En sus respectivas declaraciones ante el Tribunal Supremo, Víctor de Aldama y Koldo García ofrecieron dos versiones diametralmente contradictorias acerca de la vinculación real entre el exasesor de José Luis Ábalos y el presidente del Gobierno.
Y lo hicieron alrededor de una cuestión puramente fáctica.
El pasado miércoles, Aldama declaró ante el juez que le sorprendía la extrema familiaridad con la que Koldo trataba a Pedro Sánchez.
Según el empresario, el asesor le llamaba simplemente "Pedro", y bromeaba con él con expresiones como "te voy a arrancar la cabeza". Lo cual indica un nivel de confianza con el presidente realmente sorprendente tratándose de un subordinado menor, aunque coherente con el trato que habían tenido durante la llamada campaña del Peugeot.
Aldama afirmó, además, que Sánchez llamó por teléfono a Koldo en su presencia.
Al día siguiente, a la pregunta directa de su abogada, Koldo García negó categóricamente que dispusiera del contacto de Sánchez.
Justificó el trato coloquial que le dispensaba "en el pasado" al presidente por su condición "campechana", y recalcó que "no tengo su teléfono ni lo tengo grabado en ninguno de mis dos móviles".
En lo tocante al elemento factual de las comunicaciones, ya se puede afirmar, a partir de la información que hoy publica este periódico, que Aldama dijo la verdad y Koldo mintió.
El equipo de investigación de EL ESPAÑOL ha rastreado las copias de seguridad de los dispositivos enviadas por Koldo García a una de sus propias cuentas de correo, y ha logrado recuperar el contacto del presidente del Gobierno en el teléfono del investigado.
Los metadatos de los archivos recuperados detallan que el contacto fue incluido en 2018 y borrado en 2023.
En base a esa prueba documental, se puede afirmar con certeza que Koldo tuvo guardado el número personal del presidente Sánchez en su agenda durante, como mínimo, dos años, en los que Sánchez ya residía en La Moncloa.
Y cabe deducir que lo añadió a su agenda con posterioridad a la investidura del presidente y de su propio nombramiento en el Ministerio de Transportes, y que sólo fue borrado tras el cese de Ábalos y el inicio de las pesquisas de la UCO.
Desde un punto de vista estrictamente procesal, esta mentira tiene una relevancia relativa. Porque, como investigado, Koldo no tiene la obligación legal de decir la verdad.
Pero el hallazgo es extraordinariamente significativo en la medida en que denota un propósito deliberado de no implicar a Sánchez por parte de Koldo.
Al fin y al cabo, el exasesor sabe que su única vía para exonerarse es desmantelar la idea misma de que existía una "banda organizada criminal", tal como declaró Aldama. Y si ha intentado exculpar de ella a su jefe directo, José Luis Ábalos, era lógico que hiciera lo propio con el presidente del Gobierno.
Hay que matizar que el hecho de que Koldo tuviera el número de Sánchez no convierte automáticamente en ciertas todas las acusaciones de Aldama.
Pero el hecho de que Aldama haya dicho la verdad en un extremo tan fácilmente contrastable como la existencia de ese contacto telefónico refuerza su relato y lo dota de una verosimilitud innegable. Máxime cuando se comprueba que Koldo guardaba al presidente bajo el alias de "Número 1".
Este detalle no es menor. Coincide con la jerarquía de la trama trazada por Aldama ante el Supremo: "El señor presidente está en el escalafón 1; Ábalos en el 2; Koldo en el 3 y yo en el 4".
Por lo pronto, el "Número 4" de la presunta banda decía la verdad al afirmar que el "Número 3" tenía el móvil del "Número 1".
Esto no prueba por sí solo que el presidente ejerciera de jefe operativo de Aldama, tal como este vino a significar.
Pero acrecienta extraordinariamente su responsabilidad política, pues el episodio es muy elocuente de las relaciones y el grado de intimidad que mantenía el presidente del Gobierno con un individuo involucrado presuntamente en una trama delictiva.
El PSOE ha intentado desacreditar en otras ocasiones a Aldama tildándolo de "mentiroso compulsivo". Es el mismo argumento que usaron para negar los pagos del piso de la pareja de Ábalos, el uso del chalet en Cádiz o el conocimiento previo del viaje de Delcy Rodríguez.
En todos esos casos, la UCO terminó confirmando que Aldama decía la verdad.
En un asunto tan fáctico como el del teléfono personal, el beneficio de la credibilidad se inclina asimismo del lado de Aldama.
Y eso, inevitablemente, hace mucho más verosímiles también el resto de sus declaraciones sobre el presunto conocimiento de Sánchez de una financiación irregular del PSOE a partir de una trama de comisiones.