Un encuentro entre Vito Quiles y Sarah Santaolalla.

Un encuentro entre Vito Quiles y Sarah Santaolalla. X

Columnas LA CAMPANA

¿Desinformación… en las redes?

La desinformación no existe sólo en las redes. Sencillamente, en los medios tradicionales es más sibilina y difícil de detectar.

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Supongo que ya sospechan que los algoritmos de las plataformas (TikTok, Facebook, YouTube) no están diseñados para favorecer la calidad de la información, sino para maximizar la atención del usuario.

El capital de los "tecnoligarcas" (como los llama Pedro Sánchez) es el tiempo que consiguen mantener al usuario pegado a la pantalla, que luego pueden monetizar.

Por eso no han dudado en hacernos yonquis con la dopamina que producen los likes. El propio Pedro ha perdido la batalla contra los tecnoligarcas y está todo el día enganchado a TikTok en lugar de aprobar unos Presupuestos.

Pero si el objetivo del algoritmo es similar al de un camello del Bronx, no es de extrañar que seleccione las noticias más adictivas. Básicamente esto lo consigue de dos maneras: confirma los prejuicios del usuario proporcionándole la información que más le gusta, y dentro de ella selecciona la más desmesurada.

Incluso la AEMET sabe que las noticias más alarmistas atraen más nuestra atención, y por eso presenta los mapas de temperatura en un rojo intenso aunque estemos a unos confortables veinte grados.

Uno de los efectos de este panorama mediático es la creación de cámaras de eco. Los usuarios acaban atraídos a sus respectivos nichos de noticias sesgadas, mares de los Sargazos en los que naufraga la verdad.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la firma de acuerdos de la XXXVI Cumbre hispano-portuguesa.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante la firma de acuerdos de la XXXVI Cumbre hispano-portuguesa. Francisco J. Olmo / Europa Press

Esto es el sueño de cualquier secta: aislar al adepto en burbujas autorreferenciales en las que sólo circula la información filtrada por el gurú de turno, aunque en este caso sea el gurú ciego del algoritmo.

Por todo esto, no es de extrañar que haya quien diga que las redes puedan fomentar la polarización y la desinformación.

Pero ¿qué ocurre fuera de ellas?

¿Qué pasa en los llamados medios tradicionales como prensa escrita o radio?

Permítanme presentarles tres ejemplos de manejo del foco, trola directa y oficio periodístico.

1. "Minutos más tarde eran localizados y arrestados los tres presuntos autores de esta agresión. Se trataba de tres menores de origen magrebí".

Esta es una nota de prensa, del pasado domingo, de la Ertzaintza sobre la detención de unos jóvenes "por agredir a dos jóvenes por su condición de homosexuales".

La agencia Europa Press la recogió casi literalmente, pero eliminó la parte que hacía referencia al origen magrebí de los agresores.

Esta es una práctica habitual en los medios. La interpretación más benévola es que se hace para no estigmatizar a los inmigrantes.

Si somos menos ingenuos, pensaremos que hay un interés político en la ocultación.

Pero, en todo caso, muestra claramente el empleo del foco informativo, que se apaga sobre una parte de la historia y se enciende a plena potencia sobre la parte que más conviene al relato. Y esto es una agencia de noticias, de la que beben el resto de medios.

2. Hace unos días la tertuliana Sarah Santaolalla apareció desolada en televisión, con un brazo en cabestrillo que atribuyó a una agresión de Vito Quiles.

Este es un periodista faltón, que se dedica a incordiar a políticos y periodistas de izquierda armado con un micrófono.

El Mundo publicó: "El PSOE denunciará a Vito Quiles por una agresión a Sarah Santaolalla y presenta una declaración en el Senado para condenarla".

El problema es que existe un video del episodio en el que queda claro que Quiles ni siquiera roza a Santaolalla; es él el que es proyectado varios metros por el tripazo propinado por un orondo acompañante de la presentadora.

Esta es una trola que los medios tradicionales recogen y a la que dan marchamo de veracidad.

Y así puede ser usada tranquilamente por el PSOE.

3. Hace unos días, Elena Ramallo y Alex Borrás presentaron Análisis de la asimetría en la comunicación política, un estudio comparado mediante IA de las entrevistas que Carlos Alsina había hecho a los cabezas de lista de PP y PSOE para las elecciones autonómicas de Castilla y León.

El análisis es muy interesante porque demuestra que, pese a su aparente ecuanimidad, el presentador cargaba hacia la izquierda: interrumpió casi cuatro veces más al candidato del PP, encuadró la intervención de Mañueco en los pactos con Vox y omitió (apagó el foco) los asuntos más molestos para el candidato del PSOE.

En suma, la desinformación no existe sólo en las redes. Sencillamente, en los medios tradicionales es más sibilina y difícil de detectar.

Son, precisamente, las redes las que han permitido entender esto: si los medios tradicionales mantienen una apariencia de seriedad, pueden fácilmente colar propaganda como información.

Por eso, cuando escuchen a los políticos manifestar preocupación por la desinformación, deben entender que lo que realmente les preocupa es que han dejado de controlarla. Porque las redes, las plataformas y los medios digitales son una excelente oportunidad para acceder a una información más completa y transparente, que pueda servir de control al poder.

Eso sí, el usuario debe poner algo de su parte y seguir una serie de reglas elementales para no empantanarse en la información basura. Y en todo caso debe seguir una regla de oro: tanto dentro como fuera de las redes, debe denunciar y penalizar inexorablemente al que pille en una mentira o una ocultación.

El ecosistema mediático, a la larga, será mucho más saludable.