Óscar Puente, en el mitin del PSOE en la Cúpula del Milenio de Valladolid, el 19 de octubre.

Óscar Puente, en el mitin del PSOE en la Cúpula del Milenio de Valladolid, el 19 de octubre. Claudia Alba Europa Press

Columnas SIN SOLTAR AMARRAS

No voy a hablar de Puente

España entera ha entendido que la incompetencia se paga cara. A veces incluso se paga en vidas, como se ha pagado en Adamuz y acaba de pagarse en Urda.

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No voy a hablar de la tragedia de los trenes.

No voy a hablar de Óscar Puente, ni de él ni de sus escuderos diciendo que en pleno siglo XXI pueden chocar dos trenes por culpa de un error humano.

Ciento quince muertos lleva el ministro de Transportes en menos de un año. Son cifras que harían dimitir a cualquier responsable ministerial de un país en vías de desarrollo.

Pero aquí te sale Puente y te dice que él ha hecho bien su trabajo, y su jefe le respalda.

Porque el Doctor Amor, el mismo que el día del accidente decía que era inasumible sufrir dos accidentes así en un mismo año, le tiende la mano a Óscar Puente.

Y él la agarra como la agarró Begoña en el mitin, y si no se besan es de milagro, aunque después pongan la cara de asco de la pareja de este House of Cards de pacotilla en que se ha convertido la política española.

Pedro Sánchez y Begoña Gómez se abrazan en el mitin del PSOE en Fuenlabrada, el 17 de octubre.

Pedro Sánchez y Begoña Gómez se abrazan en el mitin del PSOE en Fuenlabrada, el 17 de octubre. Jesús Hellín Europa Press

No voy a hablar de Puente, que cuando los familiares de las víctimas de Adamuz le pidieron cuentas les dijo, supongo que sin pestañear, que él no había soldado el raíl.

Ahora se ha refinado, y del "yo no fui" ha pasado al "la culpa es de un señor que se equivocó", echando sobre el lomo de un trabajador la responsabilidad de las sesenta y nueve muertes que él no asume porque no tiene los redaños ni el alma que hay que tener para hacerse cargo de algo serio.

No voy a hablar del jefe de Puente, el marido de Begoña, el yerno de Sabiniano el de las saunas, porque ya hay mucha gente que habla de él y que se acuerda de su casta en privado y en público.

No voy a hablar de un Gobierno irresponsable que sacó de los ministerios a técnicos solventes para colocar a inútiles y a amiguetes.

No voy a hablar de que los profesionales fueron sustituidos por pelotas. Los gestores, por estómagos agradecidos. Los expertos, por payasos que le ríen la gracia al señorito, dispuestos a no hacer preguntas, porque total tampoco saben qué preguntar.

No voy a escribir sobre esto porque creo que ya está todo escrito. Y además da igual, porque a los que les tendría que dar vergüenza no les da.

Y los que tienen en sus manos acabar con el tinglado el día 29 ya van a hacerlo: estoy segura de que, quizá por primera vez, España entera ha entendido que la incompetencia se paga cara.

A veces incluso se paga en vidas, como se ha pagado en Adamuz y acaba de pagarse en Urda.