El candidato de ERC a la presidencia de la Generalidad, Pere Aragonès, en el debate de investidura.

El candidato de ERC a la presidencia de la Generalidad, Pere Aragonès, en el debate de investidura.

LA TRIBUNA

Madriditis catalana

El autor analiza las consecuencias de la victoria de Ayuso en la política catalana y, especialmente, en la “izquierda no independentista” de ERC.

7 mayo, 2021 03:00

Yo esperaba que una victoria del fascismo en Madrid llenase las carreteras de exiliados huyendo hacia Francia y Portugal, pero se ve que no. Se ve que lo que preocupaba a las izquierdas no era el fascismo, sino el poder, y que, ya más relajados tras una intensa campaña muy polarizada y tal, ahora pueden volver los análisis sensatos y la mirada larga. Ahora que han perdido pueden volver a centrarse en tener razón, que es lo que en el fondo más les gusta. 

¿Quiere decir eso que van a aprender la lección? Por supuesto que no. Si aprendiesen la lección se les acabaría el chollo. ¿Qué van a aprender? Si la derecha más derecha de la democracia, esa a la que hoy mismo siguen llamando nazi, ha, simplemente, arrasado en Madrid… ¿qué lección puede sacar la izquierda de aquí?

¿Que debería renunciar a Madrid?

¿Que debería renunciar a la izquierda?

Y, con mayor motivo todavía, ¿qué lecciones va a sacar la izquierda catalana?

Es siempre tras la derrota cuando más les gusta y más fácil les resulta tener razón

La izquierda catalana no puede renunciar a ninguna de las dos cosas. La izquierda catalana, la no independentista, ha configurado su discurso antinacionalista, antiesencialista, antiidentitario y para nada provinciano en la promesa de un Madrid fraterno que nos comprende y que nos ama y que usa el poder para el mejor entendimiento entre los muchos, muchísimos, pueblos de España.

Es un Madrid que se confunde con España, con su gobierno, con la ciudad, con algunos de sus barrios o con la Comunidad Autónoma, según convenga, y, paradójicamente, es imposible entender nada si no se acepta esta confusión.

Por eso hablan mucho más de Vallecas que del Raval, para que me entiendan ustedes y para entenderse entre ellos, porque si hablasen del Raval tendrían que hacer política y haciendo política, ya se ve, se corre el serio riesgo de perder frente a la derecha o, peor aún, volverse como ella.

El discurso del Madrid fraterno nació y creció contra el procés y la derrota del procés no ha hecho más que reforzarlo. Basta con leer los editoriales de La Vanguardia, o comparar los actuales discursos de Rufián y de la CUP con los de hace unos cuantos años para ver hasta qué punto la izquierda catalana está cada vez más unida en su lucha contra el secesionismo madrileño. La madriditis futbolística de nuestra infancia se ha transformado en la madriditis política de nuestra supuesta madurez. Con una cuenta de resultados bastante parecida.

Lecciones, por lo tanto, las justas. Por eso ahora, tras la victoria de la Ayuso de la Libertaz, en Cataluña se discute menos de bajadas de impuestos o apertura de bares que de si es bueno, necesario, digno o conveniente pedir o no pedir los indultos en el Supremo. Porque, lo decía Aristóteles, donde no hay un Madrid fraterno es necesario que haya ley.

A la izquierda catalana, esta izquierda no independentista y amiga y casi hermana de la madrileña, le han vuelto a entrar las prisas con los indultos y ese fue su primer análisis tras las elecciones madrileñas. Si el PSOE no quiere desaparecer tiene que hacer exactamente lo que le digamos nosotros, repetían los analistas podemitas tras la derrota.

Como decía, es siempre tras la derrota cuando más les gusta y más fácil les resulta tener razón. Porque para la izquierda catalana, creo que tanto por izquierda como por catalana, cada victoria llama a la prudencia, a andar despacio para llegar lejos, y cada derrota confirma la urgencia de que todos los demás les hagamos caso.  

Los líderes independentistas entienden que la solución de “la situación de los presos” supone muy probablemente el fin del procés y de su carrera política

Las prisas de la izquierda no independentista por liberar a los presos, “la única forma de resolver el conflicto” o “desencallar la situación”, chocan con la negativa de los propios presos y de sus partidos a aceptar un indulto que implica un arrepentimiento que ni sienten ni se pueden permitir fingir.

Los líderes independentistas entienden que la solución de “la situación de los presos” supone muy probablemente el fin del procés y de su carrera política. Y que mientras sigan encarcelados, ellos o sus compañeros, podrán seguir usando su condición de víctimas para negociar con una izquierda ahora gravemente debilitada. 

Pere Aragonès ha aprovechado la derrota de la izquierda fraterna madrileña para seguir en su estrategia de fortier in tono suaviter in re. Ha insistido en que Madrid es populismo de derechas y extrema derecha y Cataluña es republicana, independentista y de izquierdas, la noche y el día, y lo hace plenamente convencido mientras sigue calculando a ver qué le conviene más pactar con quién

La izquierda no independentista, catalana o fraterna, que gobierna y no gobierna en Madrid según el día y según convenga, sigue comportándose con los presos como lo haría un secuestrador, pretendiendo usarlos como arma electoral o como moneda de cambio en las negociaciones.

Pero a lo que el independentismo hace con esto no sé yo si cabe llamarlo Síndrome de Estocolmo porque, especialmente tras la aplastante victoria de Ayuso, cada vez es más difícil saber quién tiene secuestrado a quién.  

*** Ferran Caballero es profesor de Pensamiento Contemporáneo en la Universidad Pompeu Fabra y de Pensamiento y Creatividad en LaSalle-Universidad Ramon Llull.

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