La selección de fútbol de Canadá durante la celebración de un gol.
Lo que espera Canadá del Mundial de la FIFA 2026
El Mundial es una poderosa plataforma de diálogo cultural. Ahí reside su verdadera fuerza: en potenciar el amor por el fútbol como una fuerza que nos une.
Cuando un canadiense llega a España, poco tarda en darse cuenta de que en este país, el fútbol es más que un deporte. Es pasión, identidad y un potente espejo de la sociedad.
Desde que llegué a Madrid en 2024, también me he dado cuenta de que en ese espejo se refleja una realidad incómoda: el racismo sigue presente en los estadios, en las gradas y en el debate público que rodea al juego.
La conversación que hoy atraviesa el fútbol español, desde la cancha hasta los despachos, demuestra una voluntad sincera de afrontar el problema. Hacerlo con determinación no es sólo una cuestión deportiva, sino un compromiso cívico.
Precisamente por ello, la Copa Mundial de la FIFA 2026 ofrece una oportunidad única para reafirmar que el fútbol puede y debe ser un espacio de respeto, inclusión y dignidad.
En un par de semanas, el mundo pondrá la mirada en Norteamérica, cuando empiece en Canadá, México y Estados Unidos la mayor edición de la historia del Mundial masculino. 48 selecciones, y tantas aficiones, tendrán en nuestros países un escaparate para enseñarle al mundo qué es para ellos el fútbol.
El trofeo de la Copa del Mundo en Nueva York.
Para Canadá, que albergará partidos en Toronto y Vancouver, no se trata únicamente de organizar encuentros de alto nivel, ofrecer experiencias memorables a los visitantes, y mostrar ciudades modernas y abiertas al mundo.
Se trata de demostrar que los grandes eventos deportivos pueden ser motores de cambio positivo, dentro y fuera del terreno de juego.
Canadá llega a este Mundial con una convicción clara: el deporte debe unir, no dividir.
Nuestra experiencia organizando grandes competiciones internacionales (desde los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Invierno de Vancouver 2010 hasta el Mundial Femenino de la FIFA 2015) nos ha enseñado que la excelencia deportiva, sea la del anfitrión, del jugador o del aficionado, es inseparable de sus valores.
Por eso la inclusión, la equidad y los derechos humanos han estado en el centro de la planificación y ejecución del Mundial 2026.
Por ello, autoridades públicas, federaciones, ciudades anfitrionas y organizaciones de la sociedad civil han estado trabajando de la mano para que nuestros valores se vean reflejados en todo el proceso de organización de la competición, y para construir entornos seguros para aficionados, jugadores y árbitros.
Hemos entendido que hace falta un esfuerzo de todos para combatir la discriminación, promover la integridad en el deporte y garantizar que el Mundial 2026 deje un legado positivo y duradero.
"A la selección canadiense le corresponderá llevar al terreno de juego esa diversidad que defendemos desde los despachos"
En nuestro caso particular, esto también implica colaborar desde el respeto con los pueblos indígenas en Canadá, integrando sus perspectivas y protocolos como parte esencial de nuestra forma de darle la bienvenida al mundo.
A la selección canadiense le corresponderá llevar al terreno de juego esa diversidad que defendemos desde los despachos.
La selección de Canadá está formada por jugadores con raíces en todos los continentes, reflejo de una sociedad construida por generaciones de personas llegadas de distintos lugares del mundo.
Esa pluralidad no es una debilidad: es una fortaleza que se traduce en talento, resiliencia y una identidad compartida, cuya fuerza moverá a la afición canadiense a lo ancho del país en las próximas semanas.
España conoce bien esa realidad. La diversidad de la Selección Española y de las plantillas que compiten cada semana en La Liga es una de las razones del prestigio internacional del fútbol español y de su capacidad para conectar con millones de personas.
El Mundial es una poderosa plataforma de diálogo cultural. Durante seis semanas, millones de aficionados viajarán, se encontrarán y compartirán historias. Ahí reside su verdadera fuerza: en potenciar el amor por el fútbol como una fuerza que nos une.
Canadá aspira a que cada partido, cada gesto, y cada afición contribuya a ello.
Aprovechemos esta cita global para alzar la voz por un deporte y unas sociedades inclusivas. Así el verdadero triunfo no se medirá en goles, sino en el legado que dejemos juntos, dentro y fuera del campo.
*** Jeffrey K. Marder es embajador de Canadá en España.