Sistemas de defensa antimisiles Patriot de EEUU en una base del ejército estadounidense en Pyeongtaek. Corea del Sur.

Sistemas de defensa antimisiles Patriot de EEUU en una base del ejército estadounidense en Pyeongtaek. Corea del Sur. Reuters

Observatorio de la Defensa

La guerra con Irán empuja a Suiza a buscar alternativas europeas a los Patriot y siembra dudas de EEUU como proveedor

Una corriente que ya han seguido otros países europeos y asiáticos, ante los reiterados retrasos de Washington en la entrega de sistemas de defensa críticos.

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Las claves

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Suiza reconsidera su defensa aérea tras los nuevos retrasos de EEUU en la entrega de sistemas Patriot, cuyo coste podría duplicarse hasta 5.000 millones de euros.

El Gobierno suizo explora alternativas europeas y de otros países como Alemania, Francia, Israel y Corea del Sur para reducir su dependencia de Washington.

El aumento de retrasos y sobrecostes en contratos de defensa estadounidenses genera desconfianza en varios países europeos y asiáticos, que diversifican proveedores.

Iniciativas como el European Sky Shield y las compras de armamento surcoreano por parte de Polonia muestran la tendencia de priorizar soluciones no estadounidenses.

La neutralidad helvética ya no garantiza inmunidad estratégica. El Gobierno de Suiza ha abierto la puerta a replantear por completo su arquitectura de defensa aérea después de que el Pentágono comunicara nuevos retrasos en la entrega de los cinco sistemas Patriot PAC-3 comprometidos en 2022, por unos 2.500 millones de euros.

Suiza encargó esos sistemas con la previsión inicial de recibirlos entre 2026 y 2028, un calendario que ya se ha retrasado debido a la guerra en Ucrania y que ahora sufre un nuevo revés. Los Patriot no entrarían en servicio hasta la próxima década y el coste del programa podría dispararse hasta rozar los 5.000 millones de euros, prácticamente el doble de lo previsto inicialmente.

La explicación oficial apunta al impacto de la guerra con Irán en las reservas estratégicas de Estados Unidos, así como a las prioridades operativas de Washington. Pero la decisión también refleja una tendencia creciente en Europa: la desconfianza, cada vez más extendida, en la fiabilidad —tanto industrial como política— de EEUU como proveedor de armamento estratégico en escenarios de alta tensión global.

Ante esta situación, el Ejecutivo federal suizo confirmó que ya está explorando alternativas con otros fabricantes de defensa aérea de largo alcance. Entre los países consultados figuran Alemania, Francia, Israel y Corea del Sur, aunque Berna no ha revelado los sistemas concretos analizados.

La preferencia política, no obstante, es clara: priorizar soluciones producidas en Europa para reducir vulnerabilidades logísticas y dependencia geopolítica de Washington.

La decisión resulta especialmente significativa porque Suiza había apostado decididamente por tecnología estadounidense en los últimos años, tanto con los Patriot como con la adquisición de 36 cazas Lockheed Martin F-35 Lightning II, comprometida en 2021 y cuyo coste estimado apuntaba a superar los 7.500 millones de euros.

Un pedido, este último, que se ha visto recortado a 30 aeronaves el pasado mes de marzo, tras el aumento de los costes que incrementó el precio total del programa.

Precisamente esa combinación de retrasos, sobrecostes y la reasignación de prioridades militares de EEUU está reabriendo un debate incómodo en Europa: hasta qué punto puede confiarse en el suministro norteamericano cuando Washington entra en conflicto directo o indirecto en otros teatros.

Ucrania y ahora Irán

La industria militar estadounidense lleva más de dos años sometida a una presión extraordinaria. Primero fue la guerra de Ucrania, que alteró calendarios de producción y vació arsenales de misiles antiaéreos y munición guiada. Ahora es la escalada regional con Irán la que vuelve a tensionar la cadena de suministro.

Reuters ya adelantó el pasado mes que Washington había informado discretamente a varios aliados europeos sobre posibles retrasos en contratos de armamento previamente firmados debido a la necesidad de priorizar existencias para operaciones relacionadas con Oriente Próximo.

El caso suizo es, hasta ahora, el más visible políticamente. La reacción de Berna no es un hecho aislado. Varios países europeos y asiáticos han comenzado en los últimos años a diversificar proveedores de defensa aérea ante el temor a depender excesivamente de EEUU.

El precedente más conocido es el de Turquía. Tras años de negociaciones frustradas con Washington para adquirir Patriot en condiciones favorables, Ankara optó en 2017 por comprar el sistema ruso S-400 Triumf.

Cazas F-35 en la operación Furia Épica.

Cazas F-35 en la operación Furia Épica.

La decisión provocó una crisis histórica dentro de la OTAN y la expulsión turca del programa F-35, pero evidenció que algunos aliados estaban dispuestos a asumir elevados costes políticos para garantizar autonomía operativa.

Eso sí, con el reciente conflicto en Irán, Turquía ha visto reforzada su defensa aérea con dos nuevas baterías de misiles Patriot de OTAN, que se suman a la batería española, presente allí desde 2015. Con ellas, Ankara consolida su papel como eje estratégico en la arquitectura de defensa occidental.

También Polonia, uno de los socios más estrechos de EEUU en Europa del Este, ha iniciado una política de diversificación acelerada.

Aunque Varsovia mantiene adquisiciones masivas de Patriot y F-35, simultáneamente ha recurrido a Corea del Sur para adquirir carros K2, obuses K9 y lanzacohetes Chunmoo, precisamente por la mayor rapidez de entrega de la industria surcoreana frente a los plazos occidentales.

El mensaje de Polonia es claro: la capacidad de producción inmediata pesa ya tanto como la interoperabilidad dentro de la OTAN.

En paralelo, Alemania lidera desde 2022 la iniciativa European Sky Shield, orientada a construir una red integrada de defensa antimisil en Europa con múltiples capas tecnológicas.

Aunque el Patriot estadounidense sigue presente en el proyecto, Berlín ha apostado también por el sistema israelí Arrow 3 y por soluciones europeas como el IRIS-T SLM, en un intento de reducir la dependencia de una única cadena industrial.

India y su doctrina

Fuera de Europa, India representa quizá el modelo más extremo de diversificación estratégica. Nueva Delhi combina sistemas rusos S-400, tecnología israelí Barak-8, desarrollos nacionales y cooperación creciente con Francia y EEUU para evitar dependencia estructural de un único proveedor.

La lógica india empieza a ganar adeptos en un contexto internacional cada vez más fragmentado.