Antonio Tejado, Juan Antonio Bayona, la reina Sofía y Benjamin Netanyahu.

Antonio Tejado, Juan Antonio Bayona, la reina Sofía y Benjamin Netanyahu.

BESTIARIO

Las lágrimas de Bayona, la ira de Netanyahu y un sobrino descarriado

Antonio Tejado, Benjamin Netanyahu, Juan Antonio Bayona y la reina Sofía; la autora comenta lo más destacado de la semana a través de sus protagonistas.

18 febrero, 2024 02:01

Antonio Tejado

Antonio Tejado.

Antonio Tejado. Guillermo Serrano Amat

Detenido como presunto autor intelectual de un robo en la casa de su tía, la cantante María del Monte, Antonio Tejado (Sevilla, 1988) se ha convertido en el personaje de la semana y tiene cuerda para rato. De momento está en prisión provisional.

Miembro activo de la banda de El Ruso, parece que el hasta ahora sobrino preferido de la cantante fue reclutado en un gimnasio (propiedad del susodicho Ruso), donde planeaban sus fechorías. A Tejado le habría tocado aportar la información sobre la casa de su tía, así como el mapa de sus cajas fuertes y armarios de lujo. Atrás quedaba su carrera, que empezó en Sálvame haciendo concursos de chulerías y terminó en Gran Hermano Dúo, donde entró como una estrella y salió estrellado.

Siempre fue un niño mimado por su familia y amigos, en especial por su tía, la diosa de las sevillanas, que le daba toda clase de caprichos. Como colocarle de productor en un programa de Canal Sur que la cantante dirigía y donde Antonio ganó sus primeros dineritos. Ya entonces era un vaina. Cambiaba de novia como de camisa y dominaba su ciudad creyéndose Sergio Ramos (otro al que le limpiaron la casa).

En agosto del pasado año se vio envuelto en una trampa de la que le costaría un huevo liberarse. En Sevilla no se hablaba de otra cosa.

Un grupo de jóvenes encapuchados perpetró un robo del que Antonio nunca decía nada. La policía todavía está descifrando el enredo. Cuando sucedió, María del Monte había perdido a buena parte de su familia y estaba en vísperas de casarse con Inmaculada Casal, su amiga íntima.

Hace pocos días, sin embargo, la policía proclamó que la banda criminal había sido desmantelada y que entre los detenidos figuraba Antonio Tejado, aunque no estuvo en el asalto. Pero habría facilitado información para perpetrarlo. Por ejemplo, un croquis con los lugares donde había dinero y objetos de valor.

El sobrinísimo tuvo la jeta visitar a su tía al día siguiente para interesarse por su estado de salud. Y en pago ella ahora se remite a las generales de la ley, como los políticos profesionales: "Confío en nuestro sistema judicial y reclamo la presunción de inocencia para mi sobrino".

Benjamin Netanyahu

Benjamin Netanyahu.

Benjamin Netanyahu. Guillermo Serrano Amat

En el gesto insensible y hosco del primer ministro israelí se advierte el afán de venganza. Pretende hacer tabla rasa de Gaza y parece que su guerra acaba de empezar. Hasta sus amigos estadounidenses se sienten incapaces de moderarlo. Ahora quiere arrasar Rafah, en la infranqueable frontera con Egipto, donde se amontonan miles de palestinos acorralados.

Desde que Hamás tuvo la macabra idea de hacer guerra de la paz (y perdón por la paradoja), lo único que se le ha ocurrido a Netanyahu es lanzar misiles al aire para que la vida proteste contra la exaltación de la muerte. Uno de los momentos más perturbadores de nuestros sueños es el descarnado recuerdo del festival de música electrónica ("fiesta de la paz") que aquel 7 de octubre se desarrollaba en el desierto del Néguev. Memoria amarga de aquellas imágenes, con decenas de chicas sangrantes amontonadas en las camionetas.

A Benjamín Netanyahu le gustan las expresiones desmedidas. Él es así. Saltan a la vista los lóbulos de sus orejas de mamífero, despegadas del cráneo y con los bordes rizados. No es que pretenda trazar su caricatura, pero las orejas del gran jefe Netanyahu silban como el viento del desierto en el mediodía caliente de Judea.

[Borrell tras la petición de Netanyahu de evacuar Rafah: "¿A dónde van a ser evacuados? ¿A la Luna?"]

Netanyahu, el hombre de acero, ha hecho saber que la guerra se recrudecerá más y habremos de ver la sangre corriendo a borbotones por las cañerías del hospital Nasser.

Terminada aquella fiesta de la paz, Israel entró a saco en Gaza y el cielo se hizo añicos. Los gazatíes habían emprendido ya camino del sur. Unos iban en carro. Otros, en borrico. Habían dejado atrás los bloques de cemento con sus tiendas de inodoros y sus escaparates de novias. Los esqueletos de las casas parecían cadáveres de ballenas. Todo era nada.

Un río de gente entraba en Jabalia y doblaba las curvas de las calles con los tejados de uralita destartalados. Los ataques aéreos han dejado la ciudad irreconocible Hemos visto otro hospital derruido en cuyos zaguanes había cadáveres de niños muertos envueltos en sábanas. Mientras tanto, los responsables de la maquinaria militar de Israel ordenaban la evacuación de diez mil gazaties que buscaban refugio en el hospital Nasser.

