orgullo nacional: el AVE cruzando Despeñaperros, las dos horas de Atocha a Santa Justa, del paisaje azoriniano de Castilla a los altivos olivos.
Los españoles suben ahora al AVE con angustia.
¿Cuándo se nos torció el Perú, como a Zavalita?
¿Cuándo nos hicimos Tercer Mundo?
¿Cuándo empezamos a ser protagonistas de las catástrofes que antes veíamos por el telediario?
Los muertos del miércoles tomaron el tren de temprano, el de los que van a trabajar. Eran españoles que pagaban impuestos nórdicos por servicios de saldo.
Llegada de los primeros afectados por el accidente de Urda al Hospital de Toledo.
Hace unos días supimos, por un informe del Instituto Juan de Mariana, que nuestro esfuerzo fiscal (la presión fiscal medida en relación con la renta de cada uno) es mayor que el de Alemania.
Cobras una miseria y te matas en un tren.
Bailemos al son de la fuerza del amor, que hay Gobierno de progreso.
¿Dónde está el dinero, maldita sea?
Gastado en propaganda, en batallones de asesores, en subvenciones absurdas. Y mientras, falla lo más básico: no matarse en un tren, que no te invadan el país, que se mantengan las presas, que no haya apagones, que se limpien los barrancos.
¿Es mucho pedir que el Estado cumpla sus funciones elementales?
Llevamos tres años tirando de los Presupuestos de 2023, y por cuarto año seguido el Gobierno ni siquiera ha presentado unos nuevos. Todo, para que los enamorados sigan durmiendo en Moncloa y Puente tuiteando bilis en horas de trabajo.
Por ese y tantos otros sumideros se va el dinero del mantenimiento a la fosa séptica de esta gentuza.
Convirtieron el Ministerio de Transportes en una agencia de colocación. Que nadie lo olvide.
Según lo publicado y lo juzgado en el caso Ábalos, en Ineco y en Logirail, empresas públicas que dependen de ese ministerio, se colocó a mujeres del entorno íntimo del ministro. Alguna cobró sin pisar la oficina.
Y en esa misma trama, según la investigación de la UCO, el dinero en efectivo también servía para pagar prostitutas. Piénselo.
Prostitutas pagadas con sobres y enchufes para las allegadas del ministro. No expertos ferroviarios, ingenieros de señalización o profesionales de élite en materia de seguridad.
Eso había en la cúpula del ministerio del que depende tu vida.
España está podrida.
El error humano no lo comete una mesa de control de Atocha. Viene mucho antes, y de mucho más arriba. Mueren españoles y comienza la lucha a garrotazos por el relato.
Ya saben: que nadie "utilice políticamente" la tragedia, que amaine el temporal. Los muertos al cementerio, los políticos al ministerio.
No mires hacia arriba. No recuerdes Adamuz. No tengas la indecencia de exigir dimisiones mientras se cuentan los muertos.
"Cobras una miseria y te matas en un tren"
Y no me olvido de vosotros: los que después de cada escándalo, de cada trola, de cada desastre, volvéis al redil porque, claro, "mejor esto que los fachas". También vosotros tenéis vuestra parte.
Haced caso a Puente: al fascismo se lo para votando el 29N, que es mejor salir un día que cuatro años a la calle.
Hasta tenéis una huelga general "contra la oposición" (así la definió María Jesús Montero), camaradas.
Qué maravillosa superioridad moral. Qué formidable invento para no pensar.
Puedes tener dos catástrofes ferroviarias en menos de un año después de más de una década sin ninguna. Puedes tener un ministerio convertido en Sodoma y Gomorra.
Pero llegará el 29N, y cogeréis la papeleta socialista con la satisfacción del que acaba de salvar la democracia.
Manda narices, de verdad.
Algunos creemos en los servicios públicos y estamos hartos, hasta el fondo del alma, de que el "progresismo" se haya convertido en patente de corso para la estupidez.
🔴 El CEO de Iryo alertó 23 días antes del accidente de Urda que los fallos del sistema LZB inmovilizaban a sus trenes 🗣️Fabrizio Favara comentó en la Cámara Alta que cuando el sistema LZB fallaba y cada vez que la señal del tren tenía una desconexión de la señal de la tierra, los trenes de Iryo se paraban, "no se pueden mover", relataba.
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) October 29, 2026
Antifascismo de pacotilla convertido en el detergente del sanchismo más asqueroso. Disculpen las mejoras. Bailen. Que viva el amor.
Llegará noviembre, digo, y tendréis la desfachatez de pedir el voto en nombre de los derechos sociales y de la lucha contra el fascismo.
Exigir que los trenes funcionen y que los ministros respondan será también cosa de fachas.
Óscar Puente volverá a la bronca, la provocación, el insulto y la chulería. Como si los muertos fueran una inconveniencia reputacional, un socavón demoscópico.
Hay familias que el miércoles esperaban una llamada para saber que sus hijos habían llegado. Padres que nunca volverán a abrazar a sus hijas.
Personas que salieron de casa con una maleta y un billete y cuya vida terminó entre gritos y cristales rotos.
Que alguien les explique por qué nadie evitó la tragedia. Por qué, después de Adamuz, volvemos a estar aquí. Quién va a responder.
El ministro de Transportes, que tendría que haber dimitido mil veces, seguirá aferrado al cargo.
Pedro Sánchez volverá a reflexionar, mohíno, sobre su persona y la de su esposa. Tal vez ni haya comido.
Vendrán los funerales. Después, más encuestas. Los muertos ya no votan.
Calcularán cuántos muertos caben en un punto de intención de voto. Encontrarán un currante al que culpar. Suyo será el error humano.
Hay que tener el alma podrida.
*** Carlos Conde Solares es historiador.