Las fuerzas navales estadounidenses permanecerán desplegadas en la zona, de momento.

Las fuerzas navales estadounidenses permanecerán desplegadas en la zona, de momento. Majid Asgaripou Reuters

Observatorio de la Defensa

Trump rebaja muchas de sus "líneas rojas" frente a Irán para cerrar la guerra y conseguir la ansiada apertura de Ormuz

El acuerdo prevé la retirada progresiva de las fuerzas estadounidenses de las áreas circundantes a Irán en un plazo de 30 días, tras el pacto definitivo.

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Las claves

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EEUU e Irán han firmado un memorando que establece el cese temporal de hostilidades y permite reabrir el tráfico marítimo en el estratégico estrecho de Ormuz.

La administración Trump ha flexibilizado sus exigencias, permitiendo que Irán mantenga parte de su programa nuclear y arsenal de misiles, apartándose de sus "líneas rojas" iniciales.

El acuerdo incluye la retirada progresiva de las fuerzas estadounidenses de áreas cercanas a Irán en un plazo de 30 días, aunque mantendrán presencia para supervisar el cumplimiento.

Pese al avance diplomático, persisten incógnitas sobre el futuro del programa nuclear iraní y el control de su arsenal, dejando abierta la posibilidad de nuevas tensiones en la región.

La reapertura del estrecho de Ormuz y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre Irán evidencian hasta qué punto la Administración de Donald Trump ha flexibilizado sus posiciones iniciales para poner fin a una guerra que amenazaba con desencadenar una crisis energética global y desestabilizar aún más Oriente Próximo.

Washington y Teherán firmaron el miércoles, de forma telemática, un memorando de entendimiento (MOU), que establece el cese temporal de las hostilidades y permite restablecer progresivamente el tráfico marítimo por una de las rutas comerciales más estratégicas del planeta.

La medida supone un giro significativo respecto a los objetivos que la Casa Blanca defendía al inicio del conflicto, el 28 de febrero. Tras meses de enfrentamientos, Washington parece haber priorizado el fin de la guerra y la estabilidad regional frente a sus “líneas rojas”, como el “enriquecimiento cero” de uranio o la destrucción de su programa de misiles.

De momento, lo que sí ha quedado confirmado es el levantamiento del bloqueo, según informó el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM). No obstante, y de acuerdo con las mismas fuentes, las fuerzas navales estadounidenses permanecerán desplegadas en la zona con el objetivo de supervisar el cumplimiento íntegro del acuerdo.

El memorando contempla además, entre sus 14 medidas, la retirada progresiva de las fuerzas estadounidenses de las áreas circundantes a Irán en un plazo de 30 días a partir de la firma de un pacto definitivo.

EEUU cuenta en la zona con dos de sus grandes portaviones el USS Abraham Lincoln y el USS George H.W. Bush, aunque ha llegado a disponer de hasta tres, cuando estaba en la zona el USS Gerald R. Ford. Cada portaviones actúa como una base aérea flotante; juntos, multiplican la capacidad de una fuerza estándar y generan un volumen de combate equiparable al de la fuerza aérea de países de tamaño medio.

Además, cuenta con decenas de buques de guerra entre ellos: principalmente destructores clase Arleigh Burke, buques de combate costero y unidades de apoyo logístico.

Junto a ellos, según ha ido informando puntualmente el CENTCOM, el despliegue moviliza también a más de 15.000 marinos e infantes de Marina, donde destaca la 82.ª División Aerotransportada y distintas unidades expedicionarias.

Flexibilidad nuclear

El cambio más significativo de la postura de EEUU afecta al programa nuclear iraní. Antes del conflicto, Trump defendía públicamente una política de "enriquecimiento cero" y rechazaba cualquier posibilidad de que Irán mantuviera capacidad propia para enriquecer uranio.

Sin embargo, esa posición se ha ido suavizando conforme avanzaban las negociaciones. Algo por lo que ha sido muy criticado por los 'halcones' republicanos y la derecha mediática de EEUU, que le han acusado de rendirse.

Tanto es así que el memorando no resuelve una de las cuestiones más delicadas del proceso: el derecho de Irán a enriquecer uranio en su propio territorio.

Tampoco aclara qué ocurrirá con las reservas existentes, especialmente los cerca de 440 kilogramos de uranio enriquecido al 60%, que apuntan algunos expertos, ni define los mecanismos de supervisión que aplicará el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).

De hecho, Trump ha admitido recientemente la posibilidad de que Teherán pueda enriquecer uranio para usos civiles y a niveles limitados, una posición muy alejada de sus declaraciones de los primeros meses de la crisis.

El citado memorando se limita a señalar que Irán reafirma que no buscará desarrollar armas nucleares y que ambas partes acordarán posteriormente un mecanismo para gestionar el material enriquecido ya almacenado.

Bajan las exigencias sobre los misiles

La evolución de la posición estadounidense es igualmente visible en el ámbito militar. Cuando comenzó la guerra el 28 de febrero, Trump aseguró que Estados Unidos destruiría los misiles iraníes y eliminaría su industria misilística, una capacidad que Washington consideraba una amenaza directa para sus bases y aliados en Oriente Próximo.

Sin embargo, tras el principio de acuerdo, el presidente estadounidense ha adoptado una postura mucho más pragmática. Trump ha llegado a afirmar que es razonable que Irán conserve parte de su arsenal porque otros países de la región también disponen de capacidades similares.

Donald Trump, durante la firma del memorando de entendimiento entre Irán y EEUU.

Donald Trump, durante la firma del memorando de entendimiento entre Irán y EEUU.

Así lo expresó en la cumbre del G-7, donde afirmó: “Tienen que tener algunos, porque otras personas también los tienen”, dijo Trump. Agregó que “los misiles no son el problema” porque “no hacen explotar el planeta”.

Más tarde redobló esa postura. “En proporción relativa, creo que está bien”, aseguró.

Las declaraciones contrastan con la retórica utilizada al inicio del conflicto y reflejan la voluntad de Washington de evitar que las negociaciones descarrilen por cuestiones consideradas secundarias frente al objetivo principal: impedir que Irán desarrolle un arma nuclear.

Una victoria estratégica de Teherán

Aunque Irán ha sufrido importantes pérdidas militares y materiales durante la guerra, el acuerdo permite a Teherán preservar algunos de los elementos que inicialmente estaban en el punto de mira de Washington.

La Armada iraní quedó prácticamente destruida durante las primeras fases del conflicto, pero el país conserva capacidades asimétricas relevantes para influir en la seguridad del Golfo Pérsico y del estrecho de Ormuz, incluidos drones, minas navales y embarcaciones rápidas de ataque.

El resultado es una arquitectura de combate distribuida y de bajo coste, diseñada para saturar las defensas de buques mercantes y escoltas militares mediante ataques sucesivos y desde distintos vectores.

Algo que quedó patente desde el inicio de la guerra y que, en gran medida, junto a su amplio arsenal de misiles y drones kamikaze, ha equilibrado la balanza bélica.

Una tregua llena de incógnitas

Pese al avance diplomático, el acuerdo está lejos de resolver las cuestiones de fondo. Las negociaciones sobre el programa nuclear, el futuro de las reservas de uranio enriquecido, los límites al desarrollo de misiles y la futura gestión del estrecho de Ormuz siguen abiertas.

Tampoco han desaparecido los riesgos de una nueva escalada regional, como demostraron la suspensión de las conversaciones previstas en Ginebra y los nuevos bombardeos registrados entre Israel y Líbano poco después de anunciarse el memorando.

Aunque Israel y Hezbolá acordaban este mismo viernes, bajo presiones de EEUU, un alto el fuego inmediato tras una noche de ataques cruzados.

La tregua de 60 días permitirá contener una crisis que amenazaba la seguridad energética mundial.

La incógnita ahora es si esa flexibilidad será suficiente para alcanzar un acuerdo definitivo o si las diferencias sobre el programa nuclear iraní o el arsenal de misiles acabarán reabriendo una confrontación que, por el momento, solo parece haber entrado en una pausa temporal.