Pedro Sánchez, durante la moción de censura.

Pedro Sánchez, durante la moción de censura. Javier Lizón Agencia EFE

LAS PREGUNTAS DE LA SEMANA

La gran boda gitana de Pedro Sánchez a falta de "la prueba"

SÍ. Lleva razón una de las tres brujas de Macbeth cuando exclama, entre la compasión y la maldad, que toda existencia es fruto del azar. Sin saberlo, Shakespeare se refería a Pedro Sánchez con cuatro siglos de anticipación.

¡No me llamen Pedro Sánchez, llámenme Pedro Azar!, podría proclamar el nuevo presidente del Gobierno ante la absorta ciudadanía por el maremoto político acaecido en España. Todo comenzó con una moción de censura que enterró a Rajoy en un pispás, y ha finalizado con el festivo nombramiento de 'la nueva Gobierna'. (Por cierto, se comenta que los leones del Congreso de los Diputados han entrado en depresión: no saben cuál de los dos será cambiado por una leona).

Azar es una palabra árabe con doble significado: flor y dado. Las dos acepciones valen para adornar uno de los dos grandes atributos del líder socialista. Sánchez nació con una flor en el culo y con tanta suerte que el dado siempre le cae en el seis. La suerte siempre acompaña a los audaces, decía Terencio. Su otro atributo es la ambición, de ahí que citar a Macbeth para hablar del nuevo presidente del Gobierno es totalmente oportuno, aunque en su caso no llegue ni al regicidio ni al patricidio, al menos por el momento.

Pero lo de esta semana, la entrega por capítulos de los nuevos ministros, más ha parecido una boda gitana, la de un novio llamado Pedro y una novia nombrada Moncloa, que una obra de teatro clásico. Las bodas gitanas son todas muy vistosas, muy ruidosas, muy llamativas, con muchos invitados, muy costosas y muy coloristas… Duran, como media, cuatro días. Tantos como se ha extendido el goteo de los nombres de los ministros.

Lo de esta semana, la entrega por capítulos de los nuevos ministros, más ha parecido una boda gitana que una obra de teatro clásico

Comenzó el lunes con el premio gordo, Josep Borrell, como ministro de Asuntos Exteriores, flagelo de los independentistas catalanes, y finalizó con Margarita Robles, la ministra de Defensa y nueva jefa de los espías del CNI, la jueza a la que no le temblaría el pulso en la aplicación de la Constitución hasta sus últimas consecuencias.

Entremedias, un ministerio para el astronauta Pedro Duque; otro para la europeísta Nadia Calviño, la hija de José María Calviño, el Torquemada guerrista que controló RTVE durante los primeros años de la era socialista; otro para el prestigioso juez Grande-Marlaska, el primer ministro reconocidamente gay en la historia de la democracia, y así hasta 17, con la nota de color de Màxim Huerta, el periodista que soñó con sustituir a Ana Rosa Quintana y ha recibido la cartera de Cultura y Deportes. (Màxim, cuyo nombramiento ha sido interpretado como la cuota Sálvame del Gobierno popular socialista, debe tener cuidado para no convertirse en una especie de Fernando Morán, aquel ministro pim-pam-pum del primer gobierno de Felipe González).

Los ministros, Pedro Sánchez y el Felipe VI en el acto de este jueves.

Los ministros, Pedro Sánchez y el Felipe VI en el acto de este jueves.

Todo es mejorable, pero a Sánchez, al menos sobre el papel, le ha salido un Ejecutivo redondo para este momento político. Es más: yo creo que ha ganado la moción de censura ahora, con su Gobierno, y no la semana anterior en el Congreso de los Diputados, donde fue elegido Presidente de prestado. Pedro Sánchez ha creado un gobierno gabardina: le sirve para dos temporadas. Si le llueve a cantaros y tiene que convocar elecciones anticipadas dentro de pocos meses, o si puede aguantar aunque haga fresco debido a su ostensible minoría parlamentaria. En el primer caso podrá decir al electorado que tenía un proyecto con unos más que cualificados ministros “pero no me han dejado gobernar”; en el segundo, “esto es lo que soy capaz de hacer pese a las dificultades”. Tanto en uno y otro caso, Pedro Sánchez y el PSOE han ganado ya en términos políticos y electorales.

En su borrachera de fichajes estrella, con nombres de mujer, dicen que Pedro Sánchez llegó a pedir el número de teléfono de Malala Yonsafzai, la niña paquistaní a la que los talibanes le pegaron un tiro en la cara para disuadirla de su cruzada a favor de la educación de la mujer. Si no para hacerla ministra, para invitarla a la Moncloa en el menor tiempo posible.

El momento cumbre de las bodas gitanas llega con “la prueba”, la ancestral costumbre: cuando la ajuntaora muestra a los asistentes que la novia llega virgen al matrimonio. A Pedro Sánchez van a meterle el índice por todos los sitios posibles. Independentistas, Podemos, PP, Ciudadanos… están decididos a hacerle tanta sangre como puedan, si bien la situación de unos y otros es, a su vez, complicada y difícil.

A Pedro Sánchez van a meterle el índice por todos los sitios posibles. Independentistas, Podemos, PP, Cs… están decididos a hacerle tanta sangre como puedan

Los independentistas, si aprietan mucho, corren el riesgo de que en unas nuevas elecciones haya una clara mayoría en el Congreso contra sus intereses. Podemos sabe que será culpado si descarrila antes de tiempo la ilusión generada por Sánchez entre la España de izquierdas, incluso de centro –sobre todo, entre las mujeres-. El Partido Popular necesita recuperar el resuello, ante la incertidumbre de quién será su nuevo líder tras el Congreso de julio. El gallego Feijoo parte como favorito aunque sobre él se cierne un gran peligro: que el electorado le vea demasiados parecidos a Rajoy, de gallego a gallego. En tal caso, ganaría el 'Feijoolomismo'. Y, finalmente, Rivera, con el golpe de Sánchez, se ha quedado en estado de catalepsia. Sabe que puede perder decenas de miles de votos que esperaba procedente de desengañados del PSOE.

La película de Pedro Sánchez acaba de empezar. No se sabe cuánto durará. En cierto modo, parece un filme de Woody Allen. Un actor secundario se convierte en protagonista, se sale de la pantalla y se sitúa entre el público. Como ha hecho Pedro Sánchez. Los asesores del nuevo presidente del Gobierno deberían escribirle buenos discursos, inspirados en autores clásicos, como hacen los presidentes de Estados Unidos.

Parece un filme de Woody Allen. Un actor secundario se convierte en protagonista, se sale de la pantalla y se sitúa entre el público

Hay muchos para elegir, como este de Montesquieu extraído de sus Pensamientos: “Si supiera alguna cosa que me fuese útil y que resultara perjudicial para mi familia, la expulsaría de mi mente. Si conociera alguna cosa útil para mi familia, pero que no lo fuese para mi patria, trataría de olvidarla. Si conociera alguna cosa útil para mi patria, pero perjudicial para Europa, o útil para Europa y dañina para el género humano, la consideraría un crimen”.

“Originalmente, el carisma era un don de Dios”, se escribe en El mito del líder fuerte, de Arnie Brown, un libro recién aparecido en España que todos los interesados en política deberían tener. Pedro Sánchez ha vivido su semana de gloria. Pero no es lo mismo “estar en la gloria” que “en gloria esté”. Y, en su caso, tiene aún un pie en cada lado.

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