Más de tres meses después de que José Luis Rodríguez Zapatero asegurase que ofrecería explicaciones sobre las joyas halladas en su despacho en "una semana o diez días como máximo", los ciudadanos al fin han tenido la aclaración prometida.
Una versión que, sin embargo, entraña un arma de doble filo para el expresidente.
Zapatero ha comunicado este miércoles en un escrito al juez José Luis Calama que las alhajas más valiosas decomisadas en su caja fuerte son un regalo "estrictamente personal" que le hizo el rey de Arabia Saudí en 2007.
El expresidente ha desacreditado la tasación encargada por el instructor a la joyería Ansorena (que valoró los tres juegos de rubíes, esmeraldas y zafiros en 1,3 millones de euros), por considerarla "muy superior al valor real de las piezas".
Y ha intentado justificar la no declaración del ajuar escudándose en que "las piezas permanecieron guardadas durante todo este tiempo sin uso ni destino alguno, y sin conciencia de su valor material".
La estrategia de defensa de Zapatero parece clara.
Al atribuir la colección a un "obsequio realizado como atención personal por Su Alteza Real Saudí Abdullah Bin Abdulaziz Al-Saud, con motivo del viaje oficial realizado a Madrid en 2007", el expresidente busca exonerarse de los delitos fiscales y de contrabando.
Dos delitos por los que le investiga el juez Calama después de abrir una pieza separada en la instrucción del caso Plus Ultra, tras el hallazgo de las joyas durante el registro practicado por la UDEF en su despacho el pasado 19 de mayo
Al fechar el lote en el año 2007, tanto el delito de contrabando como el delito fiscal que hubiera podido cometer el expresidente habrían prescrito, pues el plazo de extinción de estos ilícitos no supera los diez años.
Además, si el regalo fuera de naturaleza "estrictamente personal", como alega Zapatero, quedaría explicado por qué nunca fue entregado al Estado.
Pues sólo si hubiera recibido la catalogación de obsequio "institucional" habría estado obligado a transferirlo a Patrimonio Nacional al abandonar La Moncloa.
Y al aducir que no tenía "conciencia del valor" millonario de las piezas, Zapatero podría desactivar el otro supuesto del delito fiscal, que es la voluntad dolosa de defraudar.
Dando por buena la tesis del obsequio, esta versión tal vez pueda eximirle del delito, pero no de la culpa moral.
Porque está reconociendo que ha retenido durante diecinueve años unas joyas regaladas por el rey saudí que, según su propio código ético, tenía que haber entregado al Estado.
No se puede pasar por alto que Zapatero aprobó en 2005 un Código de Buen Gobierno que impedía a los miembros del Ejecutivo y a los altos cargos de la Administración quedarse con regalos que superasen los "usos de cortesía" institucional.
Un lote de joyas tasado en más de 1,3 millones de euros excede con creces cualquier uso social o habitual de cortesía.
De modo que, según la normativa de transparencia que su propio gobierno impulsó, el expresidente estaba obligado a entregar el lote a Patrimonio Nacional, en lugar de ocultarlo en una caja fuerte.
La hipótesis de un obsequio tampoco puede borrar la más que sospechosa conducta dilatoria de Zapatero a lo largo de los últimos meses.
Cabe recordar que, como coartada a su silencio público sobre las joyas incautadas, Zapatero pretextó que necesitaba tiempo para reunir los certificados acreditativos.
Entre tanto, difundió a través de filtraciones una sucesión de versiones contradictorias sobre el valor de las joyas, obligando a su portavoz a disculparse luego por haber "inducido a error" con datos falsos sobre la tasación.
Ya en su comparecencia como investigado ante el juez de la Audiencia Nacional el 17 de junio, el socialista perdió la oportunidad que le brindó el estrado para despejar las dudas sobre el origen de las piezas, con el consiguiente menoscabo de su credibilidad ante la opinión pública.
E incumplió por último la promesa hecha ante el instructor, al tardar noventa y seis días en ofrecer su versión.
No fue hasta que el juez Calama le solicitó este lunes aportar toda la documentación que obrara en su poder que el expresidente ha justificado a su manera el origen de las joyas.
Si se corrobora finalmente su versión, esta podrá exculparle de sus responsabilidades penales, pero no de la obligación ética que él mismo contrajo.
Con independencia de si cometió un delito o no, la misma versión que ha asumido para exculparse en el plano legal le inhabilita para la vida pública, por haber vulnerado flagrantemente sus propias normas. Y por haber incurrido en un comportamiento inaceptable e impropio de la que fuera la máxima autoridad del país.
Después de haber admitido que se quedó con las joyas irregularmente, no es de extrañar que, según ha sabido EL ESPAÑOL, afloren ahora voces que instan a Pedro Sánchez a desvincularse de Zapatero.
Sánchez anunció en su entrevista en TVE que contaría con "José Luis" para la próxima campaña electoral. Pero, tras lo ocurrido este miércoles, tal vez lo más sensato para el presidente sería replantearse esta decisión.