La heredera cumple, Umbral, Nadal y Borràs empapelada

La heredera cumple, Umbral, Nadal y Borràs empapelada Guillermo Serrano Amat

EL BESTIARIO

La heredera cumple, Umbral, Nadal y Borràs empapelada

Leonor de Borbón, Francisco Umbral, Rafael Nadal y Laura Borràs. La autora comenta lo más destacado de la semana a través de sus protagonistas.

10 julio, 2022 02:11
Princesa de Girona.

Princesa de Girona. Guillermo Serrano Amat

La princesa de Girona

La princesa ha cambiado. Ahora luce un rasgo de formalidad que la aleja de la muñequita que fue cuando empezaba primaria y sonreía con boca de porcelana. Poupée de cire poupée de son, pensaba yo con diente retorcido. Ha pasado el tiempo y la niñita de los rizos de oro se ha convertido en la princesa de Girona.

Desde que Leonor cumple a rajatabla su papel de heredera, a todos se nos cae la baba. Es un espectáculo oírla hablar catalán en la intimidad del Baix Empordá, sobre todo a los que procedemos de la escuela franquista, donde los profes enseñaban a decir Borrel en lugar de Borrell y Fortuni en lugar Fortuny.

A la niña de los mofletes de oro le dieron clases de catalán y de castellano antiguo, y no como a las “jóvenas” de la transición, que a fuerza de cantar a Serrat supimos que el Mediterráneo iba de Algeciras a Estambul y que la mejor canción de amor decía así: “Pero no vull qu´els teus ulls plorin / digue´m adeu / el camí fa pujada / m´en vaig a peu” (la traducción, en Google).

La princesa de Girona se ha hecho mayor con las pitadas de los CDR (Comités de Defensa de la Republica) y la acogida de los hermanos Roca, que ofrecieron sus salones para la entrega de premios de la Fundación Princesa de Girona. Eso fue al principio. Últimamente, la celebración ha viajado del Ampurdán a Barcelona, con el deseo de que la fiesta resulte más internacional. Una cosa sí es cierta: Leonor habla un catalán tan perfecto que los barceloneses no han oído ni en sueños.

La heredera apareció en escena ataviada con un vestido azul celeste de hormas anchas y un moño plantado en lo alto del occipucio como una palmera. Parecía una adolescente americana en el día de su 15 cumpleaños. Horreur ! Habría que exigir responsabilidades a los autores del desatino.

Francisco Umbral.

Francisco Umbral. Guillermo Serrano Amat

Francisco Umbral

Quince años se han cumplido ya del fallecimiento de Umbral, a quien resucitamos ahora en un curso de la Universidad Complutense (entre nosotros, la Complu), donde tantas veces se honró la prosa del escritor. A Paco se le daban muy muy bien las universidades de verano. Antes había sido la Menéndez Pelayo, pero algo debió de sucederle allí, pues dio en tomarle manía al palacio de la Magdalena y no volvió. Luego me confesaría que un día el mar se le coló por la ventana y pilló tal susto que no quiso repetir.

En el Escorial no había mar, pero a Paco le parecía un lugar de veraneo más interesante que Marbella o Saint Tropez. En los cursos de la Complu inspirados por Paco todos los años se congregaban amigos y seguidores del escritor, discípulos, groopies, adeptos y curiosos de toda condición.

Este año, la UCM se engancha al recuerdo y cultiva la añoranza de Umbral. Su prosa está presente de la mano del director del curso, el catedrático José Ignacio Diez, filólogo y catedrático de Literatura Hispánica, que iniciará el curso con la ponencia “Una transición entre chicas rojas”.

Participará también Dario Villanueva, catedrático de la Universidad de Santiago y académico de la RAE, con un título de su cosecha: “La prosa incancelable”. Manuel Llorente, redactor jefe de El Mundo, dirigirá una mesa redonda que tendrá como eje el memorialismo del escritor.

El martes actuarán figuras de postín, como la catedrática Benédicte de Buron-Brun, umbralista del mundo-mundial, que hablará de quinquis, yonquis y pasotas en la prosa del escritor, o Ángel Antonio Herrera, umbralista número dos, que lo hará sobre la discoteca de la metáfora. También actuará Ramoncín, que es, a partes iguales, un cantante y una creación de Umbral.