Allí había de todo: enfermos, muertos, y hasta rehenes sin nombre. El polvo cegaba los ojos y Netanyahu siguió dando la matraca. Dijo que quería evacuar Rafah y Europa puso el grito en el cielo. Borrell objetó la orden de evacuar. El alto representante para la Política Exterior de la UE frunció el ceño y masculló entre dientes: "¿Evacuar, dice? ¿Y dónde los va a llevar, a la Luna?".

Juan Antonio Bayona

Juan Antonio Bayona.

Juan Antonio Bayona. Guillermo Serrano Amat

Desde que los Goya van por el mundo ha ocurrido de todo. Unas veces salen mal y otras, de puta madre. En tiempos de las primeras galas solían recibir bastantes críticas, pese a que los maestros de ceremonias eran excelentes (Rosa María Sardá, Dani Rovira, Buenafuente) y las actrices venían directamente vestidas de París.

Debo reconocer, sin embargo, que la gente bostezaba bastante y rebullía en el asiento. Ahora todo es más tranquilo y la gala tiene sus momentos brillantes.

En Valladolid, donde la rasca agita las noches de la meseta, se celebró la gala número 38, quedando avisada la 39 para el año próximo en Granada. No estaría mal llevarla al Albaicín

En el auditorio Miguel Delibes cabía gente por un tubo. Tanto que el Theatre de los Oscars a su lado quedaba pequeño. Películas nominadas hubo muchas pero, premiadas, más bien pocas. Todo el rato triunfaba La sociedad de la nieve, basada en una tragedia aérea que Juan Antonio Bayona (Barcelona, 1975) revivió con éxito de crítica y público.

Fue la estrella de la noche y no paró de llorar. Yo también lloré, mayormente por mimetismo. Me acordaba del año anterior, cuando Saura estaba recién enterrado y a Fernando Méndez Leite, el presidente de la Academia, le caían unas lágrimas como garbanzos.

Vestido con esmoquin blanco y sorbiéndose las lágrimas cada dos minutos, Bayona celebró en soledad su triunfo. Raramente una película obtiene tantos premios seguidos. La sociedad de la nieve no tenía competencia. De ahí las lágrimas de Bayona, personales e intransferibles. Era un llanto amable y reparador, silencioso como una balsa de aceite.

El auditorio estaba petado. En las primeras filas, Penélope Cruz, Almodóvar, Sigourney Weaver, los Javis, Belén Rueda, Ana Torrent, José Coronado, Ana Belén… y un Pedro Sánchez al que nadie le vio el luto por el asesinato de dos guardias civiles, el día anterior en Barbate.

Sofía de Grecia

La reina Sofía.

La reina Sofía. Guillermo Serrano Amat

Nuestra emérita reina Sofía, genio y figura, ha compensado la ausencia de nuestro emérito rey Juan Carlos en el entierro del primo, Víctor Manuel de Saboya, último heredero de la extinguida monarquía italiana. Y, de paso, nos ha venido a la memoria el culebrón que en su día hizo correr ríos de tinta en la prensa de todo el mundo.

No hace mucho vi un documental sobre Víctor Manuel de Saboya dirigido por Beatrice Borromeo, actual esposa de Pierre Casiraghi, hijo de Carolina de Mónaco. En el documental, la polémica figura de Víctor Manuel acapara mucho protagonismo. Yo diría que más de la cuenta. Nacido en Nápoles el año 1937, hijo de Humberto II, último Rey de Italia y primo de Juan Carlos I, nuestro Emérito.

Borromeo cuenta la historia de la involuntaria muerte de un turista alemán a manos (mejor dicho, a tiros) de Víctor Manuel. Borromeo se refiere a la muerte accidental de un tal Dirk Hammer, ocurrida en agosto de 1978 en la isla de Córcega.

[La reina Sofía, de luto riguroso y sin Juan Carlos I en el funeral por Víctor Manuel de Saboya: por qué sorprende su presencia]

Se encontraba el príncipe en Cavallo, al sur de la isla cuando de pronto vio que un bote de su propiedad permanecía amarrado a otra embarcación. En el bote se encontraba echando un sueño el joven turista alemán que recibió los tiros de príncipe italiano. La policía lo detuvo y a partir de aquel momento se vio sometido a una larga lista de oprobios y en todas partes la gente lo señalaba con el dedo. También en el mencionado documental, y por eso el príncipe heredero acusó a la directora de haberlo presentado como un asesino.

Pero no termina ahí el culebrón. En el año 2004, con motivo de la boda de Felipe de Borbón y la periodista Letizia Ortiz Rocasolano, tuvo lugar un incidente que pasará a la historia de las bodas reales. Sucedió la noche anterior a la boda, en el transcurso de la cena que los Reyes ofrecieron a sus invitados. Entre ellos estaban Víctor Manuel de Saboya y Juan Carlos I de Borbón, primos entre sí, además de un Saboya-Aosta, primo del primero. A la mañana siguiente, medio Madrid ya sabía que la noche anterior el rey Juan Carlos y su primo habían llegado a las manos.

Sabido era que las relaciones entre ellos no eran buenas. La última prueba de esa enemistad la tuvimos en el entierro de Víctor Manuel, que tuvo lugar en Turín, tras su fallecimiento en Ginebra el 3 de febrero. A su entierro no fue Juan Carlos, pero sí la reina Sofía, que quiso dejar en buen lugar a su marido. 

El off the record de Feijóo

España en vilo por un 'off the record'

Anterior
Alexei Navalny, opositor ruso encarcelado.

Putin sigue castigando a Navalny después de muerto

Siguiente