Greta Thunberg, durante una protesta. Efe
Trump lee a Jefferson, Putin a Solzhenitsin y la UE… a Greta Thunberg
Desde Berlín y París parece que se está dispuesto a hacerle tanto daño al continente europeo como sea posible, para dejar la 'megamáquina' indemne, claro.
Más allá del sentido provocador del título, conviene tener en cuenta que todo apunta a que Trump y su entorno leen a Jefferson, quien el 2 de febrero de 1800 escribía al dr. William Bache, su vecino de Virginia, lo siguiente:
"Ya conocéis los penosos detalles de París. No estamos informados de los motivos por los que se ha hecho una revolución, y aún menos podemos adivinar cuál será su desenlace: si se repetirá la historia de Robespierre, o la de César, o se producirá el novedoso fenómeno de la usurpación del gobierno para liberarlo.
Nuestros ciudadanos, no obstante, deben extraer de ello algunas lecciones provechosas. Deberían ver en ello la necesidad de arropar firme y estrechamente a su Constitución.
Donald Trump y su gabinete rezando antes de su primera reunión. Reuters
De no tolerar jamás que se infrinja uno solo de sus preceptos.
De inculcar a las minorías el deber de aquiescencia a la voluntad de las mayorías; y a las mayorías el respeto a los derechos de la minoría.
De precaverse de las fuerzas militares, aunque sean de ciudadanos.
De precaverse de otorgar demasiada confianza a ningún hombre.
La confianza del pueblo francés a Bonaparte le ha permitido derribar a puntapiés su Constitución y hacerle depender de su voluntad y su vida. Nunca he visto un monumento tan terrible como este".
"Nuestra primera y fundamental máxima debería ser la de no mezclarnos jamás en las pendencias europeas"
En otra carta, dirigida esta vez al presidente James Monroe, el 26 de octubre de 1823, Jefferson defiende la alianza férrea con Gran Bretaña, aconseja evitar cualquier tipo de guerra con la madre patria y sugiere optar por acuerdos y alianzas de todo tipo sin renunciar a sus intereses.
Pero también sostiene en aquella misiva lo siguiente:
"La cuestión planteada por las cartas que me habéis enviado es la más importante que se me ha expuesto desde la Independencia. Aquella nos hizo nación, esta fija nuestra brújula y señala el rumbo que habremos de seguir en el océano del tiempo que se abre ante nosotros. Y jamás fueron las circunstancias tan propicias para embarcarse en él.
Nuestra primera y fundamental máxima debería ser la de no mezclarnos jamás en las pendencias europeas.
La segunda, no tolerar nunca que Europa se inmiscuya en los asuntos de este lado del Atlántico. América, tanto en el norte como en el sur, tiene un conjunto de intereses propios muy distintos a los europeos. Mientras Europa labora para convertirse en el domicilio del despotismo, nuestros esfuerzos deben tender, con seguridad, a hacer de nuestro hemisferio el hemisferio de la libertad.
¿Queremos obtener para nuestra propia Confederación una o más de las provincias españolas?
Confieso que siempre he tenido a Cuba por la más interesante aportación que podría hacerse a nuestro sistema de Estados. El control de esta isla, junto con la punta de Florida, nos daría sobre el Golfo de México y los países e istmos que lo bordean, así como aquellos cuyas aguas fluyen sobre él, la medida de nuestro bienestar político".
Esta carta, acomodada a las circunstancias de hoy, desde el Golfo de México a Panamá o Groenlandia, la podría haber escrito alguien de la Casa Blanca hace sólo unas semanas.
Explica muchas cosas y, sobre todo, nos permite comprender posicionamientos, declaraciones, ofertas y movimientos diplomáticos.
Entre los estadounidenses sigue vigente esa idea de que antes que gobernadores del mundo lo son de Estados Unidos. Ahora tienen más claro que nunca antes que un granjero de Wisconsin, un ganadero de Dakota o un emprendedor de Texas no tiene que financiar la seguridad de la mayor cantidad de antiamericanos, comunistas y socialistas que se haya visto en Europa.
En otros artículos he tenido ocasión de advertir que en Europa sufrimos muchas desgracias y una de ellas es, efectivamente, el antiamericanismo que tan lúcidamente denunció y trató Jean-François Revel en su día.
Qué razón tenía Revel en aquello de la estupidez de la dirigencia europea, siempre fanáticos con los moderados y moderados con los auténticos fanáticos.
Y luego está el asunto Vladímir Putin, claro. El gobernante que según nuestros gobernantes tenía los días contados cuando invadió Ucrania y hasta estaba enfermo terminal, por no hablar de la ruina rusa que debíamos esperar en el corto plazo.
"Los referentes intelectuales de Trump y Putin parecen claros. Los de Von der Leyen y su corte de cheerleaders europeos todavía son un enigma"
Lo que sabemos en verdad, al menos quienes tenemos la costumbre de leer e informarnos de manera independiente, es que nada de esto era verdad ni se iba a cumplir, y que Putin es lector y admirador de Aleksander Solzhenitsyn, denunciante y precursor de la deriva suicida occidental y padre de aquella cita que rezaba que "el arte del acuerdo político no sirve para luchar contra la megamáquina".
En Bruselas y sobre todo en Francia y Alemania esto siguen sin entenderlo, pero desde Berlín y París parece que se está dispuesto a hacernos tanto daño al continente europeo como sea posible, para dejar la megamáquina indemne, claro.
En fin, no son buenos tiempos. En el actual contexto creo que podemos medio intuir lo que hay en las cabezas de nuestros mandamases por sus referentes históricos e intelectuales, que de alguna manera explican sus comportamientos.
Los de Trump y Putin parecen claros. Los de Von der Leyen y su corte de cheerleaders europeos todavía son un enigma, a pesar de la deriva por todos ya conocida.
Leer y tener presente a Lincoln, a Jefferson o Solzhenitsyn supone una guía, una determinación, una previsibilidad. Pero poco o nada sabemos de quién es o quiénes son las guías de nuestra dirigencia europea, es decir, a quién atienden, cuál es el plan, la ruta o el horizonte real más allá de convertirnos en un magma de no se sabe qué, y atiborrarnos con expresiones bien sonantes, recibir en dependencias europeas a todos los personajes extravagantes y comunistoides de este mundo, así como colmar los diarios oficiales de regulaciones que ya alcanzan hasta el tamaño de la almohada.
No creo que haya nada mínimamente presentable que se pueda sostener sobre semejantes cimientos y menos aún con el cemento del relativismo.
*** Juan José Gutiérrez Alonso es profesor de Derecho administrativo de la Universidad de Granada.