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LA TRIBUNA

Solidaridad y cooperación social en la lucha contra el Covid-19

La autora analiza fenómenos como el de la cooperación, la solidaridad y el altruismo a la luz de la crisis del coronavirus.

15 abril, 2020 02:37

"Por muy egoísta que se suponga que es el hombre, es evidente que hay en su naturaleza algunos principios que le hacen interesarse por la fortuna de los demás, y hacerle necesaria su felicidad, aunque nada derive de ella si no es el placer de verla".
Adam Smith (1759).

Las cuatro semanas de confinamiento obligatorio decretado por el Consejo de Ministros español ante la crisis generada por el Covid-19 nos ha demostrado algo que ya sabíamos. El ser humano tiene una clara tendencia a ayudar a los demás, no solo a los individuos unidos por lazos de parentesco, sino también a grandes grupos de individuos desconocidos.

Mientras algunos ningunean (o incluso critican) las muestras de solidaridad que no refuerzan su narrativa sectaria, Amancio Ortega anunciaba el 18 de marzo la donación de 300.000 mascarillas quirúrgicas, cifra que se sumaba a las 10.000 que ya había donado. Inditex puso a disposición del Gobierno toda su capacidad logística, de aprovisionamiento y de gestión comercial para atender tanto las necesidades de material sanitario como textil que la crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto. Tres semanas después, Amancio Ortega ha donado material valorado en 63 millones de euros.

Esta no es la única contribución que las grandes empresas de nuestro país están haciendo a la situación. También se han recibido donaciones de Telefónica, el Banco Santander, BBVA, Iberdrola o Iberia. El mes pasado Mercadona anunciaba a sus trabajadores el pago de una prima del 20% sobre su salario bruto en el mes de marzo para “poner en valor” el trabajo que están realizando estos días, y sobre todo, las dificultades y riesgos con los que se encuentran.

Esta crisis ha puesto de relieve lo fundamental de contar con una sociedad civil unida y organizada

Recordemos que cajeros y reponedores son uno de los colectivos más expuestos al virus. Otros supermercados más pequeños han tomado decisiones similares. Así mismo, muchos hoteles han anunciado la cesión de camas a los diferentes gobiernos regionales para poder tratar a los infectados menos graves. Y empresas de movilidad como Free Now, Cabify o Uber han estrenado una tarifa especial para transportar a personal sanitario entre hospitales y a domicilios privados.

La lucha contra el virus no interpela únicamente a servicios sanitarios o de alimentación, también requiere del esfuerzo de toda la ciudadanía por respetar el confinamiento obligatorio. Pese a que la mayoría de ciudadanos están cumpliendo con su cometido, las empresas de telefonía móvil se han sumado al aluvión de muestras de solidaridad con el ofrecimiento de herramientas de big data para facilitar datos de geolocalización anónimos y agregados para asegurar la efectividad de la cuarentena.

Por último, los esfuerzos para parar el virus y mejorar la situación de los ciudadanos confinados también se han extendido al ámbito educativo y del entretenimiento. Empresas como Coursera o el Grupo Planeta han cedido su contenido online a Universidades y colegios para que los más pequeños puedan continuar con su actividad educativa. Hasta la distribuidora de porno PornHub ha decidido ofrecer su contenido premium de forma gratuita a sus usuarios españoles.

Fuera del ámbito empresarial, esta crisis ha puesto de relieve lo fundamental de contar con una sociedad civil unida y organizada. Desde las donaciones de material sanitario que ha protagonizado la comunidad China en diferentes puntos del país, hasta las iniciativas de compra a domicilio para personas mayores que se han impulsado desde muchas comunidades de vecinos, o incluso las iniciativas ligadas al entretenimiento que artistas o creadores de contenido están ofreciendo a través de las redes sociales.

La importancia de estas donaciones no radica ni en la cuantía ni en la periodicidad, ni siquiera en su impacto. Lo relevante de estas muestras de solidaridad es que, muchas empresas, teniendo la opción de aumentar sus precios debido a la alta demanda; de cerrar sus fábricas y despedir al 70% de sus trabajadores (aunque solo fuese temporalmente); o de no hacer nada y quedarse como están, deciden ayudar a los demás.

La única forma de maximizar nuestro bienestar en las sociedades libres es cooperar con los demás

Los poderes públicos constantemente tratan de vendernos la idea de que los intereses individuales (sobre todo de algunos individuos) y los de la sociedad están en conflicto, o bien porque el individuo en cuestión no se ha dado cuenta de cuál es su mejor interés (alienación) o bien porque actúa de forma egoísta y aprovechándose de los demás. Esto no es así.

Los seres humanos somos seres sociales y entendemos (aunque no siempre sea por convicción sino por necesidad) que la única forma de maximizar nuestro bienestar en las sociedades libres pasa por la cooperación con los demás. Esa cooperación se da tradicionalmente en el mercado: unos individuos producen unos bienes o servicios que la sociedad demanda, y obtienen otros bienes que pueden usar en su propio beneficio o en el de sus seres queridos. Pero también tiene lugar cuando el Estado coordina recursos con necesidades, o cuando los ciudadanos se coordinan (voluntariamente) de forma altruista.

Esa tendencia al altruismo puede responder a múltiples razones. La empatía (como búsqueda de comprensión de los demás), la autoestima (sentirse mejor con uno mismo), la reputación (como búsqueda de una posición de reconocimiento social por parte de la comunidad), las relaciones de reciprocidad (esperar que cuando nosotros lo necesitemos, alguien nos ayudará), el sentimiento de apego a la familia o la comunidad, el sentimiento de culpa sobre las desdichas ajenas, el hecho de contar con normas sociales y morales que nos exigen actuar en beneficio ajeno, o una combinación de varias. En definitiva, una serie de mecanismos psicológicos que nos empujan a asumir un coste para ayudar a terceras personas.

La movilización social no es sólo inevitable sino necesaria. Junto con la colaboración del Estado y el sector privado, contribuye al alivio de unos (casi) colapsados servicios públicos, a la mejora de la calidad y a la ampliación de la oferta y capacidad de elección de muchos bienes y servicios.

*** Irune Ariño es subdirectora del Instituto Juan de Mariana.

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