Moreno Bonilla, junto a Pablo Casado.

Moreno Bonilla, junto a Pablo Casado. Efe

LA TRIBUNA

La refundación "sin complejos" se quedó en Convención

La autora defiende que el objetivo de esta convención popular era el de recuperar la hegemonía del centro derecha

Sólo han pasado nueve meses entre la convención de Sevilla y la celebrada este fin de semana, y entre medias muchos cambios, tal vez demasiados y, algunos de ellos, incluso impensables. Si en la capital andaluza los populares trataron de levantar el ánimo ante el ciclo electoral al que habría que someterse, en Madrid se ha intentado trasmitir una imagen de unidad y fortaleza. 

No obstante, esta convención no se ha podido celebrar en un momento más indicado; ni los mejores estrategas habrían podido prever una fecha más adecuada. Esta cita ha coincidido con la investidura de Juan Manuel Moreno como presidente de Andalucía, algo inimaginable hace unos meses. El pacto tripartito ha venido a romper con cuatro décadas de gobiernos socialistas ininterrumpidos en su mayor feudo electoral. Todo un triunfo cuando peor parecía que lo estaba pasando el partido. Además, en estos últimos días han recibido otro balón de oxígeno: Podemos ha comenzado a desangrarse tras el anuncio de Íñigo Errejón de concurrir a las autonómicas con la plataforma impulsada por Manuela Carmena, Más Madrid.

En este clima se ha celebrado la convención del PP, donde el partido debía afrontar un desafío similar al que en su día tuvo que hacer frente el Congreso refundacional de Alianza Popular en 1989: recuperar la hegemonía del centro derecha. Por este motivo, los populares han hecho un gran esfuerzo para proyectar una defensa cerrada de la trayectoria de su partido; incluso en esta ocasión han logrado que dos de sus máximos baluartes hayan acudido a la cita, un hecho que no se ha producido en los últimos cuatro años aunque, eso sí, Mariano Rajoy y José María Aznar no han compartido el escenario. Pero ni si quiera esto ha podido empañar la gran fiesta que los populares han vivido en el palacio de congresos.

 El partido debía afrontar un desafío similar al que en su día tuvo que hacer frente el Congreso refundacional de Alianza Popular en 1989: recuperar la hegemonía del centro derecha

Otra cuestión es el balance que se puede hacer de este cónclave. Son muchos los que se aventuraban a calificar esta convención como el lugar donde el PP, por fin, vendría a celebrar ese gran debate de ideas que lo posicionará frente a la izquierda y los nacionalistas. Para ello, se abrió la asamblea a la sociedad con la participación de economistas, intelectuales, víctimas del terrorismo, expertos en educación, en violencia de género, etc. Un rearme ideológico que sirviera, además, para recuperar el terreno perdido, o mejor dicho, el que le ha arrebatado Ciudadanos, y tras el resultado de las últimas elecciones andaluzas, Vox

Es cierto que, en parte, la debilidad actual de este partido es precisamente ésa, que donde antes había un solo partido ahora hay tres. La derecha está tan dividida como en tiempos de Manuel Fraga, y para que los populares recobren sus porcentajes de votos deben intentar integrar a todo el centro derecha en esa "casa común" que era antaño el PP.

El problema es que, si se escora a la derecha, corre el peligro de que el sector más liberal de su electorado se desplace a Ciudadanos al mismo tiempo que contribuye a desradicalizar a Vox. Y a la inversa, si se mueve hacia el centro, sus votantes ubicados en la derecha pueden optar por Vox. 

Está claro, por tanto, que la solución pasa por volver a reunificar el centro derecha español, y para ello, hay que ensanchar y actualizar las bases del actual PP. La cuestión es si hay que hacerlo bajo los principios que llevaron al partido a conseguirlo entre 1990 y 1996. 

La solución pasa por volver a reunificar el centro derecha español, y para ello, hay que ensanchar y actualizar las bases del actual PP, pero faltaron elementos diferenciadores

Mariano Rajoy lo intentó llevando al partido al extremo de un catch-all party, es decir, un discurso de perfil bajo capaz de aglutinar un espectro más amplio de votantes y una estrategia de conformación de mayorías a partir de la indefinición, aunque, en los últimos tiempos, el resultado no ha sido del todo positivo. El PP de Casado pretende hacerlo, en cambio, bajo el lema “sin complejos” y rescatando la esencia del exitoso PP de Aznar, como ha quedado patente en esta Convención, donde de nuevo se ha oído hablar, por ejemplo, de la unidad de España, la recentralización de la educación, la tradición humanista, el partido del empleo, etc. Ahora bien, sólo con eso no puede ponerse fin a la sangría de votos que está sufriendo el partido, y sobre todo, reconquistar al electorado que ya se ha marchado.

El PP ha desaprovechado una maravillosa ocasión para reinventarse, sin tener que renunciar por ello a reafirmarse, reforzarse y reivindicarse. Los populares han oficializado la reconciliación pero, sobre todo, han apostado por el regreso del aznarismo en todas sus dimensiones para intentar hacerse con todo el espacio del centro derecha. El asunto es que el panorama ha cambiado de manera sustancial: en aquel momento el PP apenas tenía competencia, y ahora la tiene por sus dos flancos. Por eso se echa en falta que en esta Convención no se haya ido más allá, reivindicando sus principios sí, pero apostando también por una regeneración democrática “real” y por la búsqueda de una serie de elementos diferenciadores. No basta con cambiar el himno, dar ánimos, presuponer que los votantes regresarán únicamente por fortalecer los valores del partido, o intentar rentabilizar la presidencia en Andalucía. Una oportunidad perdida, que seguramente se verá enmascarada en las próximas elecciones con los pactos al estilo andaluz que se producirán en muchas autonomías y municipios, y que teñirán España de azul.

*** Gema Sánchez Medero es Doctora en Ciencias Políticas y de la Administración

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