José Luis Rodríguez Zapatero en Caracas junto a Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional.

José Luis Rodríguez Zapatero en Caracas junto a Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional. Efe

Tribunas

El descaro de Zapatero

Zapatero paseándose por los medios europeos y atribuyéndose liberaciones de presos políticos venezolanos encarna exactamente el tipo de gesto que irrita a Donald Trump.

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José Luis Rodríguez Zapatero dice que Delcy Rodríguez, vicepresidenta del gobierno de Maduro, en realidad estaba trabajando contra la represión todo este tiempo.

Aunque Delcy era "leal" a Maduro, en privado le incomodaba lo que ocurría.

Según la versión de Zapatero, ella y su hermano Jorge eran, en el fondo, moderados que intentaban frenar lo peor desde dentro.

El timing de las declaraciones de Zapatero no es casualidad.

Maduro está bajo custodia estadounidense mientras Delcy conduce el país sin mirar atrás. Mientras tanto, Zapatero lleva días recorriendo estudios de radio y televisión en España para ponerse la medalla del supuesto gran mediador silencioso que negoció liberaciones y abrió puertas que nadie más podía abrir.

El político socialista se presenta como el libertador discreto que operaba entre bambalinas mientras el mundo miraba hacia otro lado.

José Luis Rodríguez Zapatero junto a Delcy Rodríguez, durante su último viaje a Caracas.

José Luis Rodríguez Zapatero junto a Delcy Rodríguez, durante su último viaje a Caracas. Europa Press

Justo antes de esta ofensiva mediática, hizo una visita a Caracas, adonde sólo va cuando tiene algo que negociar o proteger.

Conviene entender desde dónde habla el expresidente. No es un interlocutor con peso real en este momento. En Washington es casi persona non grata: no tiene línea con Trump, pero tampoco la tuvo con Biden.

Zapatero lleva tiempo buscando, de manera bastante desesperada, algún nexo con el gobierno estadounidense que le devuelva relevancia en el expediente venezolano en su contexto global.

No lo ha encontrado.

Lo que sí encontró fue a Delcy Rodríguez en el poder. Y eso le abre una puerta que necesitaba.

Hay un problema adicional con la estrategia.

Trump, sobre todo, no tolera que nadie le robe el protagonismo. Zapatero paseándose por los medios europeos, atribuyéndose liberaciones de presos políticos venezolanos y presentándose como el articulador de una transición que Washington considera suya, encarna exactamente el tipo de gesto que irrita al mandatario estadounidense.

No es un detalle menor. Es un riesgo real para la propia operación que Zapatero dice estar facilitando.

El relato de "leal, pero conflictuada" es mucho pedir. Delcy Rodríguez fue vicepresidenta mientras los esbirros maduristas operaban sin control y los presos políticos se acumulaban en El Helicoide.

No puedes ser leal a esa dictadura y, al mismo tiempo, ser la moderada secreta que la resistía desde dentro. Las dos cosas no caben en la misma biografía.

Y mientras Zapatero construye esa narrativa, Delcy actúa.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, junto al destituido ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López.

La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, junto al destituido ministro de Defensa venezolano, Vladimir Padrino López. Efe

Desde que asumió el control ha descabezado sistemáticamente a los funcionarios más leales a Nicolás Maduro: Alex Saab y su esposa Camilla Fabri, el fiscal general Tarek William Saab, el embajador ante la ONU Samuel Moncada y, sobre todo, el todopoderoso ministro de Defensa Vladimir Padrino López.

Para alguien que, técnicamente, gobierna de forma interina, se comporta exactamente como la jefa total de un nuevo movimiento político.

Lo que llama la atención es que Zapatero ni siquiera reconoce la contradicción. No hay reflexión sobre qué habilitaron realmente sus años de "mediación", ni ajuste de cuentas con lo que ayudó a legitimar.

Simplemente, reasigna el papel de villano a Maduro, le entrega a Delcy un historial limpio y se presenta a sí mismo como el bueno que hacía trabajo humanitario silencioso todo este tiempo.

Vale la pena comparar con quienes, al menos, tuvieron la honestidad de decir lo que vieron. Gustavo Petro, aliado ideológico del chavismo, decidió junto a Brasil no reconocer la victoria de Maduro en las elecciones de 2024 y lo llamó públicamente un "adicto al poder".

Su propio excanciller, Luis Gilberto Murillo, fue aún más directo. "Está clarísimo que no ganó las elecciones, se las robó porque se declaró presidente".

Si hasta los aliados regionales de la izquierda latinoamericana llegaron a ese punto, la pregunta obvia es por qué Zapatero sigue sin poder pronunciar nada parecido.

Podemos estar genuinamente dispuestos a juzgar a Delcy Rodríguez por lo que haga de aquí en adelante, pero eso es una cosa distinta a reescribir lo que ya ocurrió. Se puede mirar hacia adelante sin fingir que el pasado no existió.

Hay heridas que no cierran sin reconocimiento y pocos lo saben mejor que Delcy y Jorge Rodríguez.

*** Francisco Poleo es analista especializado en Iberoamérica y Estados Unidos.