La bandera trans, frente al Congreso de los Diputados.

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LA TRIBUNA

El papá fraude

“Cuando recortas una foto, estás contando una mentira” (Douglas Coupland)

14 mayo, 2021 02:14

Vaya por delante que no siento ningún tipo de animadversión hacia los transexuales. Quienes tienen el convencimiento profundo de poseer una identidad sexual (no de género, pues esto no es más que una categoría lingüística) diferente de aquella con la que fueron inscritos en el Registro Civil después de nacer tienen todo el derecho a que, tras cumplir los trámites necesarios, su nombre y sexo sean cambiados. Así lo establece la ley. Pero distinto es hacer trampas.

En el caso que voy a contar, el joven no jugó limpio y algunos periódicos se dejaron engatusar.

En portada, varios diarios dieron la noticia de que “un joven de 27 años” estaba a punto de dar a luz (de hecho, parece que ya ha sucedido). Sé que es como si se dijera que “un hombre mordió a un perro”, lo cual, tal y como se explica en todas las facultades de periodismo, constituye el axioma de lo que es una noticia. La inversión del orden natural constituye la noticia y no los acontecimientos corrientes y molientes.

Para empezar el relato, lo primero que conviene precisar es que el citado joven no es un hombre, sino una mujer (biológica). De este modo, la supuesta noticia deja de serlo en realidad, porque sería tanto como titular que “un perro mordió a un hombre”, cosa relativamente frecuente, del mismo modo que millones de mujeres de 27 años dan a luz sus bebés, sin que ninguno de tales nacimientos reciba la menor atención por parte de la prensa.

Entonces, ¿por qué todo esto? Pues porque nuestro protagonista, que nació mujer, manifestó en un momento dado su voluntad de cambiar registralmente de sexo, y para ello inició un tratamiento hormonal que tenía por finalidad cumplir uno de los requisitos que la ley exige para hacerlo. Hegel sentenció que “lo característico del hombre reside en no ser lo que es y ser lo que no es”. Pero eso es meterse en filosofías y de lo que estoy hablando es de un caso real. De un caso real de fraude de ley.

La incoación de un expediente de cambio de sexo exige una voluntad persistente y clara de querer cambiarlo

El fraude de ley consiste en buscar una norma de cobertura para evitar que se aplique la que se debe cumplir. Al parecer, ¿qué quiso eludir esta chica? Pues la posibilidad de seguir siendo mujer (y madre) y tener, al mismo tiempo, nombre de varón e identidad masculina.

Como esto, de acuerdo con la legislación vigente, no es posible sin la apertura de un expediente de cambio de sexo, inició los trámites que condujeron a tal fin, empezando por el diagnóstico de una disforia y siguiendo con el inicio de un tratamiento hormonal.

Sin embargo, por otra vía distinta y paralela de la que no tuvo conocimiento el juzgado, hizo que le congelaran varios óvulos para que en el futuro le fueran implantados. Más tarde, suspendió deliberadamente el tratamiento hormonal, con el fin de quedarse embarazada. No estoy seguro de si finalmente le fueron implantados los citados óvulos o si ella misma produjo otros nuevos. Lo determinante es que, presuntamente, la joven tenía la voluntad de quedarse embarazada cuando inició los trámites de cambio de sexo.

La incoación de un expediente de cambio de sexo exige una voluntad persistente y clara de querer cambiarlo. Actualmente, en todos los planos sociales y jurídicos hombres y mujeres somos iguales: podemos ser mineros, soldados, policías, bomberos, levantadores de peso, estibadores o asumir cualquier tipo de responsabilidad. Por consiguiente, en lo único que social y funcionalmente hombres y mujeres somos diferentes es en la posibilidad que ellas tienen, exclusivamente, de quedarse embarazadas, dar a luz y dar el pecho al bebé.

La disforia es lo contrario de la euforia que sintió esta chica cuando supo que iba a ser papá

Digamos que estas tres cosas son las únicas que hoy constituyen la esencia diferencial femenina en nuestras sociedades. Todo lo demás es exactamente igual.

Por tanto, cuando aquella joven inició el expediente de cambio de sexo, no quería realmente alterar su identidad sexual social. No se sometió a ninguna cirugía para transformar su aparato reproductor ni para hacer su morfología más parecida a su invocada masculinidad, sino todo lo contrario. Mandó congelar varios óvulos para que más tarde le fueran implantados. Y no concluyó, sino simplemente inició, para cumplir con el expediente, el tratamiento hormonal preceptivo. Pasado el tiempo, acudió a una clínica de fecundación artificial para provocar el embarazo.

Es realmente difícil que, de haber conocido el juez encargado del Registro las intenciones de la joven, hubiera procedido a cambiar su sexo. La disforia es lo contrario de la euforia que sintió esta chica cuando supo que iba a ser papá. ¿O se debería decir mamá? Menudo lío, no estoy seguro de que ella misma sepa lo que quiere ser.

*** Juanma Badenas es catedrático de Derecho Civil de la UJI, y ensayista y miembro de la Real Academia de Ciencias de Ultramar de Bélgica.

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