Portaaviones Gerald R. Ford de EEUU
Trump ordena a la US Navy reinstalar tecnología obsoleta en sus nuevos portaaviones pese a recargos de miles de millones
Washington restituirá la anticuada catapulta a vapor de la clase Nimitz.
Trump afirma que la nueva tecnología electromagnética es cara y falla mucho.
Más información: El mayor portaviones nuclear del mundo visita España: así es el USS Gerald R. Ford de la Marina de Estados Unidos
Donald Trump ha ordenado a la Marina de Estados Unidos (US Navy), en contra del criterio de la propia fuerza naval, prescindir del Sistema Electromagnético de Lanzamiento de Aeronaves (EMALS, por sus siglas en inglés) en su nueva familia de superportaaviones, la denominada clase Ford. Se trata de la catapulta electromagnética -una de las mayores innovaciones desarrolladas para estos buques- de la que se sirven las aeronaves para despegar desde la cubierta de las embarcaciones.
En cambio, desde Washington han instado a reinstalar las anticuadas catapultas a vapor, que emplean las diez unidades de la clase Nimitz, operativa desde mediados de los años 70. Esta directiva, emitida el pasado jueves mediante un memorando oficial, responde a una postura crítica que el mandatario ha mantenido de forma persistente durante varios años respecto a la eficacia del EMALS.
Según lo estipulado en el documento oficial, el Pentágono y la Navy disponen de un plazo máximo de dos meses para elaborar y presentar un plan de acción detallado que permita reemplazar dicho sistema electromagnético en los futuros portaaviones de la clase Ford.
El nuevo mandato afectará de manera directa al cuarto buque de la clase, el USS Doris Miller. La orden establece que esta embarcación será la primera en incorporar las modificaciones requeridas para retornar a la tecnología de generación de vapor.
La decisión, en cambio, deja sin cambios a las embarcaciones anteriores de la misma serie: el USS Gerald R. Ford, ya en servicio; y los USS John F. Kennedy y USS Enterprise, que presentan un estado avanzado de desarrollo y serán incorporados en 2027 y 2028, respectivamente. Los tres mantendrán su catapulta electromagnética.
En este sentido, la modificación del diseño en un barco cuya fabricación ya se encuentra en marcha plantea serias dificultades técnicas, logísticas y económicas para la industria naval de defensa.
La empresa General Atomics, fabricante del sistema EMALS y adjudicataria de un contrato valorado en 1.200 millones de dólares (1.037 millones de euros) para la construcción de este mecanismo destinado al USS Doris Miller, ha asegurado a Associated Press que los trabajos correspondientes a las catapultas ya se encuentran completados casi al 50%.
El portaaviones USS Gerald R. Ford llega a la bahía de Souda (Grecia).
La compañía ha señalado que la decisión de no seguir adelante con el EMALS, al menos en el USS Doris Miller "justifica una reconsideración cuidadosa" por parte de las autoridades.
Cambiar de rumbo en una etapa tan avanzada del proceso de construcción supondría importantes riesgos en cuanto a costes financieros, cumplimiento de plazos de entrega e integración técnica de los componentes en la estructura general del buque, han advertido desde General Atomics.
Asimismo, la empresa ha alertado de que la medida tendrá implicaciones más amplias para la preparación de los portaaviones, la seguridad nacional y la superioridad tecnológica de Estados Unidos, subrayando que esta situación podría generar oportunidades para que los países adversarios reduzcan la brecha de capacidades militares con Washington, en una clara alusión a China.
De hecho, el Fujian, el primer portaaviones diseñado íntegramente por la industria naval del gigante asiático y el más moderno de la fuerza naval china utiliza tres catapultas electromagnéticas en su cubierta, capaces de hacer despegar incluso a aeronaves pesadas.
Sobrecostes millonarios
El texto del memorando presidencial que ordena la eliminación del EMALS señala, contradictoriamente, que uno de los principales problemas a los que se enfrenta la construcción naval estadounidense son los constantes cambios de diseño aplicados por la Marina.
Según el documento firmado por Trump, estas modificaciones recurrentes han dado lugar de forma sistemática a aumentos de costes, retrasos en los programas y cancelaciones de proyectos.
El portaviones Gerald R. Ford de EEUU cruzando el Estrecho de Gibraltar
Sin embargo, la propia aplicación de este nuevo mandato para rediseñar un portaaviones en construcción supondrá recargos cifrados en miles de millones de dólares, obligando a reestructurar la planificación presupuestaria en un momento en que las Fuerzas Armadas buscan la aprobación por parte del Congreso de una mayor financiación para equipamiento militar.
La postura de Trump en contra de la catapulta magnética y a favor de los sistemas de vapor más antiguos se remonta a 2017, durante su primer mandato presidencial. En aquel momento, en el transcurso de una entrevista concedida a la revista Time, el mandatario afirmó que el EMALS no era bueno y que no contaba con la potencia de las tecnologías de vapor tradicionales.
Críticas que reiteró el pasado julio durante la celebración de una cumbre de defensa en Pensilvania. En dicho evento, Trump volvió a cuestionar el gasto realizado, afirmando que las autoridades habían gastado miles de millones de dólares en catapultas con serias falencias operativas.
El debate sobre la retirada del EMALS abarca también la evaluación de sus prestaciones técnicas y logísticas. Las ventajas del sistema electromagnético residen en su capacidad para lanzar aeronaves a mayor velocidad, al tiempo que facilita las labores de mantenimiento rutinario a bordo y utiliza un menor volumen de espacio en la estructura del buque.
En febrero, la propia US Navy promocionó la efectividad de este mecanismo mediante un comunicado de prensa en el que destacaba que el sistema permitía al USS Gerald R. Ford lanzar y recuperar aeronaves a un ritmo significativamente mayor en comparación con los buques de la clase Nimitz.
Asimismo, el EMALS ha recortado el número de efectivos necesarios para operar las catapultas, pasando de una docena a únicamente dos marineros. Por consiguiente, el retorno a un sistema impulsado por vapor exige nuevamente contar con dotaciones más numerosas para gestionar la maquinaria, en momentos en que la Marina tiene dificultades para cubrir los puestos vacantes en sus buques de guerra.