Un B-52 de la USAF.
Los B-52 abandonan Reino Unido tras la campaña contra Irán mientras Washington apuesta por la vía diplomática
La retirada coincide con un momento de incertidumbre en Oriente Próximo.
Trump no descarta reanudar los bombardeos si fracasan las negociaciones.
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Los bombarderos estratégicos B-52 Stratofortress de la Fuerza Aérea de Estados Unidos abandonaban este miércoles la base aérea de RAF Fairford, en el Reino Unido, poniendo fin a un despliegue que ha servido de apoyo a la campaña militar estadounidense contra Irán.
La retirada coincide con un momento de incertidumbre estratégica en Oriente Próximo, marcado por un frágil alto el fuego y por el intento de Washington y Teherán de mantener abiertas las negociaciones para evitar una nueva escalada militar.
De momento, el repliegue no ha sido confirmado ni por el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) ni por el Mando de Ataque Global de la Fuerza Aérea (AFGSC), pero la salida de los aparatos ha sido documentada por fotógrafos especializados en aviación militar, citados por TWZ.
Según el fotógrafo Andy Riddle, seis bombarderos B-52 despegaron de la base de la RAF Fairford en dos oleadas de tres aeronaves: la primera a las 10:15, hora local, y la segunda en torno a las 14:20. Al menos tres de esos aparatos habían llegado a la instalación británica el pasado 8 de marzo, aunque no se ha confirmado oficialmente cuándo se incorporó el resto del destacamento.
Durante su despliegue en la base británica de RAF Fairford, clave para la proyección de poder de Estados Unidos en Europa, los bombarderos estratégicos B-52 participaron en ataques contra objetivos en territorio iraní, debido a la naturaleza del arsenal del régimen de los Ayatolás —con silos, depósitos y sistemas ocultos en búnkeres y complejos subterráneos diseñados para resistir bombardeos convencionales—. Esto motivó el empleo de B-52 equipados con munición perforante y misiles de largo alcance en la denominada operación Furia Épica.
Washington informó que en esa campaña habría alcanzado cerca de 13.000 objetivos iraníes. Sin embargo, el Pentágono —como suele ser habitual en este tipo de misiones— no ha detallado qué parte de esos ataques correspondió a los medios desplegados en territorio británico, lo que evidencia la dificultad de atribuir el peso real de cada activo dentro de una ofensiva de carácter multinivel.
Imagen de uno de los bombarderos B-52.
Pese a la retirada de parte de estos aparatos, la presencia militar estadounidense en la base británica de RAF Fairford dista mucho de desaparecer. Según las mismas fuentes, al menos una docena de bombarderos estratégicos B-1 Lancer continúan desplegados en esta instalación, clave para las operaciones aéreas de Washington en Europa.
La permanencia de los B-1 refleja el interés de Estados Unidos por sostener una huella militar creíble en el flanco europeo, en un contexto marcado por la rivalidad con Rusia y la necesidad de garantizar capacidad de respuesta rápida dentro del entramado de la OTAN.... Y quizás también, ante un hipotético nuevo ataque contra Irán.
Un repliegue con mensaje estratégico
La retirada de los B-52 se produce apenas unos días después de que Washington y Teherán reiteraran su intención de contener los ataques de represalia que amenazaban con romper el alto el fuego vigente desde el 8 de abril. Desde entonces no se han registrado nuevas campañas de bombardeos a gran escala sobre Irán, aunque la situación continúa siendo volátil.
El movimiento coincide también con una nueva ronda de conversaciones indirectas entre ambos países celebrada en Doha.
Bombardero B-1B Lancer
Según Reuters, las delegaciones centraron las discusiones en cuestiones como el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y los incentivos financieros para Irán, sin avances significativos sobre los asuntos más sensibles, entre ellos el futuro del programa nuclear iraní y sus reservas de uranio enriquecido.
Mientras la diplomacia trata de ganar tiempo, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha advertido en varias ocasiones de que no descarta reanudar los bombardeos si fracasan las negociaciones, aunque por el momento mantiene la apuesta por la vía diplomática.
La huella militar de EEUU
La salida de los B-52 no implica que Estados Unidos haya renunciado a mantener su capacidad de ataque estratégico sobre Irán. Además de los B-1 desplegados en Reino Unido, Washington conserva la posibilidad de lanzar operaciones con bombarderos B-52, B-1 o B-2 directamente desde territorio estadounidense, como ya hizo durante la citada operación militar contra Irán.
No obstante, mantener estos medios avanzados en bases europeas como RAF Fairford permite reducir considerablemente los tiempos de vuelo, aumentar el ritmo de las misiones y disminuir el desgaste de aeronaves y tripulaciones, un factor especialmente relevante en campañas de larga duración.
El repliegue de los B-52 se enmarca además en la reducción gradual del importante dispositivo militar que Estados Unidos comenzó a concentrar en la región a principios de año. En las últimas semanas ya han regresado a sus bases otros activos, entre ellos aviones de ataque A-10 Thunderbolt II, cazas F-22 y F-15E.
Esta retirada parcial refleja el difícil equilibrio que Washington intenta mantener entre la desescalada diplomática y la preservación de una capacidad de respuesta inmediata.
Porque, aunque parte del dispositivo regrese a casa, reconstruir rápidamente una presencia militar de esta magnitud volvería a requerir tiempo y supondría una importante presión sobre unas fuerzas estadounidenses que acumulan meses de despliegues continuados en distintos escenarios estratégicos.