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LA TRIBUNA

Los marxistas y su privatización de las causas justas

El autor denuncia la patrimonialización de la izquierda de causas con las que una mayoría de la sociedad se identifica, con la clara intención de obtener réditos políticos.

Después de haber sido testigo del escrache al que se sometió a los representantes de Ciudadanos en el desfile del orgullo LGTBI, me vuelvo a acordar de algo de lo he sido testigo en varias ocasiones, como ciudadano observador y también, por desgracia, como directamente implicado en dos ocasiones, tras el accidente de ferrocarril de Angrois, en julio de 2013, en el que falleció mi madre, y tras la explosión del almacén ilegal de material pirotécnico que explotó en Tui en mayo de 2018.

Llevo años observando cómo desde posturas políticas próximas al marxismo se prioriza siempre el liderazgo en causas públicas de todo tipo que tengan como denominador común la implicación y la supuesta o real negligencia del poder político, puede ser un accidente grave -como el de Angrois, el Yak o el Metro de Valencia-, una catástrofe medioambiental -como la del Prestige o los incendios-, una causa social de cualquier tipo -como la que nos ocupa de las personas LGTBI por reivindicar sus derechos o promover sus intereses-, etc.

Naturalmente muchas de estas causas, son causas que podemos calificar como justas, con las que una gran mayoría de la sociedad se puede identificar, pero que sólo los marxistas se preocupan de capitalizar políticamente a través de la creación y control de las plataformas y asociaciones que lideran cada una de las reivindicaciones. En general no supone un gran esfuerzo porque son causas -especialmente las sociales o medioambientales- en las que muchos activistas están legitimados para participar y liderar, puesto que son afectados directos. En los accidentes es más complicado porque la legitimación la tienen -no exclusivamente, pero sí principalmente- las víctimas.

Para los activistas de la izquierda es fundamental que nadie les dispute la capitalización política en exclusiva de la defensa de esas causas, y por ello las privatizan. En realidad, la expulsión de Ciudadanos del desfile busca lograr que este partido no pueda ser identificado con esa causa. Poco importa a los sectarios que esto pueda lesionar la fuerza de la propia causa al estrechar la base de su apoyo. Pedro Zerolo, como activista honesto que era y defensor cabal de una causa realmente difícil hace unas décadas en España, siempre abogó por el ensanchamiento de la base social de la causa LGTBI.

Quienes hoy controlan el movimiento LGTBI en España lo que buscan es la utilización política de ese movimiento

Obviamente también hay gente honesta en la izquierda, pero eso no nos debe impedir ver que quienes hoy controlan el movimiento LGTBI en España no son tan honestos como el señor Zerolo y lo que buscan es la utilización política de ese movimiento reivindicativo para obtener rédito político, un rédito privativo, un rédito exclusivo, incluso a costa de lesionar los intereses del colectivo que dicen defender.

Todo el mundo tiene derecho a pensar que alguien que aparece en una manifestación no defiende honestamente los intereses y/o los derechos de ese colectivo, o incluso que quien quiere sumarse lo hace para utilizar la causa políticamente, sin que le importe realmente en sí misma.

Voy a poner un ejemplo. Durante los meses posteriores a la explosión del almacén pirotécnico del año pasado en Tui, hubo momentos en los que la implicación de los partidos de la izquierda en la resolución del problema era, cuando menos, cuestionable. PSOE y BNG (que gobernaban la Diputación de Pontevedra), PSOE (que gobernaba en solitario desde la Moncloa) y En Marea (la rama gallega de Podemos, hoy ya escindida de los de Pablo Iglesias, en la oposición entonces en la Diputación y en el Congreso) tuvieron un grado de implicación entre nulo y mínimo.

Paradójicamente -o no tanto- sí que fueron activos donde eran oposición: en el Parlamento de Galicia. Demostraron así que no era tanto la causa de ayudar a los vecinos afectados lo que les importaba, sino la posibilidad de su utilización política para autofortalecerse y para desgastar al adversario. Como en la Xunta gobernaba el PP, sí que reclamaban contundentemente a esa institución, mientras que desde las instituciones que ellos gobernaban hacían muy poco.

Quienes montaron y aplaudieron el escrache a Ciudadanos en la manifestación del Orgullo debilitaron la causa LGTBI

A la luz de lo que ha pasado con Ciudadanos en el Orgullo, la pregunta pertinente podría ser, ¿qué habría pasado si la Plataforma de Afectados por la Explosión en Tui le hubiese advertido a los representantes del PSOE y del BNG de que sería mejor que no se presentaran en las manifestaciones porque no estaban haciendo lo que podían hacer para ayudar desde las instituciones que gobernaban? Resulta fácil entender que así no se hubiesen fortalecido las reivindicaciones de los afectados. Creo que cualquier exclusión, incluida la de aquellos que podamos pensar que no están comprometidos, tiene que ver con intereses políticos y no con los intereses explícitamente en cuestión.

En otro asunto que infelizmente me tocó de cerca, el accidente de tren de Angrois, en 2013, en el que falleció mi madre, en lo poco que pude aportar a la plataforma que lideró magníficamente Jesús Domínguez, entendí que teníamos que buscar todos los aliados posibles, muy especialmente cuando tanto PP como PSOE -algo que ya se vio enseguida después del accidente- iban a hacer todo lo posible para que no se esclarecieran las causas del accidente, lo que hacía imprescindible aliarse con la extrema izquierda.

No obstante, advertí a la dirección de la Plataforma de que habría intentos de cooptación y de control de la Plataforma, intentos que efectivamente se produjeron pero que no llegaron a buen puerto. Aquí podemos aplicar la misma máxima: si lo importante es la causa, la prioridad es sumar aliados. Con posterioridad, intenté echar una mano para sumar a Ciudadanos, lo que se consiguió en gran medida. En lo poco que pudiese importar mi opinión, sabía que no podía dejar que mi ideología afectase negativamente a la defensa de la justicia y el resarcimiento de ochenta víctimas inocentes y sus familias.

Desde una perspectiva de honradez y fidelidad a un determinado fin es muy difícil de entender que se pueda echar a alguien de una manifestación pública de apoyo a ese fin, a no ser que lo que se busque no sea el éxito de esa causa sino su utilización para obtener réditos políticos, incluso a costa de acabar por debilitarla, que es lo que pasó en Madrid en el desfile del Orgullo. Los que montaron y aplaudieron el escrache debilitaron la causa LGTBI.

*** Carlos Vázquez Padín es licenciado en Ciencias Políticas y ex alcalde de Tui (Pontevedra).

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