El AirKamuy 150 puede alcanzar velocidades cercanas a los 120 kilómetros por hora y dispone de una autonomía que oscila entre los 80 minutos y las 2,5 horas,

El AirKamuy 150 puede alcanzar velocidades cercanas a los 120 kilómetros por hora y dispone de una autonomía que oscila entre los 80 minutos y las 2,5 horas,

Observatorio de la Defensa

AirKamuy 150: el dron de cartón con el que Japón busca abaratar la guerra aérea

El dron, tratado para resistir el agua, tiene un coste que oscila entre los 2.000 y 2.500 dólares, muy por debajo del de los sistemas convencionales.

Más información: Francia desafía los cielos de Europa con 'Chorus', el dron low-cost de ataque masivo que alcanza los 3.000 km

Publicada
Las claves

Las claves

Japón está desarrollando el dron AirKamuy 150, fabricado en cartón corrugado y tratado para resistir el agua, con un coste muy inferior al de los sistemas convencionales.

Este dron puede ensamblarse en cinco minutos, alcanzar hasta 120 km/h y operar entre 80 minutos y 2,5 horas, además de transportar pequeñas cargas útiles.

La Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón ya utiliza el AirKamuy 150 como blanco aéreo en ejercicios de tiro y defensa contra misiles.

El uso de cartón reduce la detectabilidad radar y facilita una producción rápida y masiva, alineándose con la tendencia de emplear plataformas baratas y desechables en conflictos modernos.

Japón ha puesto el foco en una tecnología militar tan inesperada como estratégica: drones fabricados con cartón corrugado. Lo que podría parecer una solución improvisada o meramente experimental encaja, en realidad, con una de las grandes tendencias de la guerra moderna: plataformas baratas, desechables y capaces de producirse en masa en cuestión de horas.

El Ministerio de Defensa de Japón ya ha mantenido reuniones con la startup AirKamui, especializada en aeronaves ultraligeras, en el marco de una estrategia para reforzar las capacidades de sistemas no tripulados de bajo coste, y algunos de sus modelos ya se emplean por la Fuerza de Autodefensa Marítima como blancos aéreos en ejercicios de tiro y defensa contra misiles.

Uno de los desarrollos más llamativos de la compañía es el AirKamuy‑150, un dron de cartón tratado para resistir el agua que cuesta entre 2.000 y 2.500 dólares, muy por debajo de los sistemas convencionales. Puede ensamblarse en cinco minutos y transportarse desmontado, lo que simplifica la logística y acelera su despliegue.

Pese a su aparente simplicidad, el AirKamuy 150 ofrece prestaciones relevantes para este tipo de plataformas. Puede alcanzar velocidades cercanas a los 120 kilómetros por hora y dispone de una autonomía que oscila entre los 80 minutos y las 2,5 horas, dependiendo de la configuración empleada.

También tiene capacidad para transportar pequeñas cargas útiles, lo que amplía sus posibles aplicaciones más allá de los entrenamientos militares.

AirKamuy presenta su dron de cartón al ministro de Defensa de Japón, Shinjiro Koizumi.

AirKamuy presenta su dron de cartón al ministro de Defensa de Japón, Shinjiro Koizumi. Ministerio de Defensa de Japón

La compañía ya ha entregado varias unidades a la Fuerza Marítima de Autodefensa de Japón, donde actualmente se utilizan como blancos aéreos durante ejercicios de entrenamiento.

Aunque su empleo operativo todavía es limitado, estas plataformas podrían evolucionar hacia funciones más ambiciosas relacionadas con reconocimiento táctico, guerra electrónica, saturación de defensas o despliegues rápidos en zonas de riesgo mediante enjambres de drones baratos.

Dron AirKamuy 150

Dron AirKamuy 150 Redes sociales

Uno de los principales atractivos de estos sistemas reside precisamente en el material con el que están construidos. El cartón reduce significativamente la reflexión de ondas radar frente a estructuras metálicas o fabricadas con materiales compuestos tradicionales, incluida la fibra de carbono, disminuyendo así su detectabilidad.

Esa menor firma radar dificulta su localización y abre la puerta a posibles aplicaciones en misiones de vigilancia o reconocimiento con menor exposición a sensores enemigos.

A esta ventaja operativa se suma el ahorro económico. Frente a los costes de los drones tácticos convencionales —que oscilan desde los 6.000 dólares de modelos desechables como el Switchblade 300 hasta los 20 millones de sistemas como el MQ-9 Reaper—, estas plataformas permiten una producción masiva y rápida con inversiones drásticamente menores.

Drones en las guerras

El interés de Tokio surge en un contexto marcado por el peso creciente de los drones en conflictos de alta intensidad y la necesidad de contar con plataformas fácilmente reemplazables.

Esta apuesta se alinea con la evolución reciente de la guerra, donde la capacidad de reponer sistemas con rapidez se ha vuelto crítica. El conflicto en Ucrania ha acelerado esta tendencia, consolidando el uso de drones baratos y desechables para misiones de reconocimiento, ataque y saturación de defensas.

Del mismo modo, los drones también están desempeñando un papel destacado en la guerra en Oriente Próximo, donde Irán ha impulsado el uso de plataformas baratas y de largo alcance tanto de forma directa como a través de aliados regionales.

Entre los ejemplos más conocidos destacan los drones kamikaze Shahed-136, —utilizados igualmente por Rusia en Ucrania—, capaces de saturar defensas aéreas mediante ataques masivos con sistemas relativamente simples y baratos de fabricar. Su bajo coste y dificultad parcial de detección los han convertido en herramientas eficaces para atacar infraestructuras, bases militares y rutas marítimas.

Filas de drones tipo Shahed de color negro mate recorren los pasillos de una planta de producción en Yelabuga, Rusia

Filas de drones tipo Shahed de color negro mate recorren los pasillos de una planta de producción en Yelabuga, Rusia Zvezda TV

Estados Unidos también está acelerando el desarrollo de drones baratos y fácilmente reemplazables tras las lecciones extraídas de Ucrania y Oriente Próximo. El Pentágono impulsa programas como Replicator, orientado a desplegar miles de sistemas autónomos de bajo coste capaces de operar en enjambre y saturar defensas enemigas.

Paralelamente, empresas estadounidenses están probando plataformas desechables y municiones merodeadoras más económicas, algunas concebidas incluso para fabricarse rápidamente mediante procesos industriales simplificados o impresión 3D.

Indo-Pacífico

En el caso japonés, la apuesta por este tipo de sistemas también responde a la necesidad de reforzar la resiliencia industrial y la capacidad de producción rápida ante posibles crisis en el Indo-Pacífico. Poder fabricar grandes cantidades de aeronaves simples en plazos muy reducidos supone una ventaja estratégica frente a sistemas complejos cuya reposición puede demorarse durante meses.

Además de sus implicaciones operativas, el empleo de cartón tratado introduce un componente adicional relacionado con la sostenibilidad. Al tratarse de estructuras biodegradables y fácilmente reciclables, su impacto ambiental es considerablemente menor, especialmente en ejercicios de entrenamiento donde los drones no suelen recuperarse tras su uso.

Más allá de lo llamativo del concepto, Japón está explorando una idea cada vez más presente en la defensa moderna: en determinados escenarios, la cantidad, la rapidez de producción y la capacidad de reemplazo pueden resultar tan decisivas como la sofisticación tecnológica.