Simpatizantes hutíes se manifiestan en solidaridad con Irán.
Los frentes abiertos de Israel
La opción militar de Estados Unidos contra Irán no ha desaparecido y sigue en el horizonte.
Los setenta y ocho años de independencia de Israel, que el Estado judío celebró el pasado miércoles, han ido constantemente de la mano de la lucha por su seguridad.
Han enfrentado primero a los ejércitos de cinco países árabes vecinos que lo atacaron apenas fue proclamada la fundación del Estado. Y luego, hasta ahora, a organizaciones terroristas que, si bien saben que no podrán destruirlo, tratan de dañarlo lo más posible.
Por sobre todo ello está Irán, cuyo régimen es el único del mundo que llama a borrar del mapa a otro miembro de la comunidad de naciones: Israel.
Los distintos frentes abiertos no desaparecieron tampoco cuando los israelíes salieron esta semana a festejar su fecha nacional. En la práctica, no ha terminado realmente la guerra desatada por la masacre del 7 de octubre de 2023, aunque ha cambiado de forma.
Hasta el pasado martes, cuando Israel se aprestaba a comenzar los festejos de Iom Haatzmaut (el Día de la Independencia), había mucha incertidumbre de fondo.
Horas más tarde expiraba el alto el fuego con Irán declarado dos semanas antes por el presidente Trump.
Un misil iraní en Tel Aviv.
¿Habrá alarmas en medio de la noche indicando que misiles iraníes estaban en camino a territorio israelí?
¿Habrá que pasar un día tan importante para Israel en los refugios?
La respuesta la dio, nuevamente, en forma unilateral, Trump, al anunciar que extiende el alto el fuego. Es la quinta vez que da más tiempo a Irán, en distintas etapas, y no está aún totalmente claro qué efecto tiene ello en la percepción iraní de su firmeza.
Si lo consideran débil por eso o singularmente hábil para confundirlos.
Trump no dijo hasta cuándo se da la prórroga y se limitó a anunciar que es "hasta que le respondan con seriedad". Pero según el corresponsal del canal N12 en Washington, Barak Ravid, una fuente de nivel en la Administración norteamericana le dijo que Trump le da a Irán no más que unos días.
En Jerusalén, mientras tanto, fuentes de alto nivel dicen que el plazo que da Trump en la práctica, aunque no lo proclamó, era aproximadamente hasta este domingo. Al parecer, esos cuatro días son el tiempo que necesita el portaaviones Gerald Ford para llegar a las inmediaciones de Irán.
En otras palabras, la opción militar no ha desaparecido y sigue en el horizonte.
Es un alto el fuego singular que todos piensan que puede desmoronarse en cualquier momento. A esta tregua se agregó otra en la frontera norte, entre Israel y Líbano (o sea, con la organización terrorista Hezbolá), que Israel tiene claro que no ha logrado eliminar.
En este caso, la caída de la calma significaría la alteración inmediata de la vida en la zona norte, donde por la inmediatez geográfica no hay tiempo siquiera para recibir alertas tempranas.
Hezbolá ya ha violado repetidamente el alto el fuego con movimientos de sus hombres y armas, e incluso lanzó drones explosivos hacia las tropas estacionadas en el sur del Líbano y también hacia el otro lado de la frontera. Su amenaza es latente. Por lo tanto, gran parte de la población del norte reaccionó airada ante el alto el fuego, acusando al Gobierno de abandonarle y de haberle prometido sin fundamento la neutralización total de la amenaza.
Y mientras tanto, en la franja de Gaza, la organización terrorista Hamás se beneficia de la atención que Trump da a Irán. Se fortalece, se organiza, recluta nuevos miembros y dedica grandes esfuerzos a tratar de lograr la fabricación interna de cohetes mientras no logra traerlos del exterior.
Las Fuerzas de Defensa de Israel, que controlan aproximadamente la mitad del territorio de Gaza de acuerdo a lo pactado en octubre último en el plan de paz de Trump, están atentas y en las últimas semanas han eliminado no sólo a terroristas, sino también algún túnel e instalaciones de Hamás.
Pero lejos está lo que se hace ahora de eliminar a la organización que gobierna Gaza.
Soldados israelíes alrededor del féretro con el cadáver del último rehén de Hamás.
A todo esto se suma la creciente polémica interna en torno a la política del Gobierno del primer ministro Netanyahu en diversos aspectos. Uno de los centrales, desde hace tiempo, es el hecho de que por más que habla de "igualdad en el servicio militar", continúa en la práctica intentando promulgar una ley que perpetúe la exención al por mayor de los jóvenes ultraortodoxos.
El tema desgarra a la sociedad, tanto porque el Ejército aclara que precisa miles de combatientes más, como por el simbolismo de que un sector de la población judía no comprenda que, en guerra, debe poner el hombro para que la carga se reparta de otra forma.
Si son menos los que empuñan las armas, mayor será el peso sobre los que lo hacen. Y eso no tiene nada que ver con derecha, centro o izquierda. A esto se añade que el Ejecutivo sigue sin hacerse responsable de la catástrofe del 7 de octubre y también usó los actos oficiales de la independencia para presentar al primer ministro como el salvador de los secuestrados.
Eso llevó a numerosas familias de las víctimas a participar en el acto alternativo del Día Recordatorio que organizó el así llamado Consejo del 7 de Octubre, que rechaza la narrativa oficial sobre lo ocurrido.
Por sobre todo esto, con diferencias internas que se acentúan, está claro que el ciudadano promedio siente orgullo por los logros de Israel y sabe distinguir entre las discusiones políticas, por más fuertes que sean, y el Estado judío como tal.
*** Jana Beris es periodista.