El embajador de España en el Reino Unido, Federico Trillo durante la rueda de prensa en la que anunció que deja su cargo en la sede.

El embajador de España en el Reino Unido, Federico Trillo durante la rueda de prensa en la que anunció que deja su cargo en la sede. Facundo Arrizabalaga Efe

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Trillo se atraganta

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La última fotografía -en vida política, se entiende- de Federico Trillo Figueroa podría concederle el gesto de remordimiento y pesar que no ha tenido expresamente con los familiares de los militares fallecidos, ni con el conjunto de las Fuerzas Armadas, ni consigo mismo desde que el Consejo de Estado concluyó su responsabilidad como ministro de Defensa en el accidente aéreo del Yak-42...

El condicional es crucial en el caso Trillo porque no podemos afirmar que el atisbo de tribulación que todos esperábamos del embajador en Londres, cuando convocó de urgencia a la prensa, lo haya registrado esta imagen. Piénsenlo: ¿Podría titularse esta fotografía algo así como Mal trago con fondo diplomático o Atragantado ante banderas?

¿Por qué no le llega a Trillo la camisa al cuello? ¿Por qué esa tensión en los molares? ¿Por qué los labios fruncidos? ¿Quizá por la mancha en la corbata a la altura del puño francés? ¿Se debe esa mancha a los michirones murcianos que tan bien cocina don Federico? ¿Es el pequeño lamparón una metáfora de la desconocida congoja de Trillo? ¿Es éste un semblante de apuro, un rostro compungido, o son los labios fruncidos y la alta quijada signos inequívocos de menosprecio y soberbia?

Si esta imagen resulta poderosa es porque rezuma la ambigüedad que admiramos en los retratos conceptuales de Francis Bacon, tan llenos de protuberancias destazadas. Y si la belleza de esta fotografía radica en su indeterminación es porque lo sustancial está en lo que hay tras la apariencia, porque lo importante es el contexto que ha procurado la imagen.

Pero no ha sido Trillo -ni seremos usted o yo- quien ha resuelto el enigma de cuanto encierra esta imagen. En todo caso ha sido el Gobierno el que ha convertido ese gesto en principio indescifrable de Trillo en una muestra inequívoca de prepotencia y desdén, al confirmar que su relevo es consecuencia del turnismo diplomático y no una asunción de responsabilidades. Entonces, decidan ustedes: ¿Es Trillo quien aparece como ligeramente atragantado en la fotografía, o es el gesto del ex ministro de Defensa el reflejo de nuestra propia angustia?