Cola ante el Consulado de España en Buenos Aires. EFE
Los nietos de Monchito
Lo que se entiende con dificultad es que los hijos y los nietos de Monchito Notario, que se fue de Lugo con nueve años sin que mediase persecución alguna, puedan ejercer su derecho a voto en las elecciones.
Cuando yo era una niña, mi padre me hablaba algunas veces de Monchito Notario. Monchito había sido su mejor amigo allá por finales de los cuarenta del siglo pasado, en la ciudad de Lugo.
La madre de Monchito, modista, regentaba un próspero taller de costura con varias empleadas. Su padre era policía.
Eran una familia más o menos acomodada, que se había librado de las muchas estrecheces de la posguerra, y vivían sin sobresaltos en una casa propia.
Y un día, Monchito contó a sus amigos que sus padres habían decidido mudarse a Buenos Aires. Al parecer, alguien había dicho que la habilidad de su madre con la aguja y el hilo podría proporcionarles una fortuna en tierras de ultramar.
Y allí se fueron los tres.
No regresaron nunca, ni dieron nunca señales de vida más allá de un par de cartas para comunicar al resto de la familia que estaban bien instalados. Por lo demás, no volvieron a interesarse por las cosas de la ciudad, por los amigos, por los conocidos. Las cartas se espaciaron y dejaron de llegar.
Fachada del Tribunal Supremo.
Monchito y su familia construyeron una nueva vida en la Argentina, y allí se quedaron para siempre, es de suponer que tranquilos y felices.
Mi padre hablaba de Monchito Notario con una mezcla de melancolía y resquemor, como si aquel crío de nueve años hubiese traicionado la amistad infantil con su marcha inesperada y, sobre todo, con el mutismo que sucedió a su mudanza.
Nadie entendió nunca por qué se fueron los Notario.
Su emigración nada tuvo que ver con conflictos políticos. Tampoco huyeron del hambre ni de la escasez: una casa donde había un funcionario y una modista tenía más que un buen pasar.
Los Notario se fueron porque quisieron, a buscar mejor fortuna, a cambiar de vida, a encontrar nuevos retos y posibilidades distintas en un mundo, América, que para el Lugo de los años cuarenta era todavía tierra incógnita.
🔴🗳️ El Gobierno insta a votar a 2,7M de españoles en el exterior ignorando las cautelares del Supremo sobre la 'ley de nietos' ✍️ Por @inigozulet https://t.co/LnqrbiOGEM
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) October 21, 2026
Más difícil es entender por qué cortaron toda relación con familia y amigos, por qué no volvieron ni de visita, por qué no escribieron ni se interesaron nunca por el devenir de las personas que habían querido y por la ciudad que habían habitado.
Hubo, es fácil suponer, muchas familias así, que un buen día decidieron probar suerte en otra parte por los más insospechados motivos. Se puede entender eso.
Lo que se entiende con más dificultad es que, casi ochenta años después, los hijos y los nietos de Monchito Notario, que se fue de Lugo con nueve años sin que mediase persecución alguna, puedan ejercer su derecho a voto en las elecciones, y elegir al presidente de un país que no conocen y al Gobierno de una comunidad que no es la suya.
Y como nadie comprende que a los nietos de Monchito Notario, y de miles como él, les importe mucho quién manda en España, o en la muy noble ciudad de Lugo, o en la Xunta de Galicia, habrá que preguntarse qué intereses manejan los que han hecho de la ley de nietos su caballo de batalla.