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LA TRIBUNA

Por memoria y reparación

El autor celebra la exhumación de Franco y defiende a las Trece Rosas de los ataques de Vox.

El jueves, a eso de la 12 y no sin pocas dificultades, el dictador abandonaba el Valle, y claro, no han podido ni disimular que les molesta. Un nietísimo con banderas ajadas, una corona de laureles como si de un caído en batalla se tratase y unos tristísimos vivas ahogados por el silencio de la más absoluta soledad. La imagen de una familia que entierra a su abuelo como todo el mundo entierra a sus abuelos, en la intimidad, sin honores de Estado, sin fastos ni plañideras. Así se pone fin a un atropello democrático injustificable.

Al otro lado de Madrid, sincrónicamente, aparecen pintadas en el busto de Pablo Iglesias Posse, el fundador del PSOE, y a media tarde la sección juvenil de Vox convoca a la derecha mas amenazante a intentar intimidarnos en nuestra sede de la calle Ferraz, esa misma en la que ya lo pretendió sin mucho éxito la semana pasada ese proyecto de partido político que es ADÑ. Y yo me pregunto… ¿qué nos afean exactamente? ¿Haber cumplido con el mandato del Congreso sin voto alguno en contra? ¿Haber cumplido con el mandato del Tribunal Supremo, también sin voto alguno en contra? ¿O que el Ejecutivo de Pedro Sánchez haya cumplido con el procedimiento mas garantista y respetuoso que se podía imaginar?

Puede uno llegar a entender la rabia que para algunos produce el triunfo de la democracia, pero el descaro resulta un tanto escandaloso. Cuando se les acaban los argumentos técnicos, cuando se ha cumplido estrictamente la ley y se ha tratado con respeto a la familia (ya hubieran querido muchas familias poder sacar a sus víctimas a hombros); cuando quien resuelve finalmente la exhumación es el Alto Tribunal; ¿qué les queda? Pues eso, la nostalgia de tiempos pasados, la imágenes en la retina de una España gris que termina de caer estrepitosamente, la soledad de una explanada hace 40 años abarrotada por cientos de personas. Pero por encima de todo, lo que no pueden soportar es la frustración de que Franco salga del Valle bajo una guardia socialista.

El jueves, las Juventudes Socialistas y el PSOE quisimos que nuestro homenaje fuera para ellas, para las Trece Rosas, aquellas 13 mujeres fusiladas el 5 de agosto del 39 tras un juicio sumarísimo de urgencia, por defender la justicia, la democracia y la libertad. Las mismas contra las que Vox y sus adláteres llevan semanas despotricando vilmente.

Por encima de todo, lo que no pueden soportar es la frustración de que Franco salga del Valle bajo una guardia socialista

Pero lo mas paradójico del caso ya no es que Vox intente manchar la memoria de cuantas fusiladas sea posible, sino que para hacerlo desdiga al mismísimo coronel Cerdeño Gurich, presidente del noveno Consejo de Guerra Permanente de Madrid. Tribunal que juzgó a las Trece Rosas y que nunca acusó a las 13 jóvenes de otro delito más allá del de “adhesión a la rebelión”, es decir ni las mataron por violadoras, ni por asesinas, ni por torturadoras. Las mataron solo por ser socialistas.

Es de justicia indicar que no todas ellas pertenecían a las Juventudes Socialistas Unificadas. Solo pudo probarse la afiliación de la mitad de ellas a esta organización a la que yo hoy pertenezco, las Juventudes Socialistas de España. Sin embargo, de una manera u otra se las acusó y mató por adherirse a la rebelión, una rebelión compuesta por socialistas, comunistas, sindicalistas, leales a la República y cualesquiera otras cataduras morales que el Régimen estimó contrarias a su “Nueva España”.

Habrá quien piense que poco importa el porqué, que el caso es que las mataron hace mucho. Fueron procesadas y sentenciadas, como tantos otros, por un tribunal ilegítimo, sin ningún tipo de garantía procesal, sin abogado, sin presunción de inocencia, sin mas audiencia que la que les dieran en la lectura de la sentencia (si es que se la dieron). Por eso es importante tener claras las motivaciones del tribunal, que no eran sino las del movimiento en sí mismo: depurar la sociedad de elementos subversivos en lugar de administrar justicia a quienes se acusase legalmente de algún delito.

Al menos el tribunal militar tuvo entonces la honestidad de declarar negro sobre blanco en su sentencia (causa nº 30426) cuáles eran los motivos reales de su acción: defender “cuantos postulados integraren aquel Glorioso Movimiento Nacional” y en consecuencia responder ante cualquier “violación” por medio de sus “órganos sancionadores, correctores y represivos” (sic.). Resulta llamativo que, al menos, lo dejasen así de claro sin siquiera querer enmascararlo de acción legítima de la Justicia. Por lo menos en el 39 los fascistas no tenían pudor en parecerlo.

Junto con el dictador, hemos enterrado dignamente una deuda de justicia que llevaba 44 años avergonzándonos

Y es que no deja de sorprenderme y cabrearme, a partes iguales, que en octubre de 2019 todavía escuchemos, por boca de quien llama a intimidar en las sedes del PSOE, la tétrica letanía de lo buenos que eran los pantanos o que la Seguridad Social, esa que tanto ha cuidado siempre la derecha (entiéndase la ironía), era poco menos que una proeza expiatoria de todos los pecados nacionales

Que no digo yo que los pantanos no sigan siendo útiles a día de hoy o que incluso, y tras aceptar barco como animal acuático, la economía española fuese entonces la novena del mundo; pero claro, con todos los ases en la manga es mas fácil jugar. Sin oposición, sin sociedad civil de ningún orden, sin el más mínimo control institucional o social, sin prestar ningún servicio público esencial, y con toda la maquinaria del Estado y la Iglesia al servicio del dictador, muy mal hay que hacerlo para no inaugurar un par de pantanos. Y por supuesto, nada de esto es excusa para permitirse la licencia de mancillar y deshonrar la memoria de 13 mujeres jóvenes inocentes que fueron asesinadas a sangre fría por la misma razón que quienes fueron obligados a constituir el mausoleo -por fin hoy vacante- solo por pertenecer a una organización política.

Pero al final el sol salió, las fosas se abren y las heridas se cierran. Y por muchos 20 de noviembre que vengan, ya nunca será lo mismo cuando alcen sus brazos frente a las catedrales, porque en Mingorrubio, junto con el dictador, hemos enterrado dignamente una deuda de justicia que llevaba 44 años avergonzándonos como país.

*** R. Ricardo Rosas Romera es secretario de Organización de las Juventudes Socialistas de España.

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