Detalle de un dron merodeador o suicida MILVUS, cuya cabeza estará fabricada por Instalaza.

Detalle de un dron merodeador o suicida MILVUS, cuya cabeza estará fabricada por Instalaza. Sara Fernández E. E.

Observatorio de la Defensa

Defensa adjudica a STS e Instalaza el desarrollo de un dron 'kamikaze': "Puede inutilizar un carro T-80"

La adjudicación se ha realizado dentro del Programa Coincidente.

La tecnología se integrará dentro de otro proyecto aprobado en 2025.

Más información: Defensa, Industria y Ciencia impulsan un programa para el desarrollo de tecnologías militares para pymes y startups

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Las claves

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El Ministerio de Defensa ha adjudicado a STS e Instalaza el desarrollo de un dron kamikaze nacional capaz de inutilizar carros de combate como el T-80 ruso.

El proyecto, denominado MILPRO, se basa en el sistema MILVUS y emplea inteligencia artificial para la autodetección y seguimiento de objetivos mediante cámaras electroópticas e infrarrojas.

La innovación permite que un solo operador controle un enjambre de drones, que pueden cumplir misiones preconfiguradas incluso bajo ataques de guerra electrónica.

La Agencia Europea de Defensa también prioriza la experimentación con munición merodeadora, aunque en su último ejercicio OPEX26 no se seleccionaron compañías españolas para participar.

El Ministerio liderado por Robles, a través de la Dirección General de Estrategia e Innovación de la Industria de Defensa (DIGEID), ha comenzado el proceso de adjudicación de algunos proyectos de investigación y desarrollo dentro del Programa Coincidente.

Uno de ellos es el denominado MILPRO, un servicio de I+D para el desarrollo de un demostrador tecnológico nacional de munición merodeadora de medio alcance, según señalan.

La entidad seleccionada para llevar a cabo estos trabajos por 805.000 euros es una UTE conformada por las compañías españolas Swarming Technologies & Solutions (STS, perteneciente al Grupo Zelenza) e Instalaza. Y con la participación de Seadrone (también dentro de Zelenza) y EINSA.

El proyecto tomará como base el sistema MILVUS, diseñado y fabricado por la propia STS, que integrará tanto la tecnología de enjambre desarrollada por la empresa como todas las funcionalidades previstas en el programa Coincidente relativas al proyecto de Enjambre (SEMMID).

El SEMMID es el Sistema de Enjambre Multi-Agente, Multi-Dominio, Interoperable y Distribuido. Este proyecto fue seleccionado igualmente por la DIGEID el año pasado dentro de Coincidente y con la participación de STS, Seadrone, Zelenza y EINSA.

De esta forma, MILPRO y SEMMID convergerán una vez finalicen los procesos de investigación y desarrollo de la tecnología para proporcionar capacidad industrial nacional para la creación de enjambres de drones loitering.

Una de las partes que se recogen en la documentación de la adjudicación es que el I+D de MILPRO se apoyará en un sistema embarcado de cámaras electroópticas e infrarrojas, "cuyo flujo de vídeo será procesado con un modelo de inteligencia artificial que permita realizar la autodetección de los objetivos".

Sobre estas detecciones, explican, "se aplicará un algoritmo de seguimiento que permitirá mantener localizado el objetivo en todo momento dentro del sistema de apuntamiento de la munición".

El MILVUS es un dron merodeador kamikaze que puede integrar cabezas de guerra de hasta 1,4 kilogramos fabricadas por la zaragozana Instalaza.

Según explicó a EL ESPAÑOL Félix Hernanz, coronel en la reserva e ingeniero en STS, en una entrevista hace un año, un MILVUS podría inutilizar un tanque T-80 o un T-90 fabricados por Rusia.

Esta capacidad es posible gracias a que están configurados para tener ángulos de ataque de más de 45 grados, indicó, aprovechando los puntos débiles existentes en el blindaje de los carros de combate.

Uno de los aspectos más destacados es que estos modelos de drones pueden llevar la misión precargada en el sistema informático integrado.

De esta forma, si los enjambres son atacados con técnicas de guerra electrónica, pueden continuar su misión de forma autónoma.

"La guerra tiene dos recursos críticos: el factor humano y el espectro electromagnético", reconoció. "Nosotros hemos conseguido optimizar el factor humano, superando el modelo piloto-dron".

La fórmula de STS para el MILVUS es que un solo operador sea capaz de manejar todo el enjambre. Al mismo tiempo, también han trabajado en el concepto de "enjambre distribuido" para mejorar la gestión y empleo desarrollando una red con la que volar los enjambres.

La compañía ya ha realizado diversos ejercicios y maniobras con las Fuerzas Armadas españolas. En primavera del año pasado, en el Centro Tecnológico de Desarrollo y Experimentación de Jaén, el EADA del Ejército del Aire utilizó sus sistemas de guerra electrónica contra un enjambre de estas municiones loitering.

"Nuestros drones pudieron completar la misión preconfigurada y cargada a pesar de la perturbación" del espectro electromagnético, explicó Hernanz.

STS también participó en otro ejercicio en el campo de maniobras aledaño a la Base Álvarez de Sotomayor, en Viator (Almería). Allí, un militar del Ejército de Tierra pudo manejar un enjambre de drones en Motril, a 150 kilómetros de distancia.

Prioridad para la EDA

Además de establecerse como una prioridad dentro de España, la Agencia Europea de Defensa (EDA) también cuenta con un programa de ejercicios y maniobras con este tipo de munición loitering.

Su empleo masivo en los últimos conflictos internacionales ha puesto a esta tecnología sobre la mesa y se han erigido como una de las alternativas más viables y rentables en el campo de batalla.

Hace solo unos días, la Agencia eligió a cinco compañías —ninguna española— para realizar una serie de maniobras el próximo septiembre en el marco del ejercicio OPEX 26, que se celebrará en Portugal.

Las compañías son Helsing (Alemania), Destinus (Países Bajos), C-Astral (Eslovenia), UAVision (Portugal) y Spirit Aeronautical Systems (Grecia).

Las cinco empresas competirán por un total de 1,8 millones de euros en premios provenientes de los fondos de la Agencia Europea de Defensa, aunque el ejercicio se ha diseñado como un escaparate tecnológico.

Durante la campaña de experimentación operativa OPEX26 en Portugal, sus sistemas se "probarán en condiciones operativas controladas, realistas y exigentes", aclaran en la EDA.

Los usuarios militares de los Estados miembros de la UE evaluarán entonces si las tecnologías funcionan, su rendimiento a lo largo de todo el ciclo de la misión, su resistencia en condiciones operativas y cómo se comparan con otras tecnologías probadas en los mismos escenarios.

La competición "no es un concurso de adquisiciones" y tampoco promete contratos a sus ganadores. El propósito es que los ministerios de Defensa puedan tener datos concretos sobre los sistemas para decidir qué tecnologías podrían contribuir a las capacidades futuras.