Ilustración del futuro destructor KDDX de Corea del Sur

Ilustración del futuro destructor KDDX de Corea del Sur HD Hyundai Heavy Industries HD Hyundai Heavy Industries

Observatorio de la Defensa

Corea del Sur se posiciona como socio preferente de la US Navy tras permitir Trump construir buques en astilleros extranjeros

El sector naval del país se frota las manos ante posibles contratos millonarios.

Trump busca soluciones fuera de EEUU dada la incapacidad de su industria.

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Las claves

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Donald Trump ha autorizado que la US Navy pueda construir buques de combate en astilleros de países aliados, como Corea del Sur, para acelerar la renovación de la flota estadounidense.

La decisión responde a los retrasos y limitaciones de la industria naval estadounidense, incluyendo falta de mano de obra cualificada e infraestructuras obsoletas.

El modelo adoptado permitirá fabricar los dos primeros buques en el extranjero y transferir posteriormente la producción y tecnología a astilleros estadounidenses.

Corea del Sur, con empresas como Hanwha Ocean y Hyundai Heavy Industries, se posiciona como socio clave gracias a su capacidad productiva, inversiones en EEUU y experiencia en construcción naval avanzada.

Bajo la premisa de acelerar la renovación de la flota de la Marina de Estados Unidos (US Navy) y superar un cuello de botella industrial doméstico que amenaza la hegemonía estadounidense en el Pacífico a manos de China, Donald Trump ha abierto de par en par las puertas a los astilleros de países aliados para diseñar y fabricar buques de combate.

En un memorándum presidencial, titulado de forma elocuente Reconstrucción de la Armada de los Estados Unidos y de la base industrial de construcción naval estadounidense, la Casa Blanca ha abordado una realidad insostenible: los retrasos, los sobrecostes presupuestarios y el estrangulamiento operativo que sufren las empresas navales estadounidenses.

La capacidad industrial del país se encuentra paralizada por la falta de mano de obra cualificada, infraestructuras obsoletas y una burocracia técnica que ha demorado de forma sistemática la entrada en servicio de buques críticos.

Por este motivo, ante la urgente necesidad de disuadir a potencias rivales en escenarios marítimos complejos, Washington ha decidido implementar un procedimiento de adquisición internacional que promete revolucionar las dinámicas del mercado global de defensa.

La pieza central de este cambio de paradigma adopta el denominado 'Modelo Finlandés', ideado originalmente en los programas bilaterales de adquisición de rompehielos con el país nórdico.

Mediante este marco regulatorio, los astilleros de naciones aliadas podrán construir las dos primeras unidades de una nueva clase de buques en sus propias instalaciones en el extranjero para abastecer de inmediato a la US Navy, a cambio de transferir tecnología, invertir capital en suelo estadounidense y trasladar la producción posterior a astilleros locales.

La orden de Trump otorga al Secretario de Guerra, Pete Hegseth, un plazo de 90 días para presentar, junto a las autoridades de la Marina, un plan integral destinado a articular una competición internacional de buques de combate de superficie ligeros.

Esta licitación busca seleccionar una plataforma multimisión optimizada para la guerra antisubmarina, antisuperficie y, de manera primordial, la escolta de convoyes estratégicos.

Para evitar las trampas de la microgestión burocrática que dinamitaron programas anteriores como las fragatas de la clase Constellation, encargadas a la empresa italiana Fincantieri, la orden prohíbe taxativamente a los mandos navales imponer modificaciones de diseño personalizadas sobre plataformas ya probadas sin la previa supervisión del poder ejecutivo.

Una oportunidad para Seúl

Es precisamente en este nuevo escenario de pragmatismo radical donde la industria naval surcoreana vislumbra una oportunidad de negocio de dimensiones colosales.

Gigantes de la construcción naval como Hanwha Ocean y Hyundai Heavy Industries, este último el mayor astillero del mundo, celebran una decisión que encaja a la perfección con la agresiva estrategia de expansión que llevan años desplegando en territorio estadounidense.

Corea del Sur combina una capacidad de producción masiva, plazos de entrega eficientes y costes altamente competitivos, cualidades de las que hoy carece la base industrial de defensa de Estados Unidos.

Las maniobras de Seúl para posicionar a sus empresas en el mercado estadounidense no son recientes, sino que forman parte de una calculada hoja de ruta. En 2025, durante un encuentro entre los mandatarios de ambos países, el Gobierno surcoreano se comprometió a invertir hasta 130.000 millones de euros para dinamizar la industria naval de EEUU.

Ceremonia de botadura de un buque en el astillero Hanwha Philly Shipyard, en Filadelfia

Ceremonia de botadura de un buque en el astillero Hanwha Philly Shipyard, en Filadelfia Hanwha

Un hito decisivo en esta dirección se produjo con la adquisición por parte de Hanwha Group del astillero Philly Shipyard, en Filadelfia, en el que ya ha invertido más de 4.300 millones de euros con el objetivo de modernizar sus instalaciones.

A esto se le suma la reciente oferta de algo más de 1.000 millones de euros presentada por Hanwha para adquirir la filial en EEUU de la australiana Austal, un actor clave en la fabricación de buques para la US Navy, que posee astilleros estratégicos en Alabama.

A la luz del mencionado 'Modelo Finlandés' impulsado por la Casa Blanca, estas inversiones cobran un sentido completamente nuevo. Los astilleros surcoreanos no solo cuentan con diseños maduros y altamente probados de fragatas y destructores equipados con sistemas de combate de última generación, sino que ya poseen la infraestructura física, el músculo financiero y la implantación operativa en suelo estadounidense para asumir de inmediato la transferencia tecnológica y la fabricación de las unidades.

De este modo, Corea del Sur se perfila como el socio perfecto para construir las primeras fragatas en sus modernas instalaciones de construcción naval -como las ubicadas en las ciudades de Geoje o Ulsan- y revitalizar, al mismo tiempo, la producción en masa en los astilleros estadounidenses, como Philly Shipyard o Austal.

Asimismo, el alcance del memorándum presidencial no se limita exclusivamente a los buques de combate. La directiva extiende este mismo procedimiento de adquisición internacional a buques auxiliares y logísticos, incluyendo los buques tanque de reabastecimiento (CONSOL) y las naves de transporte militar de carga rodada (Ro-Ro).

Esta ampliación del abanico de contrataciones refuerza aún más la posición de los astilleros asiáticos, líderes indiscutibles en el diseño de buques de transporte de gran tonelaje y apoyo logístico.