Raphaël Thuin, Head of Capital Markets Strategies de Tikehau Capital
La defensa europea entra en una fase de madurez en el marco de una tendencia estructural
La defensa europea ha pasado, en pocos años, de ser un sector relativamente periférico para muchos inversores a ocupar un lugar central en el debate sobre la soberanía económica del continente. La combinación de tensiones geopolíticas, décadas de infrafinanciación y una necesidad creciente de autonomía estratégica ha llevado a los gobiernos europeos a replantear sus prioridades presupuestarias e industriales.
Sin embargo, tras dos ejercicios muy sólidos en 2024 y 2025, el sector ha perdido impulso en 2026. A 29 de mayo, el MSCI Europe Aerospace & Defense registraba una caída del 0,71% en el año, frente a una subida del 5,01% del MSCI Europe. Esta divergencia obliga a distinguir entre el agotamiento de una tesis de inversión y una pausa dentro de una tendencia de largo plazo, fruto de una madurez del sector.
La evidencia apunta a que la reciente corrección responde más a factores técnicos, macroeconómicos y narrativos que a un deterioro profundo de los fundamentales del sector.
En primer lugar, la defensa europea se había convertido en una posición muy concurrida en las carteras. Tras el fuerte comportamiento de los últimos ejercicios, muchos inversores habían acumulado una exposición significativa al sector.
Cuando el mercado empezó a corregir, esa elevada presencia favoreció una toma de beneficios intensa. Según estimaciones de mercado, el volumen invertido por hedge funds en posiciones alcistas habría pasado de unos 23.000 millones de dólares en su punto máximo a unos 12.000 millones.
Al mismo tiempo, las posiciones bajistas sobre el sector superaron el 4% del capital flotante, su nivel más alto desde la reunión de la UE y la OTAN de febrero de 2025.
La defensa europea ha dejado de poder analizarse como un bloque homogéneo. Es ya un ecosistema industrial en transformación, con diferencias crecientes entre modelos de negocio, exposición tecnológica y capacidad de ejecución.
En segundo lugar, el mercado ha empezado a cuestionar la sostenibilidad del gasto público en defensa. Europa afronta un contexto de crecimiento débil, finanzas públicas más ajustadas y costes energéticos elevados, especialmente en un entorno internacional marcado también por el conflicto en Oriente Medio.
Pero conviene distinguir entre volatilidad presupuestaria de corto plazo y cambio estructural. La orientación de los gobiernos europeos sigue apuntando a que la defensa será una prioridad de largo plazo.
Francia, por ejemplo, ha previsto 413.000 millones de euros de gasto en defensa en el marco de su Ley de Programación Militar 2024-2030. Alemania, por su parte, contempla en su proyecto de presupuesto de defensa para 2027 un aumento del 21%, hasta alcanzar los 145.000 millones de euros. Son cifras que reflejan una transformación que va más allá del ciclo político inmediato.
El tercer factor que explica el comportamiento reciente es la elevada sensibilidad del sector a las noticias geopolíticas. Cada anuncio de posible alto el fuego en Ucrania o de desescalada en Oriente Medio ha sido interpretado como negativo para las compañías de defensa.
Incluso, de forma algo contraintuitiva, algunas empresas europeas se comportaron peor pese al aumento de las tensiones en torno a Irán. Esto muestra una cierta desconexión entre el riesgo geopolítico subyacente y la reacción inmediata de los mercados bursátiles.
A ello se suma un entorno en el que los inversores exigen más ejecución. Cuando las valoraciones son elevadas, el mercado se vuelve menos tolerante con retrasos en pedidos, plazos industriales o resultados por debajo de expectativas. Rheinmetall es un caso ilustrativo.
El rearme europeo no responde únicamente a una coyuntura bélica concreta.
Sus resultados del cuarto trimestre de 2025 se situaron ligeramente por debajo de las previsiones y su acción acumulaba una caída del 18,44% en el año. Episodios de este tipo no invalidan la tendencia general, pero sí recuerdan que la selección de compañías y la calidad de ejecución serán cada vez más relevantes.
Otro elemento importante es la evolución tecnológica de la guerra. El creciente protagonismo de los drones, los sistemas de radar, la defensa aérea y los misiles de precisión ha llevado al mercado a cuestionar a las compañías más vinculadas a equipos pesados tradicionales frente a aquellas mejor posicionadas en las nuevas formas de conflicto.
La defensa europea ha dejado de poder analizarse como un bloque homogéneo. Es ya un ecosistema industrial en transformación, con diferencias crecientes entre modelos de negocio, exposición tecnológica y capacidad de ejecución.
A pesar de la corrección, los fundamentales siguen siendo sólidos. Las carteras de pedidos se sitúan en niveles históricamente elevados y no muestran señales claras de desaceleración. Rheinmetall cuenta con una cartera de pedidos de 73.000 millones de euros y mantiene su objetivo de crecimiento de ingresos para 2026 entre el 40% y el 45%.
Leonardo dispone de una cartera cercana a los 57.000 millones y, en el primer trimestre de 2026, su captación de pedidos equivalió aproximadamente al doble de sus ingresos. Thales confirmó también la fortaleza de su división de Defensa, con 4.700 millones de euros en nuevos pedidos en el primer trimestre y un crecimiento orgánico del 14,3% en esta área.
Dassault Aviation, por su parte, mantiene una visibilidad especialmente elevada, con 46.600 millones de euros en cartera de pedidos y 9.400 millones de euros de caja neta.
La corrección reciente también ha tenido un efecto saludable. Ha normalizado parte de las valoraciones. El sector sigue cotizando con múltiplos exigentes, pero los niveles actuales parecen más coherentes con la visibilidad operativa que ofrecen las carteras de pedidos y con las perspectivas de crecimiento a medio plazo.
El rearme europeo no responde únicamente a una coyuntura bélica concreta. Es la consecuencia de varias décadas de infrafinanciación y de una agenda de soberanía que probablemente seguirá ocupando un lugar central en Europa. La defensa se inserta en un debate más amplio sobre autonomía industrial, seguridad tecnológica y resiliencia económica.
Por eso, la reciente pérdida de impulso exige una lectura prudente. No elimina los riesgos, ya que la ejecución industrial, la disciplina presupuestaria y la evolución tecnológica seguirán siendo determinantes. Pero tampoco altera la tesis estructural. Europa necesita reforzar su capacidad de defensa, producir con mayor rapidez y volumen, y adaptar su base industrial a un entorno geopolítico más fragmentado.
En este contexto, dar un paso atrás en el mercado puede ser la condición para dar un salto adelante en análisis. La defensa europea entra en una fase más madura, menos dominada por la inercia y más exigente en selección. Desde una perspectiva inversora, esto implica abandonar lecturas simplistas y centrarse en compañías con visibilidad, capacidad de ejecución y exposición a las áreas donde se está redefiniendo la seguridad del continente.
*** Raphaël Thuin, Head of Capital Markets Strategies de Tikehau Capital