Cerrará Benédicte con la ponencia titulada “De la cátedra a la calle” y de paso extrañaremos a Li, la chinita que hizo su tesis doctoral en cheli pero luego se perdió en el zoo del coronavirus y todavía no la hemos encontrado. A modo de despedida, se ofrecerá el documental Anatomía de un dandy, con retazos de la vida de Umbral, que también fue también su obra. España, la esposa, se encargó de aportar la triste balada del recuerdo.

Rafael Nadal.

Rafael Nadal. Guillermo Serrano Amat

Rafael Nadal

Mi capacidad de sufrimiento no tiene límites. Lo digo por decir, aunque en esta ocasión no hablo de mí, sino de las personas que se sacrifican físicamente hasta extremos insólitos por alcanzar un reto deportivo. Me refiero a futbolistas, jugadores de balonmano o de baloncesto en silla de ruedas, corredores de cien metros lisos, etcétera.

Cuando los cronistas deportivos hablan de deportes difíciles, siempre pienso en la gente como Nadal, que el otro día renunció a seguir en Wimbledon para asegurarse su estabilidad física y su futuro.

El otro día Nadal compitió con sí mismo a la vez que se medía ante Fritz. Ganó a los dos. En el deporte, como en la vida, las cosas son así de contradictorias y asombrosas. Para ganar hay que perder, y para perder hay que desgranar un continuo rosario de tics en el cuerpo.

El primer tic consiste en pellizcarse el pantalón de deporte; el segundo, en recolocar los hombros de la camiseta para despegarlos del sudor; el tercero, en rascarse un poco la oreja izquierda y luego la derecha (o al revés). El cuarto consiste en un toque en la punta de la nariz y un retoque en el pelo.

A veces he llegado a contabilizar más de diez tics, incluyendo la recolocación de algunas prendas de la bolsa deportiva, así como el orden de las botellas de agua, las sales minerales, y las camisetas de repuesto. El tenista manacorí es inexpugnable, pero cuando el dolor le atiza, resbala por sus mejillas una lágrima del tamaño de un garbanzo.

Con Nadal no solo está asegurado el espectáculo: también el sufrimiento. Los reporteros gráficos que días atrás lo fotografiaron en Wimbledon, mostraban a un hombre con un rictus de dolor en la frente. Su expresión lo decía todo. Al día siguiente, los periódicos anunciaban el diagnóstico. Rafa sufría rotura fibrilar en el abdomen. El deportista volvió a probarse e pasados unos minutos, anunció su retirada de Wimbledon.

Laura Borràs.

Laura Borràs. Guillermo Serrano Amat

Laura Borràs

No es la primera vez que atribuyo a la presidenta del Parlament el sobrenombre de “la geganta” (la giganta), un apodo que le va pintiparado. Con todos mis respetos, Borràs es la pubilla más grande de la comarca. Tiene una envergadura considerable y la pongas al lado de quien la pongas, siempre parecerá un armario.

Ahora la también presidenta de Junts per Catalunya, el partido de Puigdemont, vive señalada por una imputación que le saca los colores varias veces al día. No es para menos. A Laura Borràs se le atribuye una conducta prevaricadora por haber favorecido a un amigo cuando dirigía la Institució de les Lletres Catalanes. El dinero, siempre el dinero.

La han pillado con el carrito del helado justo cuando menos lo necesitaba. Y es que el en Parlament existe una norma (artículo 24, por más señas) según la cual, cuando un diputado/diputada es procesado, tiene que renunciar. El texto del reglamente va más allá: si el delito tiene que ver con la corrupción, impone el cese inmediato.

El panorama político es desolador. Parece mentira que siendo de familias políticas distintas, muchas diputadas de los actuales parlamentos se comportan igual. Cambiemos en nombre de Borràs por el de Cifuentes, Oltra y otras tantas. Y todas encontrarán una explicación conspirativa para tapar sus comportamientos poco ejemplares. Desde el fuego amigo de Cifuentes a la conjura de Vox de Oltra, pasando por la ojeriza del Estado represor contra los disidentes, que dice Borràs.

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