“La Conquista de Pensacola por las tropas españolas episodio protagonizado por Bernardo de Gálvez, fundador de Galveston.

“La Conquista de Pensacola por las tropas españolas" episodio protagonizado por Bernardo de Gálvez, fundador de Galveston. Ferrer Dalmau

Observatorio de la Defensa

La contribución militar de España fue clave para que EEUU pueda celebrar el 250 de su Declaración de Independencia

España proporcionó ayuda financiera, militar y logística.

Abrió múltiples frentes simultáneos que la Royal Navy no pudo cubrir.

Más información: La Armada española y la estadounidense refuerzan sus lazos en el 250º aniversario de la 'US Navy' y los 'Marine Corps'

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Las claves

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España desempeñó un papel clave en la independencia de EEUU, proporcionando ayuda militar, financiera y logística y abriendo varios frentes que debilitaron a los británicos.

El malagueño Bernardo de Gálvez tuvo un papel decisivo liderando campañas en el Golfo de México y conquistando Pensacola, lo que fue esencial para la victoria estadounidense.

La Armada española, bajo mandos como Luis de Córdova y José Solano, logró importantes victorias navales que alteraron el dominio británico y facilitaron el éxito de los rebeldes.

La contribución económica española, incluyendo fondos recaudados en La Habana, permitió financiar la campaña que culminó con la rendición británica, siendo este esfuerzo reconocido por varios presidentes estadounidenses.

Este 4 de julio de 2026, Estados Unidos conmemorará el 250 aniversario de su Declaración de Independencia (1776–2026), una efeméride que invita no solo a celebrar su nacimiento como nación, sino también a reconocer el papel decisivo —y a menudo olvidado— que desempeñó España en el desenlace de la Guerra de Independencia norteamericana.

En esa campaña, España proporcionó ayuda financiera, militar y logística, y abrió múltiples frentes simultáneos que la Royal Navy no pudo cubrir: el canal de la Mancha, Gibraltar, Menorca y el Golfo de México.

De hecho, las victorias navales y terrestres españolas, especialmente las lideradas por Bernardo de Gálvez en el Golfo de México, o capitaneadas en el frente naval por José Solano o Luis de Córdova, fueron decisivas para inclinar la balanza contra el Imperio Británico.

Tres figuras indispensables en la victoria de George Washington para obtener la independencia de los EEUU. "Algo que el propio Washington, tras la batalla de Saratoga en 1777, afirmó ante el Congreso Continental que la independencia sería imposible si Francia y, fundamentalmente, España no entraban en la guerra”, asegura a EL ESPAÑOL, Asunción Sordo, divulgadora y experta en Historia y Cultura Naval y coordinadora de los voluntarios culturales del Museo Naval de la Armada.

La ayuda española, en un principio, se prestó de forma encubierta porque el rey Carlos III no quería entrar en un conflicto directo con Inglaterra, ya que teníamos muchos intereses en el continente, especialmente en el Golfo de México.

Pero aun así, como asegura Sordo, “Se enviaron tiendas de campaña, uniformes, botas, medicinas como la quina —cuyo monopolio tenía España a través del virreinato del Perú— y, muy importante, armas. Estas armas procedían de la Real Fábrica de Plasencia y se les borraba el número de serie para que Inglaterra no pudiera seguir su rastro”.

Una ayuda que se canalizaba a través del puerto de Nueva Orleans, en la Luisiana española, y se distribuía a los rebeldes subiendo por el río Misisipi, de ahí la importancia de Bernardo de Gálvez, y su influyente tío, José de Gálvez, por entonces, ministro Universal de Indias.

Pensacola: Bernardo de Gálvez

El malagueño Bernardo de Gálvez (1746-1786), militar de vocación heredada de su padre y gobernador de la Luisiana española durante la Guerra de Independencia de las Trece Colonias, desempeñó un papel estratégico en la derrota británica. Gracias a una combinación de audacia militar y visión política, logró desalojar a los ingleses de varios enclaves decisivos.

En 1776 ascendió a coronel y asumió el mando del Regimiento Fijo de Luisiana, además de ser nombrado gobernador de esta provincia española, con capital en Nueva Orleans. Sustituyó en el cargo al también malagueño Luis de Unzaga —antepasado de la vicepresidenta ejecutiva de El Español, Cruz Sánchez de Lara— y se enfrentó desde el inicio a una situación especialmente delicada.

Gálvez tuvo que hacer frente a las ambiciones del Reino Unido, decidido a conquistar Luisiana y avanzar hacia el virreinato de Nueva España mediante el control del Misisipi. Todo ello, además, con recursos muy limitados: para la defensa del territorio apenas contaba con un único batallón del citado regimiento.

Entre sus principales victorias destacan la toma de Baton Rouge, Natchez y Mobile, que eliminaron el control británico sobre rutas fluviales y costeras clave, así como la conquista final de Pensacola, considerada entonces un bastión prácticamente inexpugnable. Bernardo de Gálvez logró esta última tras un duro asedio en el que resultó herido en dos ocasiones; la plaza capituló el 8 de mayo de 1781.

En esta última operación contó con la cooperación crucial del marino José Solano, cuya flota transportó refuerzos y suministros que permitieron sellar la victoria.

La campaña de Gálvez no se limitó a las victorias en tierra. Entendió que el control del mar era clave y ordenó la incautación de todas las embarcaciones utilizadas por los británicos para el contrabando y el abastecimiento clandestino, debilitando gravemente su logística. Esta estrategia coordinada de guerra terrestre y naval contribuyó a aislar las fuerzas británicas y acelerar su repliegue.

"Bernardo de Gálvez protagonizó la gesta de cruzar bajo el fuego de la artillería británica el canal de acceso a Panzacola a bordo de su bergantín Galveztown (un regalo de los patriotas norteamericanos) con el que alcanzó la gloria y la fama", como señala la web del Ejército de Tierra.

Por todo ello, y en reconocimiento a su enorme gesta militar, el rey Carlos III le concedió el ascenso a teniente general y el título de conde de Gálvez, con el mote "YO SOLO" para su blasón.

Su legado ha trascendido, especialmente en los últimos años. En Estados Unidos, su figura es recordada como la de un aliado decidido de la independencia. En 2014, el Congreso estadounidense le otorgó la ciudadanía honorífica, un honor reservado a muy pocos extranjeros, reconociendo su papel en la forja de la nación.

Detalle del 'Retrato de Bernardo de Gálvez', atribuida a Salvador Maella, y de la que se hizo una réplica que desde 2014 cuelga en el Capitolio de EE UU por su importancia histórica.

Detalle del 'Retrato de Bernardo de Gálvez', atribuida a Salvador Maella, y de la que se hizo una réplica que desde 2014 cuelga en el Capitolio de EE UU por su importancia histórica. Capitolio

Curiosamente, su figura, ampliamente reconocida y admirada por el pueblo norteamericano, era hasta hace muy pocos años casi desconocida por casi todos los españoles, y aún lo sigue siendo para muchos.

Sin embargo, desde hace años, un retrato suyo cuelga en el Senado de los Estados Unidos, dentro del complejo del Capitolio, en Washington a modo de homenaje a este militar que "desempeñó un papel integral en la Guerra Revolucionaria y ayudó a asegurar la independencia de Estados Unidos", según se puede leer en la propia resolución honorífica.

Además, la US Navy está construyendo una fragata con su nombre, la USS Gálvez (FFG 67), un gesto que consolida su lugar en la memoria histórica norteamericana.

La huella de Bernardo de Gálvez demuestra que la independencia de Estados Unidos fue fruto de una compleja red de alianzas internacionales, donde España desempeñó un papel tan decisivo como discreto. Su historia es un recordatorio de cómo la diplomacia y la estrategia militar se entrelazaron en uno de los conflictos que cambiaron el rumbo del mundo.

Grandes logros de la Armada

Apenas una generación después de la humillante Paz de París, tras la Guerra de los Siete Años, Francia y España iban otra vez a la guerra contra el mismo enemigo. “Gran Bretaña pasaba así, en un breve espacio de tiempo, de librar lo que parecía una guerra civil menor en una colonia lejana a verse envuelta en una guerra de escala global contra sus dos adversarios más poderosos”, como indica a EL ESPAÑOL, Santiago J. Acosta, director del Departamento de Estudios e Investigación del Instituto de Historia y Cultura Naval de la Armada.

La entrada de Francia, y un año después de España, en la guerra cambió radicalmente las circunstancias de la guerra convirtiéndola en una guerra marítima global.

Según señala Acosta, “hasta ese momento Gran Bretaña disfrutaba del dominio del mar, y lo había aprovechado para bloquear las costas de las colonias rebeldes y apoyar a su ejército expedicionario. La irrupción de ambas flotas en la guerra llevó a la Marina británica a pasar por primera vez en la contienda a la defensiva”.

“Desde la perspectiva española, la más novedosa de las campañas fue la del canal de la Mancha. La escuadra combinada de España y Francia [...] se demostró capaz de alcanzar, al menos temporalmente, el objetivo más ambicioso de cualquier guerra marítima: el dominio del mar a la vista de las costas del enemigo”, añade Acosta, del Instituto de Historia y Cultura Naval.

Tras declararse la guerra, la flota española de Cádiz, al mando del teniente general Luis de Córdova, se unió a las fuerzas francesas bajo el mando de D’Orvilliers y entró en el Canal en agosto de 1779. El plan inicial de cruzar tropas a suelo británico nunca se ejecutó, y la falta de decisión aliada acabó frustrando la operación.

Sin embargo, la incursión en el Canal consiguió cambiar el curso de la guerra. En 1780, Luis de Córdova, al frente de la Santísima Trinidad, y como parte de la flota combinada hispano-francesa, conformó una armada tan inmensa que la flota inglesa huyó sin presentar batalla.

Además, “fue responsable de la mayor pérdida logística que sufrió Inglaterra en el siglo XVIII en una sola acción, al apresar 55 velas de 58 buques”, recuerda la experta Asunción Sordo.

Aquella operación, una de las más espectaculares del siglo, mostró la capacidad estratégica de la marina española, que logró cortar las líneas de suministro británicas y mantener a la Royal Navy en jaque durante meses y paralizó el tráfico marítimo militar imprescindible para sostener los combates en Norteamérica.

Pero como subraya el director del Departamento de Estudios e Investigación del Instituto de Historia y Cultura Naval de la Armada “los efectos de la presencia aliada en el Canal aún fueron más importantes en el largo plazo, porque la humillación sufrida obligó a los estrategas británicos a mantener en sus puertos, durante el resto de la guerra, una escuadra suficiente para garantizar la defensa de su propio suelo. Una escuadra que hubo que detraer de las operaciones que la Marina Real tenía que llevar a cabo en todo el mundo”.

El “Feliz ardid”

Otra de las maniobras navales más astutas del siglo XVIII fue la protagonizada por el jefe de escuadra José Solano y Bote durante la Guerra de Independencia estadounidense, que le valió de Carlos III la concesión del vizcondado de Feliz Ardid.

Marino de amplia trayectoria zarpó de Cádiz al frente de más de 150 embarcaciones —entre buques de guerra, transportes y apoyos— con el objetivo de reforzar las posiciones españolas en el Golfo de México.

La flota británica, atenta a los movimientos españoles, se lanzó a interceptarlo, pero Solano desplegó un brillante juego de despiste: simuló destinos, lanzó falsos indicios y maniobró hasta conseguir burlar al almirante inglés Rodney en las Antillas menores.

Así consiguió llegar a Cuba con la totalidad de barcos y pertrechos, una hazaña que resultó crucial para el éxito de las campañas de Bernardo de Gálvez en la toma de Pensacola.

El eco de la victoria en Panzacola fue grande a ambos lados del Atlántico , como muestra la conocida estampa popular con el episodio idealizado.

El eco de la victoria en Panzacola fue grande a ambos lados del Atlántico , como muestra la conocida estampa popular con el episodio idealizado. Biblioteca Nacional

Simultáneamente, en el Mediterráneo, España anotó otra victoria clave: en 1782, una potente escuadra combinada hispano-francesa recuperó Menorca tras un asedio que movilizó 52 navíos y cerca de 8.000 soldados.

Para celebrar el triunfo, Carlos III instauró la Pascua Militar, aún conmemorada cada 6 de enero. Pero la alegría fue pasajera: Menorca volvería a manos británicas en 1798, hasta regresar definitivamente a España en 1802 tras el Tratado de Amiens.

Los objetivos de España cuando entró en la guerra eran Gibraltar, Mobila, Pensacola y el canal de Bahamas, la expulsión de los británicos de Honduras, la revocación del privilegio del palo de Campeche y la recuperación de Menorca. Salvo Gibraltar, España recuperó todo lo perdido a lo largo de casi un siglo de combates con los británicos.

Batalla decisiva: Georgetown

Pero todo eso no fue lo único que aportó España. “George Washington no tenía dinero para pagar a sus tropas ni a la flota francesa para esa batalla decisiva. El dinero se consiguió en La Habana, Cuba, en un tiempo récord. Se reunió una cantidad enorme que se envió para financiar la campaña de Georgetown, que culminó con la rendición británica”.

Sordo subraya un detalle “muy bonito” de toda esta intrahistoria. “Parte de ese dinero estaba destinado a terminar la segunda torre de la Catedral de Málaga. Por eso la catedral es conocida como “La Manquita", porque ese dinero se desvió para ayudar a la independencia de Estados Unidos”

“Si tuviéramos que traducir a cifras actuales todo lo que España aportó, hablaríamos de más de 360.000 millones de euros”, asegura esta experta.

Un esfuerzo reconocido por algunos presidentes norteamericanos, además del citado George Washington, como Ronald Reagan, quien en el Congreso admitió la importancia vital de España, como también lo hizo Joe Biden, aunque de forma más tímida, en un encuentro con el rey Felipe VI”